Regina tiene una heladería artesanal que revoluciona el postre con recetas de la chacra

La familia Gagliano está en el rubro gastronómico desde hace 6 años, pero los helados fue una idea que nació hace 2 años casi como un hobby.

Carlos, Isabel y Ceferino, los emprendedores reginenses.

Los postres ocupan un lugar importante en la vida de todos, de eso no hay dudas. Pero los helados tienen un encanto tan particular que todos quisiéramos saber cómo hacerlos de manera profesional. En realidad se puede, haciendo cursos y teniendo las herramientas que se usan en su elaboración. Así lo pensó Isabel Martínez, alma mater de la heladería Chabela, un emprendimiento familiar que se ubica en Regina.

Son tres las personas las dedicadas a la elaboración de helados desde hace dos años. “El equipo es de 3 personas: mi mamá, mi papá y yo, que además organizo eventos”, comentó Ceferino Gagliano, hijo de Carlos e Isabel, la cara visible del emprendimiento que trajo sabores como el helado de membrillo a la pasada Fiesta Nacional de la Manzana para que los conozcamos.

El salón de eventos y la fábrica de helados se encuentran en el corazón de la chacra familiar.


“Tenemos un salón de eventos con el que vamos a cumplir 6 años. Abrimos 2 meses antes de pandemia. Tuvimos un primer año complicado, pero salimos adelante. Siempre nos encargamos del servicio de catering para distintos eventos. Contábamos con 8 variedades de postres tradicionales de recetas italianas o españolas: flanes, crumbles, todo artesanal y todo de la mano de mi mamá ya que mi papá se hacía cargo de los fuegos”, recordó Ceferino.

Isabel ejerció más de 3 décadas la docencia. Se jubiló como directora, pero necesitaba seguir haciendo cosas. Así que se capacitó durante 6 meses en un curso que hizo de la Universidad Tecnológica Nacional de Buenos Aires y obtuvo su título de Maestro Heladero. “Un día, mi mamá aparece en casa con la idea de estudiar algo para entretenerse, mantenerse ocupada y surge la idea de algún curso relacionado a los servicios de catering”, comentó Ceferino.

Frambuesas al agua, de producción propia.


Con ahorros que cada uno tenía, se hizo un fondo en común y salieron rumbo a Buenos Aires a buscar la máquina para hacer helados que encontraron en una publicación on line. “Fue todo un caos ese viaje, de todo nos pasó, pero nos trajimos la máquina”, comentó entre risas Ceferino.

Tanto la heladería como el salón de eventos están ubicados en el corazón de la chacra familiar. Carlos es productor frutícola y Ceferino es abogado, pero apuestan a esta empresa que de a poco va creciendo. “Hemos comenzado a preparar el laboratorio o el lugar donde hacemos los helados. El mismo no tiene que tener ningún tipo de contaminación, ni siquiera de olores”, agregó.

Dulce de leche patagónico, con cerezas al marrasquino y nueces.


La creadora de las recetas es mi mamá. Ella es quién piensa los sabores y nosotros hacemos el resto, hasta la primera degustación para saber cómo quedan. En este momento estamos ampliando la fábrica con una cámara de frío grande y una sala de elaboración totalmente separada del salón de eventos”, explicó el emprendedor.

“Cuando empezamos con los helados no queríamos perder identidad. Heladerías hay un montón, queríamos diferenciarnos. Si vas a tomar un helado, que sepas qué materia prima tiene. Nosotros usamos los productos de la zona y mucho es cosecha de nuestra la chacra: higos, membrillo, peras, manzanas, cerezas, frutillas, frambuesas y hasta un árbol de kinotos tenemos. A partir de las conservas que hacemos son los gustos que elaboramos”, agregó.

Nonna Rosa tiene base de americana con whisky y zapallo en almíbar.


Después surgieron otros helados, combinaciones de gustos con base de mascarpone. “Cuando querés un contraste grande entre dos sabores, tenés que agregar algo medio ácido o amargo o que no sea tan dulce, el mascarpone es ideal para eso. Teníamos un helado que se llamaba batapone (batata con mascarpone), raro, pero gustaba. Era del clásico postre ‘queso y dulce’ que teníamos en el salón. Ahora es en versión helado”.

Isabel, de raíces italiana solía cocinar los “borrachuelos”. Una suerte de ñoquis que se amasan con vino y anís, luego se fríen en grasa de cerdo y por encima se los baña con miel. “Intentamos hacer un helado con ese sabor, pero al ponerle grasa no salía bien, no es fácil. Lo que hicimos fue una combinación de distintas cosas y aromatizamos el helado de manera natural, solemos utilizar naranja o limón. Así creamos un helado llamado “napanis” porque tiene naranja, pasas y anís”, dice orgulloso Ceferino.

Napanís, la combinación de pedacitos de naranja, pasas y anís.


Hace dos años que esta familia se dedica a la elaboración de helados, pero recién hace 1 año que los conocen bien. “Por día podemos llegar a fabricar 1000 kilos de helado. No estamos fabricando esa cantidad actualmente, porque para hacer todo eso tenés que estar 2 días antes preparando la material prima. Cortando naranja, pelando peras, manzanas, cocinando los frutos rojos, lleva mucho tiempo. Es delicado el proceso de producción al principio”, dijo Gagliano.

El primer helado



La primera elaboración fue un caos, según Ceferino. “No le habíamos agarrado la mano a la máquina. Cuando dejé caer el helado caliente a la tolva de frío, me olvidé de cerrar una perilla y tiré todo el helado. Fue así que tuvimos que tirar los primeros 10 baldes”, contó.

Kinotos al whisky.


El primer sabor que elaboraron fue de vainilla, luego americana, oreo y comenzaron las combinar. “Los más difíciles de hacer son chocolate con frutos rojos, por la cantidad de ingredientes que lleva y por que no los podés poner en cualquier momento porque se cocinan o cristalizan los frutos rojos. Cerezas al marrasquino, el de membrillo que si le errás con la proporción del azúcar cuando hacés dulce o jalea ya no queda bien. Tiene que estar equilibrado. Otro de los difíciles es el bailys, lleva varios ingredientes y tiempo de elaboración”, concluyó.

Local a la calle



“En el centro estamos terminando la primera sucursal a la calle. Calculamos que en 2 o 3 semanas estaremos inaugurando. El lugar está pensado para ser heladería, cafetería y pastelería, pero por ahora solo heladería. De todas formas, los helados se pueden pedir por delivery”, comentó Ceferino.

“Lo lindo es tener clientes que nos reconocen. Hay uno de Roca que cada 10 días se hace una escapada y se lleva un balde de helado. Probó el de membrillo en un evento y le encantó. Después unos chicos de Neuquén vienen de paseo cada 2 o 3 domingos. Se compran 6 o 7 medios kilos y se quedan todo el día”.


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