Generosidad exagerada, pero no para jubilados





El nivel de generosidad asombra y más aún cuando se nos ocurre comparar números. Por ejemplo el premio a los empleados del Banco Nación, que percibieron 66.000 pesos por el cumpleaños número 130 de la entidad, que equivale a casi tres jubilaciones mínimas. O los 30.000 pesos por estudiante secundario a los que el Gobierno de Buenos Aires ayudará a pagar su viaje de estudios y que supera a una jubilación mínima.

Está claro que desde el 12 de septiembre, con la realización de las PASO, este tipo de anuncios se multiplicó buscando cambiar el curso del resultado electoral. Pero no hace otra cosa que reflejar desigualdades y desnudar prioridades.
Los jubilados no son prioridad para nadie. El Banco Nación aduce que este premio se paga desde hace 30 años y que es un derecho adquirido. Kicillof aseguró que la decisión forma parte de una “serie de medidas encaminadas a apuntalar a los sectores que más atrás quedaron”.

Pero deberíamos, en tren de priorizar, poner en primer lugar a los trabajadores de la salud, que pusieron el pecho a la pandemia y lo siguen haciendo. A la policía, que se plantó en miles de controles en el país, que se bancó el mal humor de la gente. A los empleados de los comercios que nunca dejaron de ir a sus lugares de trabajo. A los jubilados que no pueden llegar ni al 15 de cada mes. Y así podríamos seguir con la larga lista de prioridades racionales.

Ahí está la diferencia, en el modo de mirar lo prioritario y para qué. Los trabajadores de la salud son prioritarios en el cuidado de cada uno de nosotros, pero para otras ópticas, el debate de las prioridades apunta más a recuperar votos que a ser justos.

Desatinos más que prioridades, pero tendremos que acostumbrarnos a esto de acá al 14 de noviembre, porque intuyo como están las arcas del Estado, ese día aflojará tanta generosidad y habrá que empezar a pagar cada una de estas acciones.


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