Fiebre de un jueves por la noche

Los contrastes entre “Presente” y Aristimuño.

Redacción

Por Redacción

Esperé meses repasando sus pistas, ansioso, latente. Por fin, encuentro en vivo con “Presente” de Bajofondo en el Teatro Coliseo. Tras un día de goma, trámites, telefoneadas, preparativos y remembranzas sonoras in mente, me largo a la autopista y caigo en la 9 de Julio poceada, tabicada, gruada, dificultada, congestionada, entorpecida por la puesta en escena del Metrobus. (“Va estar bueno Buenos Aires”, ironizo). Y me digo, no importa, la música espera, es muy bueno lo que voy a ver y oír. Estaciono, retiro entradas y aguanto la espera, casi las 20:30, compartiendo un café. Ya en sala, crece la expectativa, pero hay que sostener casi 45 minutos hasta que las luces van bajando y en negro pleno, aparecen Gustavo Santaolalla, Juan Campodónico, Luciano Supervielle, Javier Casalla, Martín Ferres, Gabriel Casacuberta, Adrián Sosa y Verónica Loza. Video al fondo. Suena “Intro” y –a poco de empezar- algo hace vibrar todo mi cuerpo y se centra en medio del pecho… Pienso, es el primer tema y ya, el de la mesa de sonidos, atrás de todo, se dará cuenta. Ajustará sin que se note, en el segundo. Entra “Código de barras” sin cambios. Los graves del bajo y el bombo de la batería siguen golpeándome el pecho. Mi mujer (Ana) anticipa: “¿por qué tan fuerte?”. Silencio yo, quiero confiar en que lo van a bajar. Enganchado “Monserrat” y susurro: ¡vamos! Más de cien decibeles derrotaron el virtuosismo, la justeza, belleza, energía, pasión, trabajo de esta banda de talentosos músicos que admiro. Abandonamos las butacas, salimos. Afuera descubro que me silban los oídos. Llego al estacionamiento sin decir palabra, con mixtura de bronca y tristeza. 9 de Julio hacia el sur… Llegando a Avenida Belgrano, Ana sintetiza y ya no quedan dudas: “¿Por qué tanto? Son tan buenos que no les hace falta semejante volumen”. La tensión me va bajando en el retorno. La desazón no. ¿Me cuestiono si escribir o no? Ducha y a la cama. Mañana será otro día… Intento dormir pero no puedo. Tanteo el control remoto y la tele azuliza la habitación. Paso y paso canales inútilmente. Dan las 23. Tropiezo con Canal Encuentro y alguien dialoga con Lalo Mir. (“Encuentro en el estudio”, segunda edición del tercer programa). ¡Uyyy! Lisandro Aristimuño. Frasea y entre su mirada sumergida en emoción y sus notas celebradas, cuidadas, voy recuperando oxígeno y belleza. La charla sigue y recuerdo conversaciones que tuvimos él y yo tantas veces. El chelo, los violines, su voz, me rearman, reencuentran. Habla de sentidos, de visiones, del viento, las hojas, la arena, de Viedma y Luis Beltrán, de sus padres, la influencia, la naturaleza de su esencia. “Azúcar del estero”. El amor, los miedos. La cura y el oficio de cantor. Carli Arístide, Leila Cherro, Rocío, su hermana bailaora, Martín Casado, Lucas Argomedo, Pablo Jivotovschii, Cecilia García, lo envuelven, respetan, acolchonan… “Es todo lo que tengo”. La escenografía de su estética. “Tu nombre y el mío”, campo de colores. “La última prosa”, la noche se agota de verme, quizá es mejor descansar. “Para vestirte hoy”, final y títulos. Ya está, botón rojo, oscuridad. Intento dormir pero no puedo. Listo, voy a la computadora y dejo salir las ideas. Quizá salga algo bueno. Pruebo, desparramo, descargo, sostengo. Ya está, cierro y envío. ¿Se publicará, se entenderá? Una y cuarenta y cuatro del viernes. La noche se agota de leerme.

Eduardo Rouillet eduardorouillet@gmail.com


Esperé meses repasando sus pistas, ansioso, latente. Por fin, encuentro en vivo con “Presente” de Bajofondo en el Teatro Coliseo. Tras un día de goma, trámites, telefoneadas, preparativos y remembranzas sonoras in mente, me largo a la autopista y caigo en la 9 de Julio poceada, tabicada, gruada, dificultada, congestionada, entorpecida por la puesta en escena del Metrobus. (“Va estar bueno Buenos Aires”, ironizo). Y me digo, no importa, la música espera, es muy bueno lo que voy a ver y oír. Estaciono, retiro entradas y aguanto la espera, casi las 20:30, compartiendo un café. Ya en sala, crece la expectativa, pero hay que sostener casi 45 minutos hasta que las luces van bajando y en negro pleno, aparecen Gustavo Santaolalla, Juan Campodónico, Luciano Supervielle, Javier Casalla, Martín Ferres, Gabriel Casacuberta, Adrián Sosa y Verónica Loza. Video al fondo. Suena “Intro” y –a poco de empezar- algo hace vibrar todo mi cuerpo y se centra en medio del pecho… Pienso, es el primer tema y ya, el de la mesa de sonidos, atrás de todo, se dará cuenta. Ajustará sin que se note, en el segundo. Entra “Código de barras” sin cambios. Los graves del bajo y el bombo de la batería siguen golpeándome el pecho. Mi mujer (Ana) anticipa: “¿por qué tan fuerte?”. Silencio yo, quiero confiar en que lo van a bajar. Enganchado “Monserrat” y susurro: ¡vamos! Más de cien decibeles derrotaron el virtuosismo, la justeza, belleza, energía, pasión, trabajo de esta banda de talentosos músicos que admiro. Abandonamos las butacas, salimos. Afuera descubro que me silban los oídos. Llego al estacionamiento sin decir palabra, con mixtura de bronca y tristeza. 9 de Julio hacia el sur… Llegando a Avenida Belgrano, Ana sintetiza y ya no quedan dudas: “¿Por qué tanto? Son tan buenos que no les hace falta semejante volumen”. La tensión me va bajando en el retorno. La desazón no. ¿Me cuestiono si escribir o no? Ducha y a la cama. Mañana será otro día… Intento dormir pero no puedo. Tanteo el control remoto y la tele azuliza la habitación. Paso y paso canales inútilmente. Dan las 23. Tropiezo con Canal Encuentro y alguien dialoga con Lalo Mir. (“Encuentro en el estudio”, segunda edición del tercer programa). ¡Uyyy! Lisandro Aristimuño. Frasea y entre su mirada sumergida en emoción y sus notas celebradas, cuidadas, voy recuperando oxígeno y belleza. La charla sigue y recuerdo conversaciones que tuvimos él y yo tantas veces. El chelo, los violines, su voz, me rearman, reencuentran. Habla de sentidos, de visiones, del viento, las hojas, la arena, de Viedma y Luis Beltrán, de sus padres, la influencia, la naturaleza de su esencia. “Azúcar del estero”. El amor, los miedos. La cura y el oficio de cantor. Carli Arístide, Leila Cherro, Rocío, su hermana bailaora, Martín Casado, Lucas Argomedo, Pablo Jivotovschii, Cecilia García, lo envuelven, respetan, acolchonan… “Es todo lo que tengo”. La escenografía de su estética. “Tu nombre y el mío”, campo de colores. “La última prosa”, la noche se agota de verme, quizá es mejor descansar. “Para vestirte hoy”, final y títulos. Ya está, botón rojo, oscuridad. Intento dormir pero no puedo. Listo, voy a la computadora y dejo salir las ideas. Quizá salga algo bueno. Pruebo, desparramo, descargo, sostengo. Ya está, cierro y envío. ¿Se publicará, se entenderá? Una y cuarenta y cuatro del viernes. La noche se agota de leerme.

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