Acuerdo EE.UU.-Irán: ¿quién perdió menos?
El pacto es frágil y deja muchas cosas sin resolver, pero Ni trump ni Netanyhau lograron sus objetivos iniciales y el régimen islámico, aunque debilitado, obtuvo cosas que no tenía antes de la guerra.
Agencias AP/AFP y The conversation.

Tras semanas de negociaciones intermitentes, los presidentes de Estados Unidos y de Irán firmaron un acuerdo para poner fin a la guerra en Oriente Medio, mediante el cual Teherán se compromete a diluir su uranio enriquecido a cambio del levantamiento de las sanciones en su contra.
Impulsado por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, Trump inició la guerra el 28 de febrero con el objetivo de derrocar al régimen iraní y conseguir que Teherán capitulara, tal y como había hecho en Venezuela.
Sin embargo, no pudo alcanzar este objetivo ante la sólida respuesta defensiva de Teherán. Bajo una enorme presión nacional e internacional, Trump decidió finalmente recurrir a la solución diplomática para poner fin al conflicto lo antes posible.
El “memorándum de entendimiento” que Washington y Teherán acaban de anunciar es una confirmación de esta realidad.
Objetivos y realidad
Dejará a Irán muy castigado en su infraestructura pero en una posición más fuerte que antes de la guerra, a EE. UU. con mucho menos peso en la región y a Israel en aprietos. El acuerdo también impulsará a los Estados árabes del golfo Pérsico a reevaluar sus alianzas de seguridad con EE. UU. y a aceptar a Irán como un actor regional influyente.
El pacto entre Estados Unidos e Irán tiene como objetivo poner fin a la guerra, reabrir el estrecho de Ormuz, aliviar las sanciones contra la República Islámica y reiniciar las conversaciones nucleares en un plazo de 60 días.
Pero el breve documento firmado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, no es muy claro en algunas de las principales cuestiones que dejó el conflicto regional que sacudió la economía mundial. Estados Unidos afirma que algunos asuntos pendientes se resolverán durante esos 60 días.
No hay vencedores claros tras casi cuatro meses de guerra en Oriente Medio, porque Irán queda debilitado pero impidió que Estados Unidos e Israel alcanzaran sus objetivos, según varios expertos. Cuando Trump y Netanyahu iniciaron la guerra, su meta era derrocar al Gobierno de Irán, destruir su programa nuclear y su capacidad de lanzar misiles, y romper sus vínculos con sus aliados regionales: Hezbollah en el Líbano, los hutíes en Yemen, las milicias chiítas iraquíes y Hamás y la Yihad Islámica en Palestina.
El objetivo general era alterar el orden regional en beneficio de EE. UU. e Israel. Esto permitiría a Netanyahu alcanzar su tan ansiado objetivo de convertir a Irán en una entidad débil y perseguir su visión de un “Gran Israel” en Oriente Medio, una región estratégicamente vital y rica en petróleo. Nada de eso se logró.
La situación de Irán

Irán sale de este conflicto debilitado en lo militar y lo económico, y tras sufrir golpes graves a su liderazgo. El veterano líder supremo Alí Jamenei fue asesinado el primer día de la guerra, el 28 de febrero, y su sustituto e hijo, Mojtaba Jamenei, aún no ha aparecido en público.
Pero el sistema de gobierno permanece intacto y conserva importantes cartas en la mano al entrar en negociaciones con Estados Unidos. A pesar de su naturaleza autoritaria y de todos los retos de política interior y exterior a los que se enfrenta, el sistema islámico iraní ha demostrado que está hecho para sobrevivir.
Es cierto que Irán ha sufrido graves daños en su infraestructura y economía, así como víctimas civiles. Pero el régimen fue capaz de responder de formas que han resultado muy costosas para EE. UU., sus aliados árabes del Golfo e Israel.
Su control sobre el estrecho de Ormuz, algo que Teherán nunca había tenido antes de la guerra, ha desencadenado una crisis mundial de energía y fertilizantes y ha proporcionado a Teherán una enorme ventaja.
“Desde el punto de vista estratégico y geopolítico, el único verdadero ganador en este momento es Irán”, afirmó Ross Harrison, investigador sénior del Middle East Institute y autor de “Decoding Iran’s Foreign Policy”. “Pero es una victoria pírrica”, agregó, en el sentido de que “Irán ha ganado al impedir que sus adversarios… alcancen sus objetivos bélicos”, aunque a “un alto precio”.
La demostración iraní de que podía estrangular el vital estrecho de Ormuz para presionar a sus adversarios “seguirá proyectándose sobre la seguridad regional como la espada de Damocles”, afirmó Burcu Ozcelik, investigadora principal de Seguridad en Oriente Medio en RUSI. “Teherán utilizará esta vulnerabilidad para maximizar las concesiones a medida que se prolonguen las negociaciones, lo cual supone un fracaso para Washington”, agregó.
Estados Unidos

El presidente estadounidense, Donald Trump, celebró el tan anunciado acuerdo como una victoria en su cumpleaños 80, diciendo “que fluya el petróleo” y prometiendo que el estrecho, por el que antes de la guerra pasaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas globales, estaría completamente abierto a partir del viernes.
El fuerte aumento de los precios de la energía ha golpeado a los estadounidenses, que votarán en noviembre en unas elecciones de mitad de mandato cruciales para el control del Congreso por parte del partido de Trump.
Bernard Hourcade, especialista en Irán del centro de investigación francés CNRS, afirmó que el acuerdo para Estados Unidos era “quizá una victoria mediática, pero no una victoria política”. Añadió que Washington había perdido “credibilidad” mundial a raíz del conflicto.
Para Ozcelik, “los competidores de Washington -de Moscú a Pekín- estudiarán este conflicto por lo que reveló sobre los límites del poder estadounidense, la toma de decisiones y la gestión de alianzas”. “Esas lecciones darán forma a futuras crisis muy lejos de Oriente Medio”, añadió.
El acuerdo deja las cuestiones clave sobre el futuro del programa nuclear iraní para las negociaciones de 60 días.
Trump, que abandonó un histórico acuerdo de 2015 sobre el programa nuclear de Irán, ha reiterado en numerosas ocasiones que el país nunca obtendría un arma nuclear, un objetivo que Teherán ha negado desde hace mucho tiempo.
Trump se enfrentaba a una creciente oposición interna a la guerra, combinada con la escasez en el suministro de interceptores de defensa aérea (como los misiles Patriot) y la falta de apoyo entre los aliados tradicionales de EE. UU.
Israel

El aplazamiento de la cuestión nuclear supone un importante revés para Israel, que ha salido del conflicto como “el gran perdedor”, afirmó Handjani.
Israel perdió impulso en sus relaciones con los Estados del Golfo, señaló, además de perder capacidad de presión sobre su principal aliado, Estados Unidos.
Figuras israelíes de todo el espectro político condenaron rápidamente el acuerdo, afirmando que no garantizaría la seguridad de su país , ante de unas elecciones inminentes .
También lo ha criticado Trump, quien lo calificó de ser un “tipo muy difícil” mientras criticaba los ataques en Líbano que amenazaban con descarrilar el acuerdo. Es posible que Netanyahu intente socavar el acuerdo de paz continuando con los ataques contra el Líbano y, tal vez, anexionando formalmente Gaza y Cisjordania. Pero dada la dependencia de Netanyahu de EE. UU. para sus operaciones militares y su supervivencia política, Trump tiene mucha influencia para obligarlo a someterse a sus dictados.
Agencias AP/AFP y The conversation.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios