y recuerdos de quienes pasaron por sus aulas
Por sus aulas pasaron varias generaciones de zapalinos que aprendieron mucho más que a leer, escribir, sumar o multiplicar. La Escuela 3 “Teniente Aviador Luis Candelaria” celebró la semana pasada sus 100 años y la alegría fue para los vecinos de esta ciudad que la sienten propia.
Cuenta la historia que esta escuela se fundó en un paraje perdido en el medio de la inmensidad patagónica, cerca de Picún Leufú. Corría 1905 y nacía, sin saberlo, un pedazo grande de la historia de Zapala.
Casi una década más tarde se resolvió el traslado a esta ciudad que luchaba por crecer contra el viento y las nevadas.
Fueron años de sacrificio y precariedades donde el emplazamiento fue variando hasta llegar a su punto actual, a fines de la década del ‘40.
Sus paredes míticas guardan recuerdos imborrables que formarán parte de la memoria de cada zapalino que alguna vez transitó por allí. Igual, algunos clásicos se mantenían invariables durante mucho tiempo.
La cascarilla que servían las porteras a la hora de la merienda, los recreos en la galería interna en esos inviernos que parecían interminables donde todo se cubría de nieve, los partidos de fútbol contra los del otro quinto en la canchita de tierra o las penitencias debajo de la Virgen cuando alguno se portaba mal.
El recuerdo incluye a las maestras pidiendo silencio con un megáfono rojo y blanco antes de empezar un acto o al recordado director José Córdoba, con la seriedad que lo caracterizaba.
Parece que fue ayer pero eran los ‘80. Épocas donde la escuela se dividía en dos a la hora de los recreos bajo techo, cuando corría viento o hacía frío. El patio de las chicas y el de los varones. Los que invadían el territorio ajeno y eran vistos por las maestras que oficiaban de custodias se perdían el resto del receso y debían permanecer parados, inmóviles, debajo de la Virgen mientras sus compañeros se divertían.
La frontera sólo la podían trasponer libremente aquellos que tenían un brazalete de la cruz roja, una especie de auxiliares de las maestras. En esos tiempos se elegían a dos representantes por grado y los privilegiados portaban el amuleto que les garantizaba inmunidad. Gladys Zabalúa, Vilma de Uribe, Mabel Gancedo, Marta Bedmar y el profe Carlos Llorenti. Fueron solo algunos de los maestros que dejaron su impronta en aquella época dorada e inolvidable.
Datos
- El establecimiento educativo se fundó en un paraje perdido en el medio de la inmensidad patagónica, cerca de Picún Leufú. Corría el año 1905.
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