Estigmatización y discriminación, pobreza y delincuencia
El jefe de la Policía de Chubut, Ricardo Hughes, se refirió a la inseguridad en la provincia que gobierna Mario Das Neves, relacionándola únicamente con la juventud y la pobreza. En ese sentido, sostuvo: “Decir ‘¡ah! Porque anda con la capucha no es un chorro’; bueno, muchos pibes usan las capuchas, pero bueno, los vamos a tener que identificar y ver qué cara tiene y qué anda haciendo, por qué está en ese barrio, qué le interesa de ahí, si va a ver a un amigo o si no verificar que sea cierto”. Las afirmaciones del jefe de Policía son coherentes con un discurso que circula en los medios masivos de comunicación y con un fuerte anclaje en el imaginario colectivo, que estigmatiza a los jóvenes pobres como peligrosos. El pibe que responde a ese estereotipo es mirado con miedo cuando camina, es demorado con frecuencia por la policía para averiguación de antecedentes y está más expuesto a ser detenido por ser el primer sospechoso frente a un delito. Asimismo, es ilustrativo cómo muchas veces, cuando se habla de inseguridad, se menciona como parte de una acción preventiva el famoso “olfato policial”, que no es más que una serie de prejuicios y estereotipos sobre los cuales se selecciona cierto modelo de delincuente. El “olfato policial” es la metáfora simpática para justificar el accionar de la policía sin suficientes elementos probatorios. Es como si la falaz teoría criminológica de Cesare Lombroso –quien asociaba las causas de la delincuencia de acuerdo con la forma, características físicas y biológicas, como por ejemplo el tamaño del cráneo– se actualizara pero bajo otros patrones estéticos y sin ningún fundamento teórico. Para el informe del 2010 de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires “existen estereotipos creados por la policía, como el ‘olfato policial’ o la ‘actitud sospechosa’, que caen siempre sobre determinados sectores vulnerables de la población. Estereotipos que, a pesar del bloqueo constitucional y legal en vigor, continúan existiendo de hecho en el proceder de la institución”. Esta discriminación se basa en asociar ciertas características como la vestimenta, el color de piel o un tipo de barrio con cierto imaginario de “delincuente”, que no es necesariamente real. Lo que sí es verídico es la discriminación y arbitrariedad que sufre la persona que responde a ese modelo. Según el libro “Buenas Prácticas en la Comunicación Pública” del Inadi, el caso prototípico de la estigmatización de la pobreza es el que la asocia a la delincuencia. El prejuicio más común, utilizado de manera recurrente por los medios de comunicación, es que las personas en situación de pobreza salen a robar desde asentamientos, villas o barrios populares y que esto se vincula directamente con los crímenes y homicidios ligados a la idea de “inseguridad”. Cabe aclarar que si la seguridad es el ejercicio de los derechos es nuestra obligación trabajar para garantizar que todos y todas podamos ponerlos en práctica de la forma más plena posible. Pero sobre todo aquellos sectores más vulnerables de la sociedad a quienes les va a costar más hacer uso de ellos y están expuestos a padecer arbitrariedades. “Consideramos que las visiones estigmatizantes de la pobreza, fuertemente vinculadas al racismo y la xenofobia, deben ser rechazadas de plano para avanzar en la construcción de un país más igualitario e inclusivo”, concluye el texto del Inadi. (*) Licenciado en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora
Roberto Samar (*) @robertosamar