El error al desayunar que puede hacer que tengas hambre otra vez a media mañana

Desayunar no siempre garantiza llegar satisfecho hasta el almuerzo. Cuando la primera comida del día se basa principalmente en productos con azúcares o harinas refinadas y aporta poca proteína y fibra, el hambre puede regresar rápidamente. Qué conviene incorporar para lograr mayor saciedad.

Por Redacción

La explicación está, en parte, en la velocidad con la que se digieren los distintos alimentos.

Desayunaste a las ocho de la mañana y, apenas un par de horas después, ya estás pensando nuevamente en comer. Tener hambre a media mañana no necesariamente significa que desayunaste poco: también puede importar qué alimentos elegiste.

Uno de los errores frecuentes es armar un desayuno compuesto casi exclusivamente por alimentos ricos en carbohidratos refinados o azúcares, pero con poca proteína y fibra.

Galletitas, facturas, algunos cereales azucarados, panes refinados o bebidas dulces pueden aportar energía, pero si aparecen prácticamente solos en el desayuno pueden resultar menos saciantes que una comida que también incorpore proteínas, fibra y grasas saludables.

La explicación está, en parte, en la velocidad con la que se digieren los distintos alimentos.

Por qué algunos desayunos llenan durante tan poco tiempo


No todos los carbohidratos producen el mismo efecto.

Los alimentos ricos en fibra, como los cereales integrales, la avena o la fruta entera, se comportan de manera diferente a muchos productos elaborados principalmente con harinas refinadas y azúcares agregados.

Fibra en el desayuno. Fotos gentileza.-

La Escuela de Salud Pública de Harvard explica que la fibra ayuda a regular el uso de los azúcares por parte del organismo y contribuye a mantener bajo control tanto el hambre como la glucosa en sangre.

La fibra soluble, además, puede formar una especie de gel durante la digestión que retrasa el vaciamiento y la absorción de nutrientes, contribuyendo a prolongar la sensación de saciedad.

Por eso, desayunar solamente una infusión acompañada de galletitas dulces, por ejemplo, no es nutricionalmente equivalente a combinar diferentes grupos de alimentos.

La proteína puede hacer una diferencia


El segundo componente importante es la proteína.

Una publicación de Harvard Health revisada por especialistas en nutrición señala que incorporar proteínas al desayuno puede darle mayor capacidad de saciedad porque su digestión es más lenta y ayuda a mantenerse satisfecho durante más tiempo.

Huevos, yogur natural o griego, quesos, frutos secos, legumbres y otras fuentes de proteína pueden utilizarse para completar la primera comida del día.

Esto tampoco significa que haya que eliminar el pan, la avena o la fruta.

El objetivo es justamente evitar pensar el desayuno en términos de un único nutriente y buscar una combinación más completa.

Entonces, ¿cómo debería ser un desayuno que sacie más?


Una fórmula sencilla consiste en intentar combinar proteína + alimentos ricos en fibra + alguna fuente de grasas saludables.

Algunas opciones pueden ser:

  • Huevos con una tostada integral y palta.
  • Yogur natural con fruta, avena y frutos secos.
  • Tostada integral con queso y una fruta entera.
  • Avena acompañada con yogur, semillas y fruta.
  • Pan integral con pasta de maní sin exceso de azúcar y banana.

No hace falta que el desayuno sea enorme ni preparar recetas complicadas todas las mañanas.

Lo importante es que no dependa exclusivamente de productos refinados que aportan poca fibra y proteína.

El ejemplo de la factura o el cereal azucarado


Desde Cleveland Clinic ponen un ejemplo muy gráfico: una dona puede resultar atractiva y aportar energía rápidamente, pero al tener poca proteína, fibra y grasas saludables es posible volver a sentir hambre poco tiempo después.

La institución recomienda que un desayuno equilibrado incluya precisamente esos componentes y propone, por ejemplo, combinar huevo, pan integral y palta.

Algo similar puede ocurrir con determinados cereales para desayuno. El hecho de que sean cereales no significa automáticamente que tengan un buen aporte de fibra: conviene observar su composición y priorizar aquellos basados en granos integrales y con poco azúcar agregado.

La avena, una alternativa que puede ayudar


La avena es particularmente interesante por su contenido de beta-glucanos, un tipo de fibra soluble.

La Escuela de Salud Pública de Harvard señala que esta fibra absorbe agua y aumenta la viscosidad del contenido intestinal. Eso puede hacer más lenta la digestión y favorecer una mayor sensación de saciedad.

Pero nuevamente importa con qué se acompaña: una preparación con avena, fruta y alguna fuente de proteína puede ofrecer un desayuno más completo que un producto ultraprocesado cargado de azúcar.

No existe un desayuno perfecto para todos


Las necesidades cambian según la edad, la actividad física, los horarios, el estado de salud y el resto de la alimentación diaria.

Tampoco hay que interpretar el hambre como algo necesariamente negativo: tener hambre es una respuesta fisiológica normal y el horario en que aparece puede variar considerablemente entre personas.

Pero cuando la sensación es siempre la misma —desayunar y necesitar volver a comer muy poco después— puede ser útil observar cómo está compuesto ese desayuno.

Antes que simplemente aumentar la cantidad, una estrategia posible es preguntarse si contiene suficiente proteína y fibra.

A veces, el cambio no consiste en desayunar mucho más, sino en combinar mejor los alimentos para que esa primera comida resulte más completa y saciante.


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