Falta inversión en ciencia



Después de meses de protestas en ámbitos académicos, pero sobre todo con la repercusión pública que tuvo la aparición televisiva de una investigadora que fue a buscar fondos a un programa de concursos, el gobierno decidió esta semana aumentar el presupuesto para los institutos de investigación, algo que si bien alivia la coyuntura no soluciona la grave crisis del sistema científico del país.

La medida se anunció luego de que el presidente Mauricio Macri recibiera a Marina Simian, la bióloga que lidera un equipo del Conicet que investiga temas relacionados al cáncer, y que acudió al programa “¿Quién quiere ser millonario?” para comprar reactivos y otros insumos. Según explicó la propia Simian, tras dialogar con Macri tuvo otra “dura reunión” con el secretario de Planeamiento Jorge Aguado, a quien presentó evidencias sobre los reclamos de muchos institutos acorralados por la falta de pago de servicios básicos y la “desidia general” que impera en la administración del sistema. Luego del encuentro, el gobierno anunció el incremento de mil millones de pesos para el funcionamiento de los institutos y trescientos millones para la compra de equipos, designó finalmente a los doctores Mario Pecheny y Alberto Kornblihtt en el directorio (habían sido elegidos hace un año por votación), abrió concursos para cubrir 450 nuevos cargos en la carrera de investigador y prometió simplificar la importación de equipamiento.

La presencia de Simian en televisión fue solo el corolario de una serie de medidas y reclamos que realiza desde hace meses el sistema científico, así como otras entidades dedicadas a la investigación y desarrollo, como el INTI e INTA, que también han sufrido fuertes recortes de presupuesto como parte del programa de ajuste del gasto para reducir el déficit fiscal. Entre ellos la movilización de los directores de los institutos de investigación con la firma de un manifiesto en Córdoba, la renuncia simbólica de la doctora Dora Barrancos y el Cabildo Abierto realizado esta semana con más de 250 científicos de todos el país, que ratificó que las medidas recientes son apenas un parche para serios problemas estructurales que se han agravado en los últimos años.

El gobierno de Cambiemos asumió con la promesa de privilegiar la investigación científica y el desarrollo de la “industria del conocimiento” como puntal básico del progreso del país. Se comprometía a “más que duplicar” la inversión pública y privada en Ciencia, Tecnología e Investigación y llevarla del 0,62% de 2015 al 1,5% del PBI. Mantuvo al titular del área, Lino Barañao, como una señal de política de Estado en la materia. Pero en el marco de las sucesivas crisis que ha sufrido la economía a partir del 2016 la realidad ha sido otra. El sitio Chequeado.com determinó que la inversión en esta área descendió a 0,56% del PBI en 2016, a 0,55% en 2017, a 0,25% del PBI en 2018, retrocediendo a niveles de 2008. El gasto en Ciencia y Técnica como proporción del gasto total del Estado retrocedió en 2018 a 1,13%, el menor nivel desde 2001 y si este año no se modifica llegará a 1,11%, el más bajo desde 1993.

El gasto en Ciencia y Técnica como proporción del gasto total del Estado retrocedió en 2018 a 1,13%, el menor nivel desde 2001 y si este año no se modifica llegará a 1,11%, el más bajo desde 1993.

Nuestra región no ha sido ajena a esta realidad. Esta semana científicos de la UNC relataron que viven una situación semejante a la del resto del país no solo en las universidades sino también en otros polos científicos del Alto Valle y las zonas Andina y Atlántica. Señalaron que el principal efecto de los recortes, además de paralizar investigaciones en curso, ha sido el desmantelamiento de equipos enteros de investigadores. Becarios que ya han finalizado sus estudios de doctorado y posdoctorado, cansados de las penurias y las restricciones al ingreso a la carrera científica, analizan emigrar al exterior, tentados por institutos y universidades de otros países. Así se perdería el recambio generacional necesario, se despilfarrarían los recursos públicos invertidos en su formación y se pondría en riesgo el futuro de todo el sistema.

Nadie discute la necesidad de equilibrar las cuentas públicas, sin embargo no debiera ser el sistema científico, base para cualquier desarrollo económico y social de un país, el que pague los costos de los desmanejos de nuestra clase política desde hace décadas.


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