Guerra por diamantes en el Amazonas brasileño
Existe un fabuloso filón que ya dio piedras por 2.000 millones de dólares, pero está ubicado en una reserva donde se prohíbe la minería y
RESERVA ROOSEVELT, Brasil .- El filón de diamante con el que tropezó Antonio Jose dos Santos en lo profundo de la selva amazónica prometía riquezas inimaginables. Que estuviera en el corazón de una reserva habitada por fieros indígenas era sólo un detalle. Dos Santos no pensó en nada al cruzar, con su equipo amarrado en un morral, las fuertes corrientes del río que atraviesa la reserva, y luego escurrirse en la reserva sin que lo notaran los policías que la resguardan. Caminó por la selva a lo largo de cinco días, llevando a cuestas alimentos para dos semanas, para llegar al filón. Pero el 7 de abril, algo pasó. Los indígenas asesinaron brutalmente a 29 «garimpeiros'', como se conoce aquí a los mineros. «Mataron de inmediato a dos hombres. ¡Pa!¡, Pa! Después amarraron a los otros y los pusieron en fila. Los asesinaron como animales», agregó dos Santos, al afirmar que él y otros 200 buscadores estaban en la reserva al comenzar la matanza. «Escapé por una colina, y cuando regresé vi que ya habían descabezado al Loco Baiano, y que también le habían cortado los testículos'', dijo.
El brutal asesinato reavivó viejas preguntas: ¿A quién pertenece la riqueza de la reserva?, ¿qué leyes deben prevalecer?, ¿cómo aprovechar la vasta riqueza de la región preservando a la vez una antigua cultura?
La masacre se produjo tras cuatro años de fiebre minera en la que garimpeiros de todo Brasil corrieron para atrapar su parte del botín, a 3.380 kilómetros al noroeste de Río de Janeiro. Que la reserva -establecida en 1976 y que recibió su nombre en honor al presidente estadounidense Theodoro Roosevelt que la recorrió en 1913- sea un territorio plagado por la malaria pareció no disuadir a los pobres, y generalmente analfabetos garimpeiros pues al frente tenían la remota posibilidad de una rica veta de diamantes.
El flujo inesperado de dinero devastó la cultura de los indígenas Cinta Larga, alimentando el alcoholismo y el consumo de drogas. Pronto aparecieron enfermedades de transmisión sexual entre los 1.300 miembros de la fiera tribu.
El Ministerio de Minas y Energía de Brasil estima que, desde 1999, diamantes por unos 2.000 millones de dólares han salido de los 2,7 millones de hectáreas de la reserva, convirtiéndola en la mina más grande de Sudamérica. Según las leyes brasileñas, la minería es ilegal en las reservas, tanto como la presencia de no indígenas. Así, en 2002 el gobierno federal lanzó una gran operación para expulsar a miles de no indígenas de la reserva.
Pero la seducción de los diamantes -que garimpeiros afirman son los mejores vistos jamás- era demasiada para resistir. «Después que los garimpeiros fueron expulsados, encontraron otro lugar donde buscar. Los guerreros los sacaban, pero ellos seguían regresando. Finalmente los guerreros perdieron la paciencia y esto fue lo que pasó», dijo el jefe indio Pio Cinta Larga, quien como muchos indígenas brasileños utiliza el nombre de su etnia como apellido. «Fueron una advertencia. No queremos blancos aquí'', dijo.
Mientras Pio explicaba con calma cómo los asesinatos son perfectamente aceptables dentro de la cultura Cinta Larga, cuatro indígenas con los rostros pintados para la guerra permanecían parados detrás del cacique, sus arcos y flechas en apronte.
«Nosotros somos guerreros'', dijo. «Cuando no había hombres blancos, ninguna de las tribus eran amigas. Nos peleábamos y nos matábamos. Es así como resolvemos las cosas», dijo.
Ésa es también la forma en que los hombres blancos han resuelto sus problemas con los Cinta Larga.
Recuerdos del Caucho
«Casi todos los primeros contacto entre los Cinta Larga y los blancos han resultado en masacres. Para ellos ése es nuestro lenguaje político», explicó Carmen Junqueira, antropóloga que trabajó con la tribu desde 1978 hasta 1986. «Nosotros dimos el ejemplo''.
Exploradores de caucho masacraron a los Cinta Larga en 1958, 1959, y 1960.
La matanza más conocida ocurrió en 1962 cuando los caucheros arrasaron con una aldea Cinta Larga de unas 30 personas.
La Policía Federal estudia presentar acusaciones contra Pio y otros 11 indígenas por los asesinatos de abril, pero si alguno de ellos llega a cumplir condena se convertirá en un interrogante sobre lo que significa ser indígena en el Brasil moderno. Los indígenas tienen un estatus especial en Brasil. Solo los puede detener la Policía Federal, y si se los califica como inadaptados a la cultura vigente (no aculturados) no se les puede condenar.
Los primeros informes sobre lo que sucedió en la reserva fueron variados.
«Había muchas flechas en los cuerpos y fueron terriblemente golpeados. Parece que a algunos también les dispararon» , dijo Trajano Azevedo Fonseca, responsable en la zona de la oficina de Fundación Nacional del Indio (FUNAI), describiendo los asesinatos como la obra de un tribu primitiva en la selva.
Entretanto, los garimpeiros aseguran que sus colegas murieron en una balacera y describieron a los Cinta Larga como ciudadanos normales que visten a la moda y conducen camionetas modernas. Pero aunque nadie discute que las ganancias de los diamantes han permitido que los Cinta Larga quedaran bien armados, las autopsias mostraron que los mineros murieron a golpes de palos, o los tradicionales «bordunas'', pesados mazos con elaborados tallados. La brecha entre la moderna apariencia de los Cinta Larga y sus violentas costumbres podría haber llevado a los garimpeiros a subestimar la ferocidad de los indígenas.
¿Otro capítulo?
Es difícil imaginar a Pio Cinta Larga, con anteojos y su camiseta con el reconocido distintivo de un cocodrilo, como el líder de una tribu que se cree practicaba el canibalismo hasta no hace mucho.
Los garimpeiros y políticos locales, sin embargo, prefieren responsabilizar a una poderosa «mafia de diamantes'' que utiliza el estatus especial de los indígenas como un escudo detrás del cual puede realizar sus operaciones de contrabando. «Esto no fue un conflicto entre indígenas y garimpeiros. Fue una masacre que involucra al crimen organizado'', dijo Celio Renato de Silveira, un concejal en Espigao d'Oeste.
«Esta matanza fue coordinada por blancos. Lo hicieron para ahuyentar a los garimpeiros porque quieren quedarse con los diamantes. Pero no dará resultado'', aseguró Celso Fantim, del sindicato de los buscadores. «Los garimpeiros regresarán porque todos aquí tienen hambre y los indígenas los invitarán a regresar a cambio de una tarifa» por dejarlos explotar diamantes.
Michael Astor, AP
Nota asociada: La guerrilla que se esfumó en el aire
Nota asociada: La guerrilla que se esfumó en el aire
Comentarios