«Sin desagües no habrá nada»: la histórica movilización de Villa Regina por la tierra y el agua
La caravana de los colonos de 1936 no solo expuso la urgencia técnica de las obras de riego en la región, sino también el compromiso ético y la disciplina de una comunidad decidida a salvar su futuro.
En abril de 1936, Villa Regina fue el escenario de la primera manifestación de colonos de la región. Movilizados por una situación crítica, los pobladores se organizaron de forma colectiva para presentarse ante la Intendencia de Riego. Allí entregaron un petitorio urgente para exigir el arreglo de los desagües del pueblo, ya que el revenimiento de las aguas estaba arruinando las tierras y provocando su pérdida.
Este movimiento estuvo representado por una comisión de vecinos integrada por el doctor Avelino Gutiérrez, el Ing. Felipe Bonoli y los señores Saverio Mazzacuratti, Emilio Bignani, Alfonso Fiordelli, Ernesto De Bórtoli, Jaime Picotti, Guido Rosatti, José Alemanni, Luis Berola, Valentín Castellani, Francisco M. Vecchi, Isaac Garrido, Guillermo Dóñilo, José Vesprini, Mario Vicchi, Felipe Galleta, Vicente Pesce, Jorge Fedié, Antonio Della Schiava y José Perlini. Todos ellos ya venían enviando constantes cartas a los poderes públicos para remediar una crisis que amenazaba con desatar un desastre en la colonia, lo que causaría el éxodo de los habitantes y un golpe devastador para la economía de todo el valle.

El recorrido de la caravana y las demandas del pueblo
La jornada de protesta paralizó por completo las actividades del pueblo vecino. Unas 400 personas se movilizaron en automóviles, formando una caravana que llamaba la atención por su impecable nivel de organización. Portando carteles, los manifestantes se dirigieron en primer lugar a las oficinas de la Intendencia de Riego. Allí, la comisión le entregó un memorial con sus peticiones al intendente, el Ing. Agustín Llanos, quien se comprometió a elevar el reclamo a las autoridades superiores. Posteriormente, la columna marchó hacia la dirección de este diario, donde descendieron el Dr. Gutiérrez, el Ing. Bonoli y el señor Pesce para ser recibidos por el director. Finalmente, la caravana se trasladó a la sucursal del Banco de la Nación Argentina para solicitar el apoyo de la gerencia ante el gobierno nacional, antes de emprender el regreso a la colonia de Regina.
Un fragmento de la angustiosa nota presentada rezaba: “Los colonos regantes de las Zonas VIII y XVI del Alto Valle del Río Negro que hacemos producir estas tierras con nuestro trabajo, los comerciantes e industriales vinculados a la zona, en tanto que las tierras producen y el pueblo en general, venimos una vez más impelidos por la angustiosa situación en que nos encontramos a pedir encarecidamente a la Dirección de Irrigación, como entidad técnica y asesora que es de los estamentos ejecutivos, legislativos judiciales de la Nación, informe a dichos estamentos, con la urgencia que el caso requiere, acerca del pésimo estado a que han llegado las tierras por faltarles desagües.
Consideramos justo y encomiable que el señor Intendente y la Dirección General de Irrigación, aprecien este complejo asunto con el criterio científico y técnico que es de su propia incumbencia. A nuestro parecer deben apreciarse a la vez con un criterio político, de colonización y nacionalización de una zona frontera. Con criterio administrativo, de producción y consumo. Con criterio agrícola, de clasificación, calidad y aptitud de tierras, para la producción. Con un criterio providencial, de ayuda a un menor recién venido a la vida, y que se halla en principio de evolución. Con criterio humano, de aliviar las angustias que pesan sobre nosotros por no poder sacar de las tierras el rendimiento que legítimamente deben darnos. Con criterio moral, pues que hemos sido atraídos a la zona, por el incentivo del agua fecundante y fe en la producción y, al poco tiempo de asentados en ella, nos vemos precisados a abandonarla perdiéndolo todo, ánimo, trabajo y dinero.
La raíz primaria de todas estas derivaciones está en el problema fundamental de los desagües, en la resolución que se de a este problema, y en la producción que se obtenga de las tierras una vez resuelto como corresponde, pues si no hay buenos desagües no habrá producción, y si no hay producción, no habrá población, ni colonización, ni consumo, ni comercio, ni industrias, ni transportes, ni cultura. En suma, no habrá, nada […]»

Además del legítimo reclamo de los colonos, resulta llamativa la manera de detallar cuál era la forma de llevar a cabo su manifestación: “A los efectos de un orden perfecto los vehículos van numerados y para cada cinco vehículos hay un dirigente encargado de mantener el orden. Hay, además, un inspector general de movilidad ligera, que irá y vendrá y se pondrá en contacto con los dirigentes de grupo a fin de que el orden sea perfecto. Cada vehículo debe guardar su posición numerada y si un vehículo tuviera que detenerse por desperfectos, sus ocupantes se repartirán entre los demás vehículos del grupo a que él pertenece, y el vehículo pasará a la cola. Los vehículos se detendrán en el perfecto orden en que van en la estación Stefenelli para una vez que hayan llegado todos dirigirnos reunidos a la Intendencia de Riego.
Recomendamos orden y silencio. Mucho orden.
Villa Regina, marzo 30 de 1936”
Un reclamo, pero también una organización que no debía desdibujar el objetivo que los convocaba.
En abril de 1936, Villa Regina fue el escenario de la primera manifestación de colonos de la región. Movilizados por una situación crítica, los pobladores se organizaron de forma colectiva para presentarse ante la Intendencia de Riego. Allí entregaron un petitorio urgente para exigir el arreglo de los desagües del pueblo, ya que el revenimiento de las aguas estaba arruinando las tierras y provocando su pérdida.
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