Hacia una democracia convidativa




Ríos de tinta se escribieron y se siguen escribiendo sobre la crisis de la Democracia Representativa y constituye uno de los temas fetiches de la discusión política contemporánea. Podemos encontrar algunas pistas de ella en la brecha cada vez más inconmensurable entre la agenda de los representantes (agenda político/institucional)y la de los representados (agenda social/colectivos);la baja participación en los espacios institucionales del sistema (elecciones, partidos políticos, etc); la nueva dimensión del tiempo (esperar 4 años para resetear rumbos de políticas públicas es una eternidad en el mundo de historias de IG de 60 segundos) y la naturaleza sistémica y compleja de la(s) crisis (económica, social, sanitaria, ambiental, etc).


El emergente de esta crisis, que estalló con especial ferocidad en la Argentina del 2001, fueron los espacios y las experiencias de Democracia Participativa que florecieron sobre todo en cientos de municipios de todas las regiones del país.  a respuesta de estos dispositivos fue: acortar brechas y tiempos (funcionarios escuchando una vez al año opiniones sobre la marcha presupuestaria); sumar más voces y actores al debate y a las consultas anuales presupuestarias (sostenían en el tiempo la participación organizaciones cercanas a la gestión, los aportes no siempre eran vinculantes y pocas veces sobre temas estratégicos fueron y son algunas de sus mayores debilidades); y territorializar demandas y proyectos comunitarios.


A una Democracia que nos proponía sólo la hegemonía de los “representantes” el pueblo no gobierno ni delibera sino a través de sus representantes”), paulatinamente el juego se fue abriendo a una cuota importante para la hegemonía de los “representados” expresada en el conjunto de organizaciones y fuerzas vivas que eran ya parte de la dinámica institucional participativa de los gobiernos en estos casi 20 años de experiencias. Se conformó como una “planta permanente” de ciudadanos participativos, compenetrados e interesados con la cosa pública. La participación ciudadana volvió a achancharse: los espacios abiertos eran ocupados por los “profesionales de la participación” que dialogaban e interactuaban con los “profesionales de la gestión”.


La irrupción de los dispositivos de innovación pública abierta, como complemento a la estrategia de Gobierno Abierto en estados locales, provinciales y nacionales mejoraron la performance y la calidad de debates (y productos) de los espacios de participación ciudadana.


La irrupción de los dispositivos de innovación pública abierta, como complemento a la estrategia de Gobierno Abierto en estados locales, provinciales y nacionales mejoraron la performance y la calidad de debates (y productos) de los espacios de participación ciudadana.



Estos dispositivos se animaron a abrir desde el Estado espacios para transformar la realidad social, a fin de alcanzar nuevas y mejores respuestas a los desafíos complejos del presente generando nuevas formas de “hacer, pensar y actuar” en la gestión pública. Y co-crear valor público “con”/”desde”/”para” y (sobre todo)“entre” la ciudadanía no es implantar tecnología, sino modernizar procesos que mejoren la calidad de vida de las comunidades a través de ideas útiles, relevantes y escalables.


Y nadie sobra para ello, es “abrir” y preguntarse a cada paso: “están todos, todas, todes los que necesitamos para este desafío?”; “ se puede abrir más, se puede invitar a alguien más, nos estamos olvidando de alguien?”. Por ello desde el norte de la Patagonia, desde el Laboratorio de Innovación Pública del Ministerio de Ciudadanía del Gobierno de la provincia del Neuquén (NQN-LAB*) venimos abonando esta idea, necesitamos avanzar un paso más, agregar otro adjetivo a nuestra democracia. Y creemos que es “convidar”.


Convidar viene del latín medieval convitare, y se funden en ella otras dos palabras maravillosas: invitare y convivium. La primera es recibir a alguien de nuestro entorno y estimularlo para que actúe por voluntad propia. La segunda es el banquete, la celebración del acto de vida en común.


Es un imperativo ético de la gestión pública en el marco de esta nueva realidad, arbitrar los medios (y los fines) hacia una Democracia Convidativa que abra las puertas de lo institucional para dejarse permear por lo extitucional; convocar a los diferentes, a los que están más lejos, a los que nos incomodan, a los invisibles, a los que tienen algo para decir o compartir; a los que no tienen el ejercicio de la participación en el debate de la cosa pública; ir más allá del convencimiento de los parroquianos de la primera fila de la iglesia, iluminar a los que pispean del fondo; invitar a los que dejaron de venir al templo; más aún, ir a la casa a convocar personalmente a los que dejaron de creer!


Hay que abrir lo institucional para dejarse permear por lo extitucional; convocar a los diferentes, a los que están más lejos, a los que nos incomodan, a los invisibles…



¿Cómo pensar que frente a lo complejo de los retos de esta nueva realidad podemos anteponer soluciones simples, con los de siempre y con lo de siempre!? Adjetivar de “convidativa” a nuestra democracia es “ir al encuentro” de esas otras voces, ideas y aportes valiosos que están en el ecosistema de lo público y no se sienten convocados/as a los espacios instituidos; no alcanza con un flyer en redes o un spot radial invitando a sumarse.


Convidar es definir con claridad el motivo del banquete común y elaborar puntillosamente la lista de invitados: equilibrar territorios, garantizar la perspectiva de género; visibilizar experiencias ciudadanas exitosas; sumar a expertos de la academia y sabios de las comunidades; incluir ciudadanos organizados y sobre todo desorganizados; invitar a escuchar (no solo en gesto) y quedarse (no sólo en la apertura) a técnicos y funcionarios de las temáticas en discusión y de otras raramente convocadas a pensar fuera de sus cajas burocráticas. Convidar es invitar a la ciudadanía y a los decisores gubernamentales, a que sumen colaborativamente aportes y voluntades para co-crear valor público (promover derechos, mejorar servicios públicos y/o satisfacer demandas sociales); y sobre todo convocarlos/as a ser parte del mayor acto político de nuestra vida en común: ¡la democracia!


* Director Provincial de Gestión Estratégica Coordinador del NQN-LAB. Ministerio de Ciudadanía. Gobierno de la Provincia del Neuquén.


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