Estudiar una carrera en EE. UU. puede ser una deuda de por vida

Por Redacción

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Pedí unos 150.000 dólares en créditos para estudiar medicina; terminé en el 2002, pero hasta ahora no he encontrado trabajo -cuenta Shahid-. No puedo pagar mis deudas. ¡Necesito ayuda!”, escribe en el foro on-line en el que las víctimas del sistema de financiación académica estadounidense intercambian sus experiencias.

El caso de Shahid es sólo un ejemplo de los muchos estudiantes que se endeudaron para conseguir un título universitario y pone de manifiesto el abismo social de un problema cada vez mayor: el vertiginoso aumento de la deuda generada por este tipo de créditos.

Según el Departamento de Educación, ésta se ha casi cuadruplicado hasta alcanzar el billón de dólares. En torno a un 70% de estudiantes abandona la facultad con deudas.

“Esta situación no sólo preocupa a los afectados, sino también al conjunto de la economía”, afirma el experto Thomas Hylands, del Federal Reserve Bank de Filadelfia.

Y es que en Estados Unidos los créditos estudiantiles se consideran un producto financiero aunque la mayor parte del negocio se gestione de manera pública.

El Estado debe garantizar que el mayor número posible de estudiantes pueda acceder a créditos baratos, pero la realidad es que éstos no podrían tener peor acreedor: la administración puede acceder a todos sus ingresos hasta que se salde la deuda.

Con todo, los intereses del sector privado suelen ser más altos y las condiciones, menos flexibles.

Además, abundan los tiburones crediticios que pueden llegar a convertir en un infierno la vida futura de los estudiantes.

Hay incluso jubilados que aún no han liquidado sus deudas universitarias.

En total, 706.000 hogares de personas mayores de 65 años tienen aún pagos pendientes y, aunque sólo suponen un tres por ciento de la población, el dato pone de manifiesto lo difícil que puede ser pagarlos.

Y es que en la mayor economía del mundo la educación superior es cada vez más cara: entre 1990 y el 2012, el precio anual aumentó de media más de 8.000 dólares.

Según el experto Mark Kantrowitz, de Edvisors, la promoción 2014 es la más endeudada hasta la fecha: en promedio, cada estudiante debe unos 33.000 dólares.

Un sondeo de la consultora PWC señala que sólo uno de cada cinco estadounidenses de entre 18 y 19 años considera que los créditos de estudios son una buena inversión.

Para Beth Akers y Matthew Chingos, del “think tank” Brookings, el peligro de un endeudamiento masivo no es tan acuciante.

Un cuarto del aumento de la deuda desde 1989 se debe a la coyuntura de que cada vez más estadounidenses optaron por cursar estudios universitarios, afirman.

Y sostienen que invertir en educación sigue siendo una buena opción. “En los últimos 30 años los ingresos derivados de un título universitario crecieron un 70%, mientras que los costos sólo supusieron un 50%”.

Hannes Breustedt

DPA Features

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