Gatos en la bolsa

El pleito, con aristas peligrosas, involucra a todo el peronismo y a fuerzas sociales pro kirchneristas.

Redacción

Por Redacción





DE DOMINGO A DOMINGO

Destruir un país, se destruye en poco tiempo, pero construirlo cuesta mucho, tal vez alguna generación”. El aserto lanzado por el intendente peronista de Tres de Febrero, el exsindicalista Hugo Curto, advierte con crudeza los riesgos que entraña la división en el movimiento obrero, en una instancia de convulsión financiera internacional y de tormentas en el mercado doméstico, sujeto a cambios constantes. Tras hacer un paréntesis, para descansar y despejar dudas, el metalúrgico Antonio Caló se reincorporó a la liza, para tratar de tomar la batuta de la CGT privilegiada por el gobierno, que quiere dar por concluida la etapa de Hugo Moyano, quien se hizo reelegir por la fracción que retiene el edificio de la calle Azopardo y rompió lanzas con Cristina Fernández. Curto es un dirigente que abreva en el justicialismo ortodoxo. No reniega ni del matrimonio Kirchner, ni del gobernador Daniel Scioli. Tampoco de Moyano, aunque en esta coyuntura le reprocha que yerra cuando “lleva las cosas al extremo” y se rebela contra la conducción de Cristina, que sigue teniendo el mando y los recursos para disciplinar al grueso de las huestes del amplio y multifacético Frente para la Victoria. De hecho, Caló afirmó que “no son los reclamos sino las formas” lo que lo separa de Moyano, a quien definió como excesivamente personalista. Tras lo cual anticipó a este diario que sus dos prioridades serán lograr la universalización del salario familiar y el incremento del mínimo no imponible. Luego, marcando su autonomía frente a quienes lo señalan como “títere” de la Rosada, hizo saber que no comparte los números sobre el costo de vida que difunde el Indec de Guillermo Moreno, y ubicó la inflación anual entre el 23 y el 24%. Caló tuvo que responder a las inquietudes expuestas por delegados metalúrgicos de todo el país. Reconoció que a la UOM, objetivamente, no le conviene tomar el bracero caliente en que se ha convertido la CGT desunida, y más cuando se avecinan conflictos por la predecible baja de la actividad económica. Sin embargo, dijo que sería necio no reconocer los “beneficios” que “el modelo” trajo aparejados para el conjunto de los asalariados y que por ello no le quitará el cuerpo al desafío y al compromiso asumido con la presidenta y otros secretarios generales, entre los que se cuenta el taxista Omar Viviani, ex mano derecha de Moyano. Al sincerarse frente a sus pares, reconoció que desconfía de “los Gordos”, habituados a las “pillerías”, aunque luego de idas y vueltas el titular de Luz y Fuerza, Oscar Lescano, le aseguró, cuando se encontraron en un restaurante porteño, que algunas críticas que le lanzaron durante su imprevista ausencia sólo fueron hechas para “mantener caliente el tema” y “de ninguna manera” significaron falta de apoyo efectivo en la lucha para aislar a Moyano. El camionero, por su parte, insistió en ser eje de un polo opositor, volvió a llamar “soberbia” a Cristina y vaticinó un final desastroso para sus rivales, a los que llamó gatos metidos en una bolsa. Predicador del diálogo y la no confrontación, Caló, al igual que Curto, no es proclive a dejar que Moyano se ahogue, pero el distanciamiento de éste con Cristina no parece tener vuelta atrás. En los actos de homenaje a Eva Perón, a 60 años de su desaparición física, recrudecieron los gestos divisionistas. Traidor, fue el epíteto menor que vertió Mario Ishii, titular del PJ de José C. Paz, al referirse a Moyano. Cristina, luego, encuadró al camionero en la categoría de “saboteador” que se junta con los enemigos del peronismo. Al replicar, Moyano atacó a “La Cámpora”, las huestes juveniles del kirchnerismo, y afirmó que “la sintonía fina” es una herramienta para “limitar las legítimas demandas de los trabajadores”. También señaló que los que se proclaman “evitistas”, sin mencionar “el genio de Perón”, en rigor no son peronistas sino “progresimios”, expresión que acuñó otro de sus laderos, el judicial Julio Piumato. “Que Moyano se haya juntado con (el Momo) Venegas es todo ganancia”, evaluaron en el oficialismo la alianza sellada en la CGT no reconocida con el jefe de los peones rurales, que a la vez hace buenas migas con el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, y el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri. “Abrazarse a ellos es agarrar un salvavidas de plomo” , deslizaron cerca de Caló. La puja en el campo sindical sucede cuando la administración política profundiza el esquema abierto en mayo del 2003, con el ascenso del viceministro Axel Kicillof y, según palabras de Cristina, “la recuperación de capacidades del Estado, en lo que es estrictamente competencia del Estado”. En la ceremonia en la que anunció el nuevo billete de 100 con el semblante de Eva Perón, que paulatinamente irá reemplazando al de Julio Argentino Roca, la presidenta rechazó a los economistas que “sólo trabajan para que los ricos sean cada vez más ricos” y se incluyó en el bando “de los economistas que trabajamos para que los pobres sean cada vez menos pobres”.

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Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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