Exploración pesquera, tras la polémica quedan muchas dudas
La paralización, sin debate ni análisis previo, también genera por lo menos la inquietud de que podría estar perdiéndose una buena oportunidad.
El gobernador Alberto Weretilneck intentó poner fin a la polémica entre las autoridades locales y provinciales y los habitantes y pescadores deportivos y recreacionales de la zona, al instruir a la Subsecretaría de Pesca que no autorice actividades exploratorias del recurso ictícola en la desembocadura del río Negro, en cercanías del balneario El Cóndor.
Sin embargo, el debate no quedó plenamente saldado. Porque hay datos técnicos que se soslayaron, que no fueron convenientemente considerados y que podrían haber dejado un resultado más satisfactorio para todas las partes, sobre todo en tiempos en que la generación de puestos de trabajo genuino y la consolidación de actividades productivas deberían ser un objetivo de todo gobierno.
Habilitar a dos lanchas para que operen de manera experimental con redes de arrastre en la costa del balneario El Cóndor sin tomar en cuenta la opinión de los habitantes del lugar, de los pescadores deportivos y de los científicos fue una decisión que rápidamente cosechó repudios y provocó el inmediato rechazo de amplios sectores de la sociedad local.
Pero su plena paralización, sin debate ni análisis previo, también genera por lo menos la inquietud de que podría estar perdiéndose una oportunidad de promover puestos de empleo y actividad comercial. Las determinaciones arbitrarias e inconsultas no provocan consensos y siempre dejan a alguien molesto.
En el ámbito pesquero, los modernos paradigmas para la explotación de nuevas de pesquerías, con artes mejoradas o en sitios inexplorados, establecen la necesidad de abrir discusiones participativas en las que puedan opinar todos los actores vinculados directa o indirectamente a la actividad.
Así lo consignó a DeViedma el doctor en Biología Marina e investigador del Conicet y de la Universidad del Comahue, Raúl González, quien hace entre 12 y 15 años estudió -junto a otros colegas- las potencialidades pesqueras en cercanías de la desembocadura.
“En 2010 una resolución estableció que hay que hacer planes de manejo con programas de pesca experimental y análisis técnicos con todas las organizaciones cada vez que se abran nuevas pequerias o se vayan otorgar permisos para nuevas especies”, sostuvo González.
Recordó que en 2001 y 2002 se hicieron prospecciones interesantes, que dieron como resultado la existencia de una diversidad importante de especies accesibles a pequeñas embarcaciones, sobre todo en los meses de primavera y verano. “Pero ahora suponemos que con el ingreso del langostino al golfo San Matías, también se debe haber dado su llegada a la zona cercana a La Boca”, dijo el investigador, lo que alienta aún mayores expectativas comerciales.
Dijo que es necesario hacer un buen relevamiento batimétrico, para conocer las características del fondo, pero consideró que “frente a la zona de acantilados se supone de mucho enganche para arrastrar, mientras que más cerca de la desembocadura el suelo es más yermo y solamente se encuentran algunos ofiuros y equinodermos (erizos y estrellas de mar)” por lo que opinó que “el impacto de esas pequeñas redes de arrastre en la arena no es importante”.
No obstante, admitió que la polémica al respecto se da en todo el mundo. “Pero hay que considerar que el movimiento natural de las marejadas y sudestadas en esa zona, hacen al fondo inestable con altas tasas de disturbio natural, por lo que el paso de una red de no más de 5 o 6 metros de apertura de boca, con portones de madera o de hierro livianos, genera efectos insignificantes al ambiente”, afirmó.
La pesca del langostino
La fotografía del gobernador sosteniendo un cartel que dice “No a la pesca de arrastre” abre más interrogantes.
“Si se rechaza la pesca de arrastre, entonces, debería pensarse en el impacto que la pesca del langostino está teniendo frente a la costa de Caleta de los Loros, donde barcos mucho más grandes pescan con portones pesados, con tangones, con redes de más de 20 metros de apertura de boca, a apenas 14 o 15 metros de profundidad”, dijo González apelando a la coherencia gubernamental. “Es incomparable el impacto si se considera que esas embarccones sacan 4 mil toneladas de langostinos al año”, afirmó.
Tampoco esa pesquería fue sometida a la participación ciudadana y directamente, en virtud de lo redituable del recurso, se otorgaron los permisos para la explotación. Sin embargo no hubo quejas porque allí la pesca deportiva o recreacional y la presencia de habitantes en la zona que puedan quejarse es mucho menor. Pero el impacto en el ambiente, sin dudas, es mucho mayor.
El impacto de la pesca deportiva y recreacional
La controversia entre pesca experimental en la zona de El Cóndor y la pesca recreacional o deportiva no se resolverá sin una profunda discusión de todos los actores. Si se asegura que una pequeña red tirada por pequeñas embarcaciones que en pocas ocasiones pueden salir al mar en función de las condiciones climáticas podría provocar impactos negativos en la especies marinas autóctonas, también debería evaluarse cuál es el impacto que cientos de cañas diariamente en el agua producen sobre las especies objeto de la captura.
“Y sumemos que muchos de los aficionados a la pesca van con sus 4 x 4 o sus cuatriciclos y transitan sobre la arena, dejan las líneas que se cortan, entre otras consecuencias sobre el ambiente, y de eso nada dicen”, afirmó González.
Calculó que en San Blas, donde la actividad de la pesca recreacional es un atractivo turístico fundamental “se capturan entre 200 y 300 toneladas anuales de corvina y pescadilla y mucho de eso hasta se faena y se lleva a las ciudades para el menudeo o el consumo doméstico”
En la costa rionegrina y en La Baliza, del lado de Buenos Aires, “intentamos hace algunos años realizar un estudio sobre este tipo de pesca pero finalmente no se dio, pero debería también analizarse qué provocan estos otros usuarios del recurso para saber qué y cómo se está capturando”.
Entre las especies que podrían capturarse con redes en cercanías de El Cóndor, González enumeró corvina, pescadilla, lenguados, palometas y variedades de tiburones con las limitaciones que ese grupo de especies tiene por su vulnerabilidad ambiental, además del langostino que podría haber ingresado.
La decisión del gobernador
La semana pasada , el gobernador Weretilneck instruyó a la Subsecretaría de Pesca a no autorizar actividades exploratorias del recurso ictícola en el área de la desembocadura del río Negro y su zonas aledañas en la que se utilicen sistemas de arrastre.
La determinación fue transmitida a las autoridades competentes a fin de establecer pautas claras de trabajo en cuanto al manejo del recurso ictícola provincial y la necesidad de mantener su sustentabilidad. Se prohíbe además este tipo de actividades realizas por embarcaciones privadas.
Weretilneck ratificó su compromiso de seguir defendiendo los recursos naturales de la provincia, en este caso el ictícola, a partir del expreso impedimento a la pesca de arrastre, así como a la entrega de permisos exploratorios a privados.
“No pondremos en peligro la pesca deportiva, que además es un gran distintivo turístico en nuestras costas”, señaló finalmente el Mandatario.
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