Feroz motín evidencia el poder narco en cárceles de México
La masacre, con cuchillos y martillos, dejó 49 muertos
AP
La gresca comenzó entre dos facciones de los Zetas. Las propias autoridades admitieron que al interior del penal hay “autogobierno”.
MONTERREY, México (AP).- La peor masacre al interior de un penal en la historia reciente de México fue resultado de una pelea con cuchillos y martillos que derivó en un baño de sangre y mostró una vez más el poder que los carteles de las drogas mantienen incluso fuera de las calles.
El gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez, dijo el viernes que luego del motín y riña que dejó 49 muertos las autoridades encontraron al interior de la cárcel de Topo Chico 60 martillos, 120 puntas de metal artesanales y 86 cuchillos que fueron utilizadas en el enfrentamiento entre quienes se cree son miembros de dos facciones del cartel de las drogas de Los Zetas.
Dijo que al menos 40 de las víctimas “fallecieron por heridas de armas punzocortantes, golpes que se dieron a través de martillos, palos, lo que hoy mencioné que encontramos ahí”.
Añadió que en la sobrepoblada prisión conviven sentenciados y procesados por delitos comunes y crimen organizado, también localizaron marihuana, cocaína y pastillas psicotrópicas, además de memorias USB, dos pantallas y reproductores de MP3.
Expertos y organismos de derechos humanos han advertido por años del control que los grupos criminales mantienen en varios penales del país. Y Rodríguez lo admitió públicamente.
“Lo que tenemos que ver con realidad en el sistema penitenciario es que hay autogobierno’’, dijo el gobernador. “Toda esta corrupción al interior del penal generó esta condición que hoy tenemos”. Además, por la poca paga, “nadie quiere ser custodio”, dijo.
Con sus conexiones con las bandas y acceso a drogas y armas, son muchos los que dicen que los Zetas y el cártel del Golfo son quienes mandan en la prisión.
“Piden cuotas y si los familiares no traen cierta cantidad… Los golpean’’, explicó Casas Gutiérrez. La cantidad depende de sus delitos, pero puede llegar a ser de miles de pesos. “A veces tenemos que vender nuestras casas”.
Casas Gutiérrez tuvo suerte, el nombre de su hijo no estaba en la lista de 40 muertos publicada el jueves, pero algunos cuerpos estaban tan carbonizados que pasarán días hasta que puedan ser identificados.
A las puertas de la prisión, la situación era dantesca: Los familiares, aterrorizados, esperaban la aparición de nuevos nombres en el listado publicado en dos hojas de papel pegadas en la pared.
“¡Ayyy, mi hijo está en la lista!”, gritó María Guadalupe Ramírez, de 63 años, al ver escrito el nombre de José Guadalupe Ramírez Quintero, de 26. Se desmayó en los brazos de su hija.
El dolor de Ramírez reflejaba las preocupaciones de otros cuyos seres queridos están internados en Topo Chico pese a tener condenas por delitos menores (ver aparte). Incluso quienes pudieron confirmar que sus seres queridos sobrevivieron al motín, temían por seguridad.