Gente de “orden”
–Si se acepta que ninguna palabra es neutra, en la discursividad nacionalista la palabra “orden” emerge a modo de una significación muy fuerte. Promueve incluso cierta gestualidad en su pronunciación, cierto énfasis. Mussolini –por caso– en el balcón de Plaza Venecia con el mentón bien alto, los brazos en jarra. ¿Qué es la palabra “orden” en el nacionalismo que usted estudia?
– Es la manifestación de un instrumento de cambio, por lo tanto tiene una consideración ideológica muy fuerte en tanto define una concepción de la organización social que se propone como objetivo, que se busca. Es decir, es una concepción que hace a la sociedad, la política, el Estado. Para el caso concreto del nacionalismo en las etapas que yo investigo, la concepción rígida, terminante con que maneja el concepto de orden, abreva en lo militar… en la cultura, en lo formativo del poder militar, un espacio que por su naturaleza no hace a manejarse en términos de democracia…
–¿Le acreditan virtudes ausentes en el conjunto social?
– Y es ahí donde se equivocan porque creen que los militares, en tanto expresión de la organización social del país, están libres de las taras que hacen al conjunto del aparato institucional. Los colocan por afuera.
–¿Eso es Leopoldo Lugones a partir de su discurso de 1924?
–Sí, con su “ha llegado la hora de la espada” adscribe directamente a esa concepción. Sin embargo, hay otros hombres del nacionalismo como, por ejemplo, el cura Castellani que siempre se reservó espíritu crítico en relación con su pensamiento, que siempre advirtió lo engañoso que era creer que los militares eran la expresión excluyente de virtudes y eficiencia… No eran la “reserva moral” del país, como sostenía Lugones desde su duro enojo con los políticos…
–¿Cómo reflexionar hoy a Lugones, sus piruetas ideológicas, su “baúl de palabras”, como lo definió un cordobés?
–Es intenso, hay que asumirlo desde ese todo muy encontrado que produjo con su literatura, sus conductas, su actividad pública… su terminante final. En relación con su militarismo, todavía hay escritos suyos muy poco visitados. “La Patria fuerte” o “La Grande Argentina”, que es una colección de artículos… No todo el nacionalismo aceptaba este militarismo. Ernesto Palacios, por caso, sostenía que el “orden” tenía que ser la consecuencia de una dictadura popular, no la de un poder puntual… en todo caso el poder del consenso popular.
–¿Un César?
–Eso lo dice él en su libro “Catilina contra la dictadura de Roma” que es posterior a su desencanto con Uriburu… dice eso: Argentina necesita un César… Quisiera volver sobre Lugones. Hay que admitir en relación con él, que él propone la solución militar en un tiempo –los años 20– que marcha hacia la crisis del 30, pero desde una historia política del país donde los militares no han salido de los cuarteles por décadas… están ajenos a la política. En consecuencia podían ser vistos como alternativa, como solución… esto con independencia de lo sucedido después, que ya es otra historia…
–Si se acepta que ninguna palabra es neutra, en la discursividad nacionalista la palabra “orden” emerge a modo de una significación muy fuerte. Promueve incluso cierta gestualidad en su pronunciación, cierto énfasis. Mussolini –por caso– en el balcón de Plaza Venecia con el mentón bien alto, los brazos en jarra. ¿Qué es la palabra “orden” en el nacionalismo que usted estudia?
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