Los nombres de las mujeres

Gabriela Peralta, Ana Villaroel y Dalila Antonelli, mujeres que con su solidaridad modifican otras vidas y contribuyen con la sociedad para armar ámbitos de contención y esparcimiento.

11 abr 2018 - 00:01

En este ciclo de entrevistas, a mujeres homenajeadas por Fundación OSDE, como reconocimiento a su destacada labor y compromiso social, hoy conoceremos un poco más de sus actividades...

Cuando hacemos el recorrido para tomar las fotos y hacer las entrevistas somos testigos, generalmente, de la actividad que despliega cada mujer homenajeada. En esta oportunidad, visitando a Gabriela Peralta, en el Merendero “La Casita de Don Raúl”, nos encontramos con los niños que fueron a exponer sus necesidades para comenzar el actual ciclo escolar.

Allí queda expuesto un abanico de carencias, pero no la totalidad de las mismas. Gabriela se ocupa de todo lo que está a su alcance para los 100 chicos que tiene registrados, y que dos veces por semana pasan por la “Casita de Don Raúl” en busca de alimentos, cuidados, ropa, calzado, útiles, cariño, contención, apoyo escolar.

Reciben también reprimendas porque dice que a la compasión hay que transformarla en acción y fortaleza para salir y sacar adelante a los que están inmersos en una realidad acorralada por la falta de lo indispensable y para ello también es necesario poner límites precisos.

Hace 7 años que Gabriela se hizo cargo de la “casita”, y tiene a la vista buenos resultados, chicos que no abandonan la escuela, ni repiten, con orgullo dice que varios de ellos están terminando el secundario, una cursa segundo año de medicina, otra está en tercero de recursos humanos, y un joven comienza la carrera para oficial de policía.

Recibe apoyo del Banco de Alimentos Pehuén, pero sobre todo destaca la colaboración permanente de los Veteranos de Malvinas.

Deja fluir en su conversación el hecho de que su trabajo no es solo un trabajo solidario ya que antes de arribar a la “casita”, se convierte en parte del entorno y siente la empatía de quien ha conocido el frío, el hambre, el desamparo.

Su actividad incansable queda compensada con la mirada cálida y esperanzada y los besos agradecidos de los chicos que se acercan a saludarla. Los chicos que allí van la conocen como “Seño”.

...Dejamos la barda del oeste y nos vamos a la costa del río, para encontrarnos con Ana Villarroel y Dalila Antonelli, integrantes del grupo “Rosas del Limay”...

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“¡Remos arriba!” es su grito de fuerza. La fuerza que las lleva a deslizarse por el agua con un dragón y a impulsar sus vidas.

Son 20 mujeres que reman juntas en un bote Dragón, al compás de un tambor. Cuando el tambor pica, entra la pala en el agua. “El tambor- dice una de ellas- te centra en tu bote y en tu ritmo”.

Reman como actividad recreativa y terapéutica, son mujeres operadas y recuperadas de cáncer de mamas y fueron las primeras en América Latina en obtener esta larga canoa con cabeza y cola de dragón. El bote dragón es de origen chino arraigado en milenarias tradiciones de festivales de remo.

A la par del cuidado que brindan a sus cuerpos recuperados trabajan en la prevención del cáncer de mamas creando conciencia mediante el encuentro con otras mujeres y la distribución de folletos explicativos.

Nos cuentan que la práctica de remo en bote dragón como forma de lucha contra el cáncer de mamas comenzó en 1996 en Vancouver, Canadá, de la mano del doctor Don Mckenzie, médico en medicina deportiva especializado en fisiología del deporte.

Con este bote participan en competencias en festivales internacionales de remo, el último fue en Santos, Brasil, donde salieron en el segundo puesto y este año se hará en Florencia, Italia.

La práctica de este deporte actúa como un poderoso estímulo tanto para la rehabilitación física como para la contención emocional.

Relatos: Prof. Cristina González – Fotografías: Sergio Dovio.

Datos de Contacto:

“La Casita de Don Raúl”: 2996379611

“Rosas del Limay”: 2994485124 (LUNCEC)

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