“Hay que profesionalizar la gestión del Estado”

Doctor en Ciencias Políticas, Straface sostiene que la presidenta Cristina se traiciona a sí misma dañando su propio poder, al insistir en un ejercicio insular del mando. Está convencido, además, de que la burocracia estatal debe contar con cuerpos gerenciales meritocráticos.

Redacción

Por Redacción

entrevista: A Fernando Straface, politólogo, director ejecutivo del CIPPEC

CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com

– Leímos un artículo suyo en el que reflexiona sobre “El club de los presidentes”, editado hace poco en EE. UU.

– Sí, sí. Viví ocho años en los EE. UU, sigo mucho su historia, su política. Se trata del club de presidentes creado hace más de sesenta años por los expresidentes Herbert Hoover y Harry Truman… El libro es de Nancy Gibbs y Michael Duffy. Reflexiona sobre ese espacio, cómo ha funcionado en tanto a lo que yo defino como lugar de “retro-legitimación” de los mandatarios que ya no están en el poder: que se comportan como una base de asistencia al presidente en vigencia y son un respaldo a la valoración pública de la institución presidencial… En EE. UU. está siempre abierta la posibilidad de “la foto de los presidentes”…

– …la foto de Ford, Carter, Bush padre, Clinton, todos tomados de la mano despidiendo a Richard Nixon antes de que su cuerpo fuera llevado a Yorba Linda, California, donde fue enterrado. Reagan ya estaba muy enfermo, de ahí su ausencia…

– Una foto imposible aquí. Ni siquiera para un momento así. Aquí nunca se alentó la reflexión conjunta de expresidentes por encima de sus diferencias. Raúl Alfonsín lo ignoró a Arturo Frondizi; Carlos Menem marcó siempre diferencias con Alfonsín en términos muy ilustrativos: “huyeron del gobierno”. Duhalde y Kirchner definieron en Menem… todo…

– …¿ausencia de todo bien, presencia de todo mal?

– Algo de eso, sí, sí. De la Rúa, cuando su gobierno era un tembladeral, buscó a Menem y a Alfonsín, pero con ambos terminó en discusiones que, en el marco del proceso que se vivía, eran estériles. Aquí los expresidentes no cuentan a la hora de la reflexión de causas nacionales de primer orden.

-Ricardo Balbín, por caso, se negó a hablar con Arturo Frondizi para zanjar la crisis que finalmente terminó con el gobierno de éste, cosa que sí hizo Aramburu, con independencia de los resultados.

– Por eso digo en el artículo que usted mencionó, que entre los aspectos más negativos que tiene nuestro presidencialismo está el hecho de que se asienta más en las personas y su estilo y forma de ejercer el poder, que en las instituciones que construyen la institución presidente.

– Nixon era vice de Eissenhower y pierde la elección presidencial con Kennedy. Pero es el único político de los EE.UU. que insiste y llega a la Casa Blanca en el ´68. El resto de los que han perdido, se corrieron para siempre. ¿Es más de la antropología que de la política determinar por qué aquí no sucede lo mismo?

– Es posible… Y es notable cómo les lima poder, imagen el hecho de que no se replieguen. Alfonsín siguió y siguió manejando la UCR, Menem ha renunciado a regañadientes a buscar de nuevo la presidencia, a Kirchner lo detuvo su muerte, Duhalde perdió dos veces. Hay dictados muy individualistas en todas estas conductas… no les agrada la idea de oxigenar al sistema político aportando ellos su repliegue y marchar a una reserva de experiencia, consulta, de reflexión apropiada en tanto hombres de Estado. Y por no asumirse desde ese espacio, han pagado altos costos…

– ¿Por ejemplo?

– Si aceptamos que el sistema político argentino está signado en su funcionamiento por las prácticas objetivas, por lógicas irreductibles, en todo caso muy binarias, bueno… está demostrado que estos expresidentes han sido blanco de las vicisitudes propias del funcionamiento del sistema, con todo lo que ello implica en materia de desgaste, de limado de poder, de imagen… como decíamos hace un momento. Todo posibilitado por el hecho de que se quedaron en lo que yo defino como “terrenalidad”, un sitio distante del que deberían ocupar como expresidentes.

– ¿La visión binaria con que se practica la política y se ejerce poder, es la centralidad de los problemas del sistema político?

– Abona, no es todo el problema. Porque de hecho el sistema funciona muy rengo: no hay sistema de partidos y desde la oposición esto conlleva un singular déficit para trabajar sobre la agenda política del gobierno nacional… trabajar en clave a interpelarla, tanto en el plano del Congreso como en el de los órganos de control.

– Pero esto tampoco parece favorecer en mucho al gobierno. ¿Se engaña el gobierno con el “favor” que le llega desde la debilidad del sistema político?

– Se engaña, claro. Pero indudablemente desde su percepción e intereses en materia de ejercicio del poder, no lo computa como un engaño. Porque esto tiene que ver con el ejercicio insular del poder que es propio del kirchnerismo, de la presidenta concretamente. Insular en línea con la toma de decisiones, asumirlas desde la exclusión terminante de toda otra opinión, de reflexionar la toma de decisión computando miras diferentes, encontradas. Y este tipo de ejercicio del poder, a la larga, gravita -en términos de deterioro- en la calidad de gestión, lo cual alienta el desencanto en el gobernado que espera siempre mejor calidad de gestión. Porque una cuestión es lo que uno espera en el inicio de un proceso de gestión, y otra muy distinta suele ser lo que espera con el desarrollo, ya en años, de ese proceso… con este gobierno, concretamente.

– ¿Cómo es esto último?

– Este gobierno, tomando como punto de partida el 2003 cuando asumió Néstor Kirchner, tuvo que construir poder desde muy poco, con la sociedad mirándolo. Huelga recordar de dónde venía el país en materia de crisis. Pero era una sociedad que comprendió, que dejó hacer, que le sumaba al gobierno en la ganas de salir adelante. Yo he escrito recientemente que esas razones sostuvieron mucho de la legitimidad de las decisiones adoptadas, aun en marcos de desprolijidades. Pero pasados nueve años, no es aventurado afirmar que esté abierta la posibilidad de que esa legitimidad, que defino como “concentrada en períodos de ilusión”, puede hoy estar perdiéndose vía pérdida de confianza en el gobierno, porque la insistencia en manejarse vía la insularidad en la toma de decisiones y todo lo que esto conlleva, bueno… reduce su capacidad, debilita crecientemente las instituciones. Y más inquietante es la aplicación de este método cuando el país tiene desafíos muy importantes en escenarios muy interrelacionados, claro…

– ¿Cuáles?

– Fiscales, productivos; el tema federal, monetario… Todo esto tiene que ver con la sociedad, por supuesto. Es una pena que sigan por este derrotero, porque la realidad dice que, aun en un contexto internacional muy crítico, esta situación no deja de brindarle oportunidades a Argentina. Pero el gobierno se crea muchos de sus propios problemas… Y esto lo vive y practica en términos de cultura muy intensa. Interviene con decisiones efectistas, como las adoptadas en relación al dólar, pero inmediatamente cosecha reproducción de problemas…

– ¿Hay patología en todo este estilo?

– No me gusta meter lo psicológico en la política, pero…

– ¿Por qué la política no aborda temas cuya gravedad adquiere proyecciones crecientemente alarmantes: el desequilibrio demográfico, la baja calidad de las burocracias estatales?

– Mucho de la política en términos de dirigencia, de ejercicio de poder, se beneficia de esos problemas… les libera estilos de ejercer el poder: clientelismo y etc, etc… Y los dos temas que usted menciona están, o demorados en la agenda de la política, o su existencia no garantiza que sean abordados, debatidos. Desde el Cippec, por caso, en nuestro reciente trabajo “100 políticas para potenciar el desarrollo” hemos propuesto -por caso- medidas tendientes a recuperar la gestión del Estado. Proponemos generar un cuerpo gerencial meritocrático, sustentado en la formación y bien pago. Decimos que hay que recuperar el sentido de la carrera en el Estado. Hay que concursar públicamente para cargos directivos. Mire, entre el 2001 y el 2011 -y esto está en nuestro trabajo- se suspendieron prácticamente todos los concursos para liderar direcciones y otros planos jerárquicos… El argumento siempre fue el mismo: la excepcionalidad de la situación y la emergencia… En fin…


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