Historia mínima del libro





El libro tal como hoy lo conocemos tiene una larga tradición, subrayaré que a su manera las tablillas de arcilla sumerias y los códices mayas hechos con hojas de árboles también eran libros; pero es en Egipto donde el objeto libro da un paso gigante hacia nosotros. Ellos utilizaron la tinta y un producto vegetal que crece a orillas del Nilo: el papiro, que es muy parecido a nuestro papel porque se puede escribir, dibujar y la tinta no se borra. Los egipcios usaron una disposición distinta para armar el objeto libro, los pegaron formando un rollo.
Otros pueblos utilizaron materiales alternativos para escribir. La ciudad de Pérgamo fue la que perfeccionó el tratamiento de pieles de animales para usarlas como soporte de la escritura, hasta el punto que le dio su nombre a ese soporte: el pergamino. De dos formas se presentaba el pergamino como libro, ya sea en rollos o bien pegados formando una pila a la que se le llamó códice.
Los chinos inventaron el papel, pero su invento tardó siglos en cruzar las fronteras, los árabes lo llevaron a Europa y poco a poco fue ganando terreno hasta imponerse definitivamente en el siglo XV con la aparición de la imprenta. Ese sí ya es nuestro libro, el mismo que evolucionó en estos siglos gracias a la tecnología. Ese que apenas comprado sigue teniendo un aroma único, ese que acariciamos con delectación, el mismo que abrían nuestros padres para leernos en días de fiebre o noches de tormenta, el mismo de colores brillantes que usan nuestros hijos, ese que guarda una flor o una hoja del pasado, o la emocionada anotación en sus márgenes.
Y sin embargo, pese a nuestra resistencia, lentamente su forma querible comenzará a ser cosa del pasado; quizás nuestros nietos mirarán con extrañeza nuestras bibliotecas. El libro electrónico ya es una realidad y su tecnología, como la tinta electrónica, que simula con mayor fidelidad el parecido con el libro de papel, se va imponiendo.
Leer un libro es siempre abrir un mundo y la llave que abre eso que podemos denominar el “efecto libro” es la lectura; esa magia que se produce entre la escritura, el autor y nosotros va más allá, nos guste o no, del formato en que se presenta.


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