Exitosos trasplantes gracias a una nueva droga

Rapamune evita el rechazo del riñón trasplantado. Preserva la función renal a largo plazo.

Redacción

Por Redacción

«Un novedoso inmunosupresor, ‘sirolimus’ (Rapamune de Wyeth), permite que los adultos que han recibido un trasplante de riñón no rechacen el órgano, y que además preserven la función renal a largo plazo. Asimismo, el uso de esta droga demostró favorecer el éxito de los trasplantes». Así lo afirmó el Dr. José María Morales, médico adjunto de Nefrología del Hospital 12 de Octubre de Madrid y miembro del Grupo de Expertos para la elaboración de las Guías Europeas de Trasplante Renal. El especialista, quien además es investigador principal de los ensayos con las diferentes drogas inmunosupresoras, disertará sobre «El futuro de la inmunosupresión en el trasplante renal» durante el XIII Congreso Latinoamericano de Nefrología e Hipertensión, que se está llevando a cabo en Punta del Este, Uruguay. El trasplante de riñón es el más frecuente de todos: en nuestro país, desde el año 2003 hasta el presente, se hicieron 609 trasplantes renales (61% del total de trasplantes en el país), según datos del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai). Se trata de una de las principales opciones terapéuticas para tratar la Insuficiencia Renal Crónica (IRC), una falla severa de los riñones. Tras la intervención quirúrgica, el organismo no reconoce como propio al órgano injertado y lo ataca con su sistema inmune para destruirlo (lo que se denomina ‘rechazo’, llevando a la pérdida del trasplante). Para evitar el rechazo, se suministran ‘inmunosupresores’ (como la ciclosporina y el tacrolimus), que reducen la actividad del sistema inmunológico al mínimo pero, a su vez, tienen una alta toxicidad para el riñón (‘nefrotoxicidad’). Con el tiempo, estos fármacos pueden producir tanto daño que el paciente requiera nuevamente de diálisis o un nuevo trasplante. Un nuevo estudio clínico, denominado «Estudio RMR (Régimen de Mantenimiento con Rapamune)», que incorporó a 525 pacientes trasplantados renales en 57 centros de salud de Europa, Australia y Canadá, demostró que con la terapia conteniendo sirolimus, ciclosporina (un inhibidor de la calcineurina) y corticoides, la incidencia de rechazo postrasplante renal fue menor al 10%. A partir del tercer mes del injerto, se hicieron dos ramas al azar, un grupo mantuvo la triple terapia y al otro grupo se le suspendió la ciclosporina; esta suspensión no elevó el número de rechazos. Los resultados tras 3 años de seguimiento señalaron que la función renal mejoró significativamente en los pacientes que eliminaron del tratamiento la ciclosporina y mantuvieron el sirolimus. En este grupo de pacientes también mejoró considerablemente la presión arterial, con mejor sobrevida del riñón trasplantado y excelente sobrevida de los pacientes. Cabe recordar que la pérdida de función renal se asocia con un aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular, y que esta es una de las principales causas de muerte en pacientes trasplantados, por lo que el mejor manejo de la presión implica un menor riesgo en comparación con los pacientes que recibieron ciclosporina. Por otro lado, durante el último Encuentro Anual de la Sociedad Norteamericana de Nefrología en San Diego, Estados Unidos, se presentaron nuevos datos alentadores provenientes de este estudio, relacionados con la mayor sobrevida del riñón y la reducción de necesidad de otro trasplante o diálisis. Fue la primera vez que una investigación en pacientes trasplantados de riñón mostró que es posible lograr una función renal mejorada tras abandonar la ciclosporina sin riesgo de rechazo del órgano.

Rechazo inmunológico: la historia de la ablación

La historia del trasplante nace con un obstáculo que fue el desvelo de los investigadores: el rechazo inmunológico del órgano injertado. • 1910 – Alexis Carrel describió las suturas vasculares, abriendo la posibilidad técnica y quirúrgica de realizar un trasplante de órganos. Recibió un premio Nobel por sus aportes en este campo. • 1928 – Primer trasplante de córneas en Argentina. • 1933 – Voronoy, un investigador ruso, realizó el primer trasplante renal a una mujer en coma urémico. El donante fue un hombre de 60 años. Tras dos días, la paciente falleció. • 1947 – Primer trasplante renal entre humanos en el cual el receptor sobrevivió. Una joven recibió en la ciudad de Boston (Estados Unidos) un riñón para reanudar la diuresis (no para reemplazar su órgano). • 1951 – Se funda el primer banco de córneas y tejidos de Argentina. • 1954 – Primer trasplante renal con éxito absoluto. En los Estados Unidos, se trasplantó un riñón entre gemelos univitelinos. • 1957 – El Dr. Alfredo Lanari hace el primer trasplante renal en la Argentina. • 1958 – Trasplante utilizando dosis de inmunosupresores. El riñón sobrevivió pero la paciente murió a causa de las infecciones provocadas por la inmunosupresión. • 1963 – Primer trasplante de hígado exitoso en los Estados Unidos. • 1967 – Primer trasplante de corazón en Sudáfrica. • 1968 – El Dr. Belizzi realiza el primer trasplante cardíaco argentino en la Clínica Modelo de Lanús,. • 1976 – Aparición de inmunosupresores que permiten trasplantes exitosos, aunque con una alta nefrotoxicidad. • 1977 – Se sanciona la primera Ley Nacional regulatoria de la actividad de trasplante en la Argentina (21.541). Se crea el Centro Único Coordinador de Ablación e Implante (CUCAI). • 1984 – Primer trasplante de médula ósea en Argentina. • 1988 – Primer trasplante de hígado en Argentina. • 1990 – Primer trasplante cardiopulmonar en Argentina. • 1992 – Primer trasplante pulmonar en Argentina. • 1993 – Primer trasplante de páncreas en Argentina. • 1999 – Primer trasplante de intestino en Argentina. • 2000 – Se da lugar a la creación del Registro Nacional de Donantes en nuestro país.


"Un novedoso inmunosupresor, ‘sirolimus’ (Rapamune de Wyeth), permite que los adultos que han recibido un trasplante de riñón no rechacen el órgano, y que además preserven la función renal a largo plazo. Asimismo, el uso de esta droga demostró favorecer el éxito de los trasplantes". Así lo afirmó el Dr. José María Morales, médico adjunto de Nefrología del Hospital 12 de Octubre de Madrid y miembro del Grupo de Expertos para la elaboración de las Guías Europeas de Trasplante Renal. El especialista, quien además es investigador principal de los ensayos con las diferentes drogas inmunosupresoras, disertará sobre "El futuro de la inmunosupresión en el trasplante renal" durante el XIII Congreso Latinoamericano de Nefrología e Hipertensión, que se está llevando a cabo en Punta del Este, Uruguay. El trasplante de riñón es el más frecuente de todos: en nuestro país, desde el año 2003 hasta el presente, se hicieron 609 trasplantes renales (61% del total de trasplantes en el país), según datos del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai). Se trata de una de las principales opciones terapéuticas para tratar la Insuficiencia Renal Crónica (IRC), una falla severa de los riñones. Tras la intervención quirúrgica, el organismo no reconoce como propio al órgano injertado y lo ataca con su sistema inmune para destruirlo (lo que se denomina ‘rechazo’, llevando a la pérdida del trasplante). Para evitar el rechazo, se suministran ‘inmunosupresores’ (como la ciclosporina y el tacrolimus), que reducen la actividad del sistema inmunológico al mínimo pero, a su vez, tienen una alta toxicidad para el riñón (‘nefrotoxicidad’). Con el tiempo, estos fármacos pueden producir tanto daño que el paciente requiera nuevamente de diálisis o un nuevo trasplante. Un nuevo estudio clínico, denominado "Estudio RMR (Régimen de Mantenimiento con Rapamune)", que incorporó a 525 pacientes trasplantados renales en 57 centros de salud de Europa, Australia y Canadá, demostró que con la terapia conteniendo sirolimus, ciclosporina (un inhibidor de la calcineurina) y corticoides, la incidencia de rechazo postrasplante renal fue menor al 10%. A partir del tercer mes del injerto, se hicieron dos ramas al azar, un grupo mantuvo la triple terapia y al otro grupo se le suspendió la ciclosporina; esta suspensión no elevó el número de rechazos. Los resultados tras 3 años de seguimiento señalaron que la función renal mejoró significativamente en los pacientes que eliminaron del tratamiento la ciclosporina y mantuvieron el sirolimus. En este grupo de pacientes también mejoró considerablemente la presión arterial, con mejor sobrevida del riñón trasplantado y excelente sobrevida de los pacientes. Cabe recordar que la pérdida de función renal se asocia con un aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular, y que esta es una de las principales causas de muerte en pacientes trasplantados, por lo que el mejor manejo de la presión implica un menor riesgo en comparación con los pacientes que recibieron ciclosporina. Por otro lado, durante el último Encuentro Anual de la Sociedad Norteamericana de Nefrología en San Diego, Estados Unidos, se presentaron nuevos datos alentadores provenientes de este estudio, relacionados con la mayor sobrevida del riñón y la reducción de necesidad de otro trasplante o diálisis. Fue la primera vez que una investigación en pacientes trasplantados de riñón mostró que es posible lograr una función renal mejorada tras abandonar la ciclosporina sin riesgo de rechazo del órgano.

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