Gabriel García Márquez: El monumento vivo de la Ciudad de México

Por Redacción

Hace varias décadas la Ciudad de México estaba llena de grandes nombres: Frida Kahlo, Leon Trostky, Luis Buñuel, Leonora Carrington. De todos queda Gabriel García Márquez como el gran monumento vivo, cobijado por su silencio y pocas apariciones públicas.

El escritor colombiano, que el martes celebra sus 85 años, vive desde hace años en una casa de la calle Fuego en el sur de la ciudad, en una zona de suelo volcánico llamada el Pedregal de San Ángel.

Con su esposa Mercedes Barcha y sus dos hijos aún pequeños, llegó a México en 1961. Ahí escribió “Cien años de soledad” y recibió la noticia de que había ganado el Premio Nobel en 1982. Fue y vino de un lugar a otro, hasta que al final hizo de Ciudad de México su hogar.

Pasado el frenesí de 2007, cuando celebró de un solo golpe 80 años, 40 de la publicación de “Cien años de soledad” y 25 del Premio Nobel con grandes homenajes, la actividad de “Gabo” se redujo.

Y aunque aparece de vez en cuando en conciertos o festejos, no hace declaraciones públicas.

Hace menos de un mes “Gabo” estuvo entre el público en el Palacio de Bellas Artes por los 50 años de carrera de la cantante peruana Tania Libertad.

Con el pelo cano y el rostro cansado, se le vio ahí, sentado junto a su esposa Mercedes y la escritora Ángeles Mastretta en un palco al que se acercó el magnate Carlos Slim para saludarlos.

En México se respeta su ámbito privado y cuando aparece lo hace en un segundo plano: en un recital de Plácido Domingo, la inauguración del nuevo museo de Carlos Slim, un encuentro con Shakira.

“Momentos inolvidables con Gabriel García Márquez en México – Shak”, escribió la cantante en abril del año pasado en su cuenta de Twitter con una foto en la que aparece abrazada al novelista en México.

Desde “Memoria de mis putas tristes” en 2004 no ha publicado un nuevo libro. Sólo salió una recopilación de 22 sus discursos más emblemáticos con el título “Yo no vengo a decir un discurso” en 2010.

Hace tres años negó que hubiera dejado de escribir. “No sólo no es cierto, sino que lo único cierto es que no hago otra cosa que escribir”, dijo al diario bogotano “El Tiempo”. “Mi oficio no es publicar sino escribir. Yo sabré cuándo estén a punto de boca los pasteles que estoy horneando”.

Cuando México se volcó a su figura en 2009 por la presentación de la “biografía tolerada” escrita por el británico Gerald Martin, que se titula “Gabriel García Márquez: Un vida”, él ni se inmutó. Ni opinó sobre la obra ni asistió a la presentación.

En enero pasado el escritor mexicano Carlos Fuentes dedicó dos artículos en el diario “Reforma” a recordar cada detalle de su amistad con García Márquez, como si quisiera dejar grabadas las páginas comunes de sus vidas para que nunca se borren del recuerdo.

Uno se llamó “Gabo: Memorias de la memoria”, el otro “Gabo: Amigo de sus amigos”. “Biografía, confesión o novela requieren memoria, pues la memoria, dice Shakespeare, es el guardián de la mente. Un guardián, diría yo, que se radica en el presente para mirar con una cara al pasado y la otra al porvenir”, escribió.

Con el silencio de “Gabo” y la discreción de sus amigos, poco se sabe de las actividades y estado de salud del Premio Nobel.

“Cuando el éxito y la publicidad excesiva trataban de perturbar mi vida privada, la discreción y el tacto legendario de los mexicanos me permitieron encontrar el sosiego interior y el tiempo inviolable para proseguir sin descanso mi duro oficio de carpintero”, afirmó García Márquez en 1982 cuando vivía el fragor de los tiempos del Nobel.

Ahora, esa misma discreción acompaña el otoño del patriarca.

DPA