“¿Hasta dónde somos iguales ante la ley?”
El caso del sargento Aigo pone al descubierto una vez más un tema tan sensible como el de la igualdad ante la ley. Sin entrar en detalles escabrosos, ¿cómo hubiese actuado la Justicia ante un ciudadano “común” si hubiese estado en esa camioneta, en las mismas circunstancias, y no hubiese sido el hijo de un intendente? Y cuando digo “ciudadano común” me refiero a los que trabajamos todos los días, transpiramos la camiseta y hacemos cola para tomar un Indalo, llegamos tarde a casa y hacemos malabares económicos para llegar a fin de mes. ¿Realmente somos todos iguales ante la ley? ¿Cómo interpreta esa igualdad la Justicia? ¿Cuál es el parámetro para medir la igualdad de uno y otro? Me sigo preguntando qué nos pasaría si no fuéramos ricos y famosos o tuviéramos un apellido ilustre y le hubiésemos pegado un balazo en la cabeza a nuestro cónyuge en Año Nuevo… ¿estaríamos “en tratamiento psicológico” como la viuda de Soria? Los proveedores del Estado provincial tuvieron que armar carpas y dormir varias noches frente a la Gobernación para que les pagaran una miseria de sus deudas; ¿son iguales ante la ley que los proveedores de la familia de Patricia Ruiz, que cobraron con sobreprecios en tiempo y forma? Los ricos y famosos involucrados en los crímenes ocurridos en los countries de Buenos Aires y Córdoba, ¿tienen el mismo tratamiento procesal y penal que recibiría el implicado en un delito ocurrido en un barrio neuquino? ¿Hasta dónde somos iguales o cuán iguales somos, comparados con el hijo de un intendente, el familiar de una funcionaria o el habitante de un country? Casi en el mismo momento en que nuestro gobernador leía el largo discurso de apertura de sesiones parlamentarias, el Registro Civil de diagonal Alvear y Carlos H. Rodríguez de Neuquén era cerrado al público durante una hora y media antes para atender al hijo y a la Sra. del gobernador porque tenían que hacer “unos trámites de rutina”. ¿Eso es igualdad? Nosotros debemos soportar largas colas a la intemperie, en invierno y verano (siempre y cuando no estén de paro), para realizar trámites o consultas, pero el hijo y la esposa de apellido célebre tienen todo un registro nacional con sus empleados incluidos a su disposición. Ésa es la igualdad que nos ganamos… “Qué lo parió”, diría Mendieta. Eduardo Banchero DNI 11.703.392 Neuquén