Finalidades y organización del Parque Tecnológico Bariloche
Ciencia
Hace treinta años se lanzó la propuesta de creación del Parque Tecnológico Bariloche (PTB) para capitalizar saberes que diferencian a esa ciudad de cualquier otra región del país (su historia puede leerse en el artículo “Polo Científico y Tecnológico Bariloche” de la wiki Enciclopedia de Ciencias y Tecnologías en Argentina). Además de contar con el más alto porcentaje de científicos y tecnólogos que cualquier población del país, Bariloche es un internacionalmente reconocido centro científico de excelencia en Física, Ingeniería Nuclear y aplicaciones médicas y forenses de la Física. También es, más importante aún, el único lugar de Argentina con capacidad de desarrollo de tecnologías tanto tradicionales como innovadoras a través de Invap, un desprendimiento de una prestigiosa institución científica, el Centro Atómico Bariloche (cuyo nombre debería ser cambiado, pues no describe fielmente la variedad de sus actuales actividades). A las capacidades probadas de la ciudad hay que agregar hoy el comienzo de la formación de profesionales en tecnologías de la información y las telecomunicaciones (disciplina madre de las aplicaciones de la Informática), tanto en el internacionalmente reputado Instituto Balseiro como en la promisoria Universidad Nacional de Río Negro.
Hubo varios intentos de expropiación de las tierras necesarias para la creación del PTB, que parecen haber culminado con el reciente anuncio de la pronta toma de posesión de 319 hectáreas en las cercanías del aeropuerto internacional. De ser cierto, el desafío consiste ahora en la organización del ente administrador de ese parque, que deberá ser construido con aportes provinciales y nacionales ya que el municipio de Bariloche apenas tiene la capacidad financiera necesaria para solventar su exuberante planta de personal. Esa organización deberá asegurar tanto el buen uso de las importantes inversiones que deberán hacerse en infraestructura como la instalación de empresas apropiadas a sus finalidades. Dicho brevemente, se trata de promover eficazmente la industrialización de las aplicaciones tecnológicas de saberes científicos, preferentes pero no exclusivamente locales. La capacidad organizativa no es un rasgo típico argentino y, cuando se requiere además el buen encauzamiento de saberes científicos y tecnológicos, es tan escasa que sólo conozco cuatro instituciones (dos estatales y dos privadas) que lograron aunarlas exitosamente: Inta, Invap, la Fundación Favaloro y Tenaris. Si algún estudioso del tema conoce otra, me alegraría mucho reconocer públicamente mi error e incorporarla a la lista.
El Poder Ejecutivo rionegrino ha propuesto la constitución de un ente administrador bajo su dirección y con representantes del municipio, Invap, Altec y la Cámara de Comercio e Industria de Bariloche. Un ente tal, inevitablemente subordinado a los intereses partidarios del gobierno de turno, carecería totalmente de idoneidad técnica. En efecto, Bariloche no es una ciudad industrial, por lo que la citada cámara difícilmente encontrará entre sus asociados saberes significativos en este rubro. El único desarrollo tecnológico original de Altec fue fabricar computadoras, las que exportó a Estados Unidos en la década del 90, antes de convertirse en un intermediario para la compra sin concurso de productos de terceros. El municipio no tiene siquiera la capacidad de controlar bien las obras que licita, lo que se hizo públicamente evidente cuando se “pavimentó” la Avenida Juan Manuel de Rosas. Invap, que sí tiene probada capacidad tecnológica y organizativa, tendría un conflicto de intereses pues cualquier empresa tecnológica exitosa del Parque podría ser su competidora en algún rubro productivo.
El ente administrador debería ser, como en el caso de Invap, una sociedad del Estado no sectaria y no sujeta a los intereses clientelistas de ningún partido, dirigida por un directorio integrado por empresarios y tecnólogos. Éste podría estar presidido por un representante del Estado provincial o municipal con capacidad de veto, pero no de imposición de políticas productivas y de contratación de personal por otros motivos que no sean el interés social y la idoneidad tecnológica. El ente no debería contratar científicos cuyo ámbito natural de trabajo no sea un parque tecnológico sino las universidades o las empresas de desarrollos innovadoras (como Invap y Tenaris).
No es éste el único riesgo a evitar. Con posterioridad al lanzamiento de la iniciativa del PTB se crearon en el país muchos parques tecnológicos, algunos de ellos categorizados como “incubadores de empresas”, caso del Ubatec de la Universidad de Buenos Aires y el de la Universidad Nacional del Litoral. Estos parques, aunque usando fondos públicos, han tendido a promover el lucro privado. El PTB, con similar financiación, debe promover actividades socialmente valiosas para la zona, como la producción de fruta fina, la industria maderera de alto valor agregado y la fabricación de componentes electrónicos (como los leds) que casi no se elaboran en el país.
Las industrias artificiales (que son mayoritariamente negociados económicos o políticos) de Tierra del Fuego son el prototipo de lo que no se debe hacer: armaderos o máquinas de partes importadas sin ningún control de calidad, donde las marcas internacionales son por regla general sólo fachadas para encubrir la incorporación de componentes baratos y de mala factura de cualquier origen (si no lo creen, consulten a cualquier técnico de reconocida idoneidad que repare habitualmente artefactos de este origen). Ciertamente, no sería el PTB el lugar apropiado para la instalación de una cantera de extracción de áridos, como propuso en su momento el destituido intendente Omar Goye (véase el artículo del 23 de enero de 2012 en http://www.anbariloche. com.ar/noticias/2012/01/23/25971-), aunque tal vez sí de una planta modelo de extracción de oro con cianuro y bacterias en ciclo cerrado y no contaminante.
La zona de implantación del PTB es también un parque nacional, fruto del aporte de un científico y tecnólogo modelo que donó sus tierras iniciales y murió pobre y honesto (mérito hoy más que destacado): Francisco Pascasio Moreno. Se trata de la misma región donde otro visionario, el estadounidense Bailey Willis, con el apoyo del presidente Roque Sáenz Peña (autor de la ley de voto secreto y obligatorio) y del entonces ministro nacional de Obras Públicas Ezequiel Ramos Mejía, planificó en 1912-1914 la creación de un núcleo de progreso científico, tecnológico y social, la “ciudad industrial del Nahuel Huapi”, que incluía una conexión por ferrocarril con Chile. El PTB debe ser un prototipo de parque industrial, no sólo pasivamente “limpio” sino protector activo del medioambiente, lo que también requiere saberes y esfuerzos especiales.
La comisión legislativa responsable de la buena formulación de la ley de organización del PTB no ha convocado, al menos públicamente, a personas idóneas para la tarea. Ojalá sepan, en beneficio de todos y sin sectarismos, hacer honor a la responsabilidad que tendrán por los severos condicionamientos o el fructífero impulso que sus decisiones impondrán al futuro tecnológico de Bariloche.
Carlos E. Solivérez
Doctor en Física y diplomado en Ciencias Sociales, secretario de Estado de Ciencia y Técnica de Río Negro en 1987: csoliverez@gmail.com
Carlos E. Solivérez
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