Figueroa quedó muy comprometido en el crimen

Lo acusan de matar al novio de su expareja, que ayer declaró en su contra.

Redacción

Por Redacción

Leonardo Petricio

NEUQUÉN (AN).- “Yo trabajaba todo el día como perro y ellos revolcándose. Por eso pasó lo que pasó”. Rubén Figueroa (36) intentó justificar con ese argumento el ataque contra Javier Juncos (35), novio de su expareja Mónica Muñoz (24). En el primer día del juicio en su contra dijo que “forcejeó” con Juncos pero que no lo mató como señala la acusación. Mónica, en cambio, lo hundió con su testimonio: si bien no vio el momento exacto de la puñalada, encontró a Figueroa con el cuchillo en la mano y a su novio desangrándose en el piso.

Hoy será la segunda y última audiencia, y tanto el fiscal Rómulo Patti como el querellante Marcelo Hertzriken Velasco pedirán una condena para Figueroa por homicidio. Este tipo de casos se conoce también como “femicidio vinculado”.

El defensor Carlos Vaccaro tiene otra estrategia, y ayer hizo declarar a Figueroa en un intento por aliviar su situación (ver aparte).

El crimen ocurrió el 23 de agosto de 2012 en una vivienda de San Martín al 1000 de Plottier donde vivía Mónica luego de separarse de Figueroa, con quien había convivido 9 años. Tienen un hijo de esa edad.

Ayer ella declaró que decidió tomar distancia porque ya no soportaba más su violencia verbal y física. “Un día me agarró del cuello, el nene empezó a gritarle ‘no le pegues a mi mamá’… ahí tomé la decisión. No quería que mi hijo siguiera viendo esas cosas y me separé”, contó ante el tribunal integrado por Fernando Zvilling, Florencia Martini y Héctor Dedominichi.

Ya en 2010 se habían separado unos meses, Figueroa fue al psicólogo, prometió cambiar y volvieron a estar juntos, pero al poco tiempo la violencia continuó. “Me pegaba, me rompía las cosas, daba vuelta la mesa”, dijo Mónica.

Prohibición de acercarse

La situación era tan crítica que el imputado tenía prohibido acercarse a ella por orden judicial. Sin embargo, burló esa restricción en más de una oportunidad.

Otro elemento que contribuyó a la tragedia fue que la comisaría de Plottier no cumplió con la orden de la justicia de Familia de brindarle custodia nocturna a Mónica.

Como el policía que debía cuidarla no llegaba (y no lo hizo nunca), Juncos se quedó a hacerle compañía porque Figueroa rondaba la casa.

Mónica declaró ayer entre lágrimas y sin la presencia del imputado en la sala. La acompañó Ivana Rosales, otra víctima de violencia de género que años atrás sobrevivió a un ataque de su pareja.

Relató que Figueroa entró a su casa por la ventana mientras ella se estaba bañando. Juncos se encontraba en el living. Escuchó los gritos, salió de la ducha y sorprendió al imputado con un cuchillo en la mano.

“Gorda me apuñaló”, le dijo Juncos desde el piso, ya herido de muerte. En principio Figueroa huyó pero volvió enseguida, la ayudó a cargar al herido en su auto y lo llevó hasta el hospital.

“Javier se estaba muriendo y yo no sabía qué hacer, por eso acepté que me ayude”, relató ella como pidiendo disculpas. Antes había golpeado otras puertas y gritado por el balcón, pero ningún vecino respondió.

Contó que en el camino al hospital “yo intentaba reanimarlo (a Juncos), y él (por Figueroa) me decía: ‘Hija de puta, a mí no me acariciás así’. Además me amenazó con matar al nene si lo denunciaba”.


Leonardo Petricio

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