“¡Estoy a dos metros!”: la alegría de un guardafauna cuando se acercaron los cóndores en el norte neuquino

Martín Muñoz hacía una de sus recorridas por el Cajón del Covunco en el Área Natural Protegida Domuyo cuando vivió un momento inolvidable. Mirá…

La familia. El cóndor juvenil flanqueado por mamá y papá (derecha, con la cresta)  en el Cajón del Covunco, al norte de Neuquén. Foto: Martín Muñoz

La familia. El cóndor juvenil flanqueado por mamá y papá (derecha, con la cresta) en el Cajón del Covunco, al norte de Neuquén. Foto: Martín Muñoz

En el mediodía del domingo, el guardafauna y fotógrafo Martín Muñoz hacía una de sus habituales recorridas por el norte neuquino en el Área Natural Protegida Domuyo. Esta vez, relacionada con los controles de caza. El escenario: esa maravilla llamada Cajón del Covunco, un cañadón de unos cinco km de extensión con paredones que superan los 200 metros de alto y se hace tan angosto que llega a haber apenas 20 metros de lado a lado.

No sería una recorrida más. Martín lo supo cuando observó a ese grupo de cóndores que sobrevolaban el arroyo que atraviesa fumarolas y pozos de agua caliente y que es tibio en esta época en que no hay deshielo. Decidió acercarse.

Sobrevuelo en el Cajón del Covunco. Foto: Martín Muñoz.

Sacó la cámara que siempre lleva en la mochila y se dispuso a documentar ese gran momento con fotografías y videos. Los reyes de los Andes extendían las alas y planeaban. Estaban con sus pichones, como suele ocurrir en estos días. Uno de ellos se acercó hasta quedar a apenas dos metros. Y enseguida, a unos 10 metros, otro pichón se posaba sobre las piedras con sus padres.

En lo alto del cajón. Foto: Martín Muñoz

Tuve la suerte de tenerlos ahí mientras cuidaban a sus pichones y que me dejaran estar tan cerca, aunque estaban pendientes de ellos. Habré estado unos tres minutos y después busqué un lugar más lejos para filmarlos. En sus primeros intentos es como que los pichones vuelan y ellos los siguen. Es muy lindo verlo. Fue un momento increíble”.

Imponente. Foto: Martín Muñoz

El año pasado, a mediados de mayo, el guardafauna también vivió otra jornada para el recuerdo en el mismo lugar, cuando junto al guardaparque Daniel Castillo rescataron a un cóndor juvenil que parecía estar herido en un ala durante unos de sus primeros vuelos.

Lo siguieron unos tres km por el arroyo durante más de cuatro horas.  El ave buscaba altura a los saltos y cuando ellos se acercaban planeaba hasta donde podía. Finalmente, lograron atraparlo y lo trasladaron para que fuera atendido por veterinarios.  


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