Balero, bolitas y rayuela: cuáles son los juegos de antes que podrían ayudar a los chicos a moverse más y fortalecer vínculos

En el Día Internacional del Juego, especialistas destacan la importancia del juego activo y al aire libre. Recuperar actividades tradicionales puede favorecer la actividad física, la creatividad y las relaciones sociales en una época marcada por las pantallas.

Hubo una época en la que una tarde entera podía pasar entre una vereda, una plaza o un patio. No hacían falta pantallas, conexión a internet ni baterías. Bastaban una soga, algunas bolitas, una tiza para dibujar una rayuela o un balero para desafiar la paciencia y la coordinación.

Aunque parecen pertenecer a otro tiempo, muchos de esos juegos siguen teniendo un enorme valor para el desarrollo infantil. De hecho, organismos internacionales y especialistas coinciden en que el juego activo es una herramienta fundamental para el crecimiento físico, emocional y social de niños y niñas.

Balero.-

Los juegos que marcaron generaciones


Muchos adultos todavía recuerdan algunos clásicos que acompañaron buena parte de su infancia.

Balero: ayuda a desarrollar la coordinación ojo-mano, la concentración y la perseverancia.

Bolitas o canicas: estimulan la precisión, la estrategia y la motricidad fina.

Rayuela: combina equilibrio, coordinación corporal y planificación de movimientos.

Rayuela.-

La escondida: favorece la creatividad, la observación y las habilidades sociales.

La mancha: promueve el movimiento constante, la velocidad y la interacción con otros chicos.

Saltar la soga: mejora la coordinación, el ritmo y la resistencia física.

El elástico: desarrolla equilibrio, memoria y coordinación motriz.

Barrilete o cometa: fomenta la actividad al aire libre, la paciencia y la creatividad.

Payana: fortalece la destreza manual y la concentración.

Carreras de embolsados: combinan actividad física, diversión y trabajo en grupo.

Carreras de embolsados.-

Quemado: exige rapidez, estrategia y cooperación entre compañeros.

Más allá de sus diferencias, todos estos juegos tienen algo en común: permiten que los chicos se muevan, interactúen y aprendan mientras se divierten.


Mucho más que entretenimiento


A menudo se piensa en el juego como un simple pasatiempo. Sin embargo, especialistas en infancia destacan que su función es mucho más profunda.

A través del juego, los niños y las niñas exploran el mundo, ponen a prueba sus capacidades, aprenden a resolver problemas y desarrollan habilidades para relacionarse con los demás.

Bolitas.-

También aprenden a negociar reglas, trabajar en equipo, tolerar frustraciones y resolver conflictos, experiencias fundamentales para la vida cotidiana.

Jugar es una forma de aprendizaje.

Y cuanto más libre y espontáneo es ese juego, mayores son las oportunidades para desarrollar la creatividad, la autonomía y la confianza en uno mismo.


Menos sedentarismo, más movimiento


La Organización Mundial de la Salud recomienda que niños y adolescentes realicen al menos una hora diaria de actividad física moderada o intensa.

Los juegos tradicionales tienen una ventaja importante: incorporan movimiento de manera natural.

Los chicos corren, saltan, se agachan, lanzan objetos, mantienen el equilibrio o cambian de dirección constantemente sin sentir que están haciendo ejercicio.

Por eso, recuperar estas actividades puede transformarse en una herramienta sencilla para combatir el sedentarismo y reducir el tiempo frente a las pantallas.


El valor de jugar juntos


Uno de los beneficios más importantes de los juegos tradicionales es su capacidad para fortalecer vínculos.

Las reglas suelen transmitirse entre amigos, hermanos, padres y abuelos. Cada generación aporta recuerdos, variantes y anécdotas.

Una partida de bolitas, una ronda de escondidas o un intento por dominar el balero pueden convertirse en momentos compartidos que fortalecen las relaciones familiares.

Muchas veces no hacen falta grandes recursos ni juguetes costosos. Una plaza, un patio o una vereda segura pueden ser suficientes para crear experiencias significativas.


El juego también es un derecho


Cada 11 de junio se conmemora el Día Internacional del Juego, una fecha que invita a reflexionar sobre la importancia de una actividad que suele darse por sentada.

El artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño reconoce el juego como un derecho fundamental de todos los niños y niñas.

Lucía Buratovich analizó la actualidad de las infancias y el juego.-

Desde Aldeas Infantiles SOS Argentina remarcan que jugar es una necesidad vital para el desarrollo integral de las infancias. A través del juego, los chicos expresan emociones, construyen vínculos, desarrollan la creatividad y adquieren herramientas para comprender aquello que viven.

La organización también destaca que garantizar este derecho implica ofrecer tiempo, espacios seguros y oportunidades para que los niños puedan jugar libremente, sin que cada momento esté condicionado por exigencias o resultados.

«Jugar no es perder el tiempo. Es una de las formas más valiosas en las que los niños y las niñas aprenden, crecen y se desarrollan», sostiene la licenciada Lucía Buratovich, directora de Programas de Aldeas Infantiles SOS Argentina.


Recuperar algo más que un juego


No se trata de eliminar la tecnología ni de idealizar el pasado.

El desafío es encontrar un equilibrio que permita recuperar espacios de encuentro, movimiento y creatividad.

Quizás por eso actividades tan simples como la rayuela, las bolitas o el balero siguen despertando tanta nostalgia. Porque detrás de cada juego había algo más que diversión: había amistad, aprendizaje, imaginación y tiempo compartido.

Y en una época donde las pantallas ocupan cada vez más espacio, volver a jugar también puede ser una manera de volver a encontrarse.


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