Hablemos de la pospandemia, si se puede

Mariano Vila *


El agotamiento psicológico y social de gran parte de la sociedad, que se empieza a reflejar en algunas encuestas (mezcladas con la grieta), obliga al gobierno a recalcular.


Si hay algo que sobra en este momento son números. No porque estén de más sino porque pululan miles de estadísticas. Dependiendo quién las diga o cómo se digan, buscan tener un impacto u otro.

Ejemplos: la pandemia generó una aceleración de la recesión en Argentina. La industria en abril cayó un 33,5% y la construcción un 75,6% comparándolo con mismo mes que en 2019. El mes de mayo cerró con niveles de transferencia entre el BCRA y el Tesoro Nacional inéditos. Más de un billón de pesos, o sea 55% de la base monetaria de diciembre de 2019 (y no llegamos a mitad de año aún). Por otro lado, el país tiene más de 23.000 casos confirmados infectados con . Casi 700 fallecidos, y más de 7.000 pacientes recuperados. Números, y más números.

Seguimos dependiendo de la famosa curva y su pico, de la continuidad de la cuarenta bajo nuevas restricciones, o no, y obviamente del default.

En simultáneo, y de manera cada vez más evidente, el gobierno nacional trata no solo de hacer frente a la crisis producto de la pandemia, sino al control de la agenda pública con intentos que aún no sabemos qué efectos tendrán. “Buscan oxigenar la agenda”, dicen algunos. El presidente de la nación y su equipo tratan de generar la atención con un cronograma de acciones ligadas a la pos pandemia.

Nuevo contrato social, encuentro con empresarios en diversos formatos (inclusive con aquellos que fueron tildados de “miserables”), visitas al interior del país, reunión de gabinete ampliado en el CCK, anuncio de intervención de empresas, etc. Difícil tratar de instalar un tema cuando la realidad global está en otro modo. Pero desde el punto de vista de la comunicación política es interesante analizarlo y hasta es aceptable. El agotamiento psicológico y social de gran parte de la sociedad, que se empieza a reflejar en algunas encuestas (mezcladas con la grieta política), obliga al gobierno a recalcular. O al menos a intentarlo. Obvio, la economía hace su juego.

El propio presidente varias veces habló sobre el dilema de la economía y la salud; un falso dilema, porque ambas áreas están íntimamente ligadas. La economía no funciona si no hay salud, y la salud necesita de la economía para respirar.

Dieciocho provincias pasaron a otro estadio. Las siglas definen un modo de vida hoy. No es lo mismo ser ASPO que DSPO. Muchos patagónicos lo está padeciendo y/o celebrando dependiendo el caso. La necesidad de mostrar otro país (como si eso fuese una virtud) más allá del AMBA queda de manifiesto cada vez más. Según el mismo gobierno, casi el 80% de las industrias y más del 80% del comercio a nivel nacional, no tiene restricciones para funcionar, aunque operen bajo “la nueva normalidad”. Los viajes del presidente Fernández así lo manifiestan. Paradójicamente, Villa La Angostura vuelve a ser noticia por el viaje de un presidente.

Sea como fuere, en gran medida seguimos dependiendo de la famosa curva y su pico, de la continuidad de la cuarenta bajo nuevas restricciones, o no, y obviamente del default.

¿Entramos o no? Si bien el gobierno puede hacer mil intentos para reflejar una agenda, la realidad es una sola y terminará estableciendo la verdad. En un mundo colapsado, no tenemos las herramientas necesarias para hablar de otra cosa de manera sostenida en el tiempo, si las consecuencias de la pandemia son tan grandes como se especula que sean. Pero de eso se trata, en algún momento tendremos que comenzar a hablar de otra cosa bajo la “nueva normalidad”.

*Analista y consultor político


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