Fito y Charly, generosidad y lucidez
opinión
Juan mocciaro jmocciaro@rionegro.com.ar
Charly tiene una virtud entre tantas otras: sabe elegir a los músicos para sus bandas. En el 84 fue a buscar a Fito porque que era el mejor de todos y porque el pibe de Rosario lo admiraba como nadie, y eso a Charly también le gustaba. Así, con 21 años, Fito entró en la banda de su más admirado músico y participó de la grabación de un disco suyo: Piano Bar. Fito ya era un crack cuando escribía para Baglietto, pero con Charly aprendió a tocar, aprendió a construir una canción (que no es lo mismo que componerla), aprendió a grabar un disco, aprendió a tocar y a cantar. Treinta años después, Fito, el mejor alumno, acaso su único alumno pero el mejor de todos los posibles, le tiende su mano al maestro, en un gesto que no es sólo estético. Es el reconocimiento genuino al tipo del que supo aprender todo porque antes el tipo le abrió la puerta más grande de todas, la del set de grabación y de los escenarios del rock de Primera. Esta vez Charly decidió (sobre)vivir a su propia estrella y volver raro, pero extraordinariamente lúcido. Si acaso hubiera un casting de imitadores de Charly García, el auténtico perdería porque se parece más a una mala copia de sí mismo. Pero es extraño (o no), porque la mala copia es Say No More. El que subió al escenario del Espacio Duam el sábado pasado, en Neuquén, es un hombre de 61 años posmedicado, limpio y de una fragilidad sólo aparente. García está fuerte de cuerpo y mente. No podría, si no, estar al frente de semejante banda con semejante potencia. La variedad de instrumentos y los arreglos de cada canción son el resultado de un trabajo artístico surgido de ese hombre de 61 años, posmedicado y de fragilidad aparente. El García de antes no habría podido. El García de ahora salió de gira y Páez lo acompañó, como en los viejos tiempos, pero no tanto. Ahí estaba ellos, treinta años después. Y no es que García necesitara de Páez. Su fragilidad es sólo aparente. Ni Páez, de García. De ahí el valor del gesto. Todo generosidad lo de Páez de telonear a García nada menos que con su show más importante en años, “20 años de El amor después del amor”. Páez tocó, incluso apuró el paso y le dejó el escenario a García, que la gastó. Tres horas después, Páez volvió para ser el alumno que le muestra al maestro todo lo que sabe. Y nosotros ahí, viéndolo todo.
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