Familias Farfaglia- Fratarelli: de Italia a la Patagonia
Hace más de un siglo, la Norpatagonia fue poblada por inmigrantes de distintos países que se asentaron con el fin de trabajar la tierra, participar de la vida social y cultural del lugar de arraigo y trabajar la tierra.
Esta es la historia de una familia de inmigrantes italianos que como tantos otros arribaron en la búsqueda de una vida mejor.
Primero llegó a la Argentina, con ansias de trabajo y futuro, Nazareno Farfaglia: había sido brigadier en la Segunda Guerra Mundial. Según el relato familiar, había quedado muy delicado de salud, estuvo un año en cama, no tenía fuerzas. El doctor le preguntó por qué no probaba radicarse en otro lugar.
En Buenos Aires estaba su primo Doménico, por lo que decidió viajar. Transcurrido un año llegaron al puerto de Buenos Aires sus dos hijos mayores: Gregorina, que tenía 15 años y Miquelino, de 14; vinieron con una tía. Nazareno alquiló una pequeña vivienda en la localidad bonaerense de San Justo. Al año compró un terreno y, ayudado por sus paisanos, construyó una casita. La casa tenía un dormitorio de ladrillos, mientras que el resto era de madera.
Josefina Pina Farfaglia nació el 20 de junio de 1938 en San Gregorio D’ippona, provincia de Catanzaro (actualmente Vibo Valentia), en Italia.
Llegó a la Argentina en 1952 con su mamá María y tres hermanos: Victorina, Mingo y Vicenta en un barco llamado Conte Biancamano: en Italia había quedado un hermano Salvatore y los abuelos maternos, que vinieron luego de dos años; en Argentina nació Nicolino.
En esta numerosa familia todos trabajaron desde temprano para ayuda en la economía de todos: eran muy unidos, fueron felices, construyeron su hogar, cantaban para espantar los males; y los domingos, cuando nadie trabajaba, era una “fiesta” sonaba la vitrola con los discos de Carlos Butti y Luciano Tajioli entre otros.
En Italia, Josefina había ido a la escuela, pero cuando vino a la Argentina era grande y aprendía de la tarea de sus hermanos.
A los 9 años aprendió a coser: Doménico le compró la máquina de coser a pedal, y luego, según su propio testimonio, “devolvieron el dinero”.
Hasta los 17 años, trabajó en fábricas de envasar especias, galletitas, miel. Luego entró en la fábrica textil Algodonera Lomas: ahí trabajaba 8 horas diarias, y para llegar tomaba dos colectivos. Una semana por la mañana, otra semana por la tarde: trabajó cinco años, hasta que se casó.
Cuando Pina tenía 22 años conoció a Antonio Fratarelli, con el que se casó en 1960 en la iglesia de Temperley Barrio San José. En la década del 70 se trasladaron al Alto valle. Contratado su marido por empresa hídrica, vivieron en El Chocón: fueron parte de la construcción de la represa. Posteriormente, se asentaron en Cipolletti, donde Antonio desarrolló su oficio de zapatero: es esa ciudad construyeron su casa, tuvieron la Zapatería Tony en Irigoyen y Río Santiago.
En 1961 nació su primer hijo Nicolás, arquitecto; en 1966 la segunda, Concepción, que es empleada administrativa, y en 1981 la última, Romina, actriz y Profesora de Arte Dramático. 5 nietos completan su familia. Pina tuvo siempre una armoniosa voz y ella ama el canto por lo que participó del Coro San Francisco y en su casa canta canciones italianas a manera de hobbie.
Historia de vida asentada en este Alto Valle que cobijara a tantos que vinieron a trabajar, a construir su futuro, sin saber que también terminarían construyendo el futuro de toda una región.
Beatriz Carolina Chávez
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