Financiamiento e intolerancia
Luego de semanas en las cuales la intolerancia ocupó importantes espacios en casi todos los medios de comunicación, en las maratónicas sesiones de fin de año en la Legislatura neuquina se aprobó por mayoría la ley 2836 que autoriza a la Municipalidad de Neuquén a endeudarse por 200 millones de pesos. Se trató a los legisladores de “ignorantes”, se quiso avanzar sobre las facultades de un poder del Estado, en fin, cosas que no sirven al efecto de transformar realidades sociales y políticas que distan mucho del ideal. Votada la ley, vienen ahora las críticas a quienes tomamos la decisión de no votar afirmativamente la iniciativa. Lo llamativo es que no se discuten las razones argüidas sino que simplemente se cuestiona el hecho de pensar distinto, “pensás como quiero o no servís para nada”. Financiarse a través del crédito es razonable en algunas circunstancias, en otras no. Es razonable en situaciones críticas, cuando hay que equilibrar presupuestos, mantener niveles de inversión pública; cuando hay que financiar alguna obra de extrema necesidad o cuando aparecen oportunidades de financiamiento de bajo costo. La razonabilidad se pierde cuando estas razones no existen. La Municipalidad de Neuquén cuenta con un presupuesto equilibrado y tiene instrumentos jurídicos como la reserva fiscal de la ordenanza 10149/04, que crea dos fondos, uno de obras productivas que se nutre del 20% de las regalías hidrocarburíferas y otro anticíclico fiscal que se nutre del 12% de los ingresos por coparticipación. Es cierto que se debe hacer frente a la cancelación de los juicios por el otorgamiento de sumas no remunerativas a los trabajadores, pero también lo es que el presupuesto 2013 prevé recursos de coparticipación federal y provincial por 560 millones de pesos, monto que nutrirá al “fondo anticíclico fiscal” en 67 millones de pesos, con lo cual se demuestra que no es necesario el endeudamiento para tal fin. El otro objeto del endeudamiento es la realización de obra pública. En el 2012 el presupuesto incluyó partidas por 139,5 millones de pesos, las cuales no fueron ejecutadas en su totalidad. Para el 2013 el monto se incrementa a 161,5 millones, un 15,73% más. Sin dudas la ciudad cuenta con recursos suficientes para llevar adelante un plan de obra pública razonable. Recurrir al crédito sin antes gestionar acreencias como las que se tienen con el Estado provincial tampoco ayuda a justificar endeudamiento. En el 2007 se certificaron 17 millones de pesos que adeuda la Provincia al municipio, cifra a la que deben sumarse actualizaciones y nuevos devengamientos. Las generaciones futuras son nuestra responsabilidad, no las podemos hipotecar. Cuando se decidió pagar las sumas fijas en la gestión de Kloosterman no se tuvieron en cuenta las generaciones futuras; casi 20 años después se actúa en el mismo sentido, se sigue comprometiendo el futuro. Lejos de poner punto final a un problema, se posterga su solución “pateándolo” hacia adelante. También se compromete el futuro cuando se planifica la obra pública sin tener en cuenta problemas estructurales de una ciudad. Nadie pone en duda la necesidad de hacer pavimento, lo que se puede discutir es si constituye una prioridad en una ciudad que colapsa cuando llueve y donde el servicio de agua y saneamiento dista mucho de ser eficiente y su encuadramiento como prestador está muy lejos de resolverse. Se pueden o no compartir puntos de vista, lo que no se puede es invalidarlos a través de la diatriba. (*) Diputado provincial por la Unión Cívica Radical. Neuquén
ALEJANDRO VIDAL (*)