Hugo Lerner: “El psicoanálisis debe salir del encierro nostálgico”



Ezequiel Mario Martínez*


P: ¿Cómo surge el título del libro? ¿Qué hay más allá de la neurosis?

R: Cuando Freud construye su monumental obra, abordó básicamente los cuadros neuróticos. No hay dudas de que el sujeto del siglo XXI ha variado en relación con el de principios del siglo XX y también han cambiado los cuadros patológicos o han aparecido otros. Es indiscutible que ahora estamos más asediados por los cuadros fronterizos, los trastornos narcisistas, los pacientes del vacío. Los sufrimientos no son nuevos, son distintos o tienen distintas causas y el psicoanálisis debe ocuparse de estos cambios.

P: ¿De qué manera interpela al psicoanálisis? ¿Cuáles son los temas y métodos que la práctica psicoanalítica actual debe discutir?

R: Muchos psicoanalistas llegan a la conclusión de que el psicoanálisis no reclama renovación, y su moderación, junto con su autocomplacencia, les genera una ilusión de permanencia casi ahistórica. Los “disidentes”, los “inconformistas”, en cambio propugnan la necesidad de cambios incesantes para que el psicoanálisis siga dando pelea dentro de la Babel de la salud mental. Un tema que el psicoanálisis ha descuidado se refiere al lugar que ocupa el contexto sociohistórico en la producción de subjetividad. Castoriadis ha planteado con firmeza el modo en que lo histórico-social incide en la producción de subjetividad. Es irrefutable que una sociedad con crisis, ausencia de credibilidad en la dirigencia política, violencia, desocupación, sensación de desmembramiento tendrá consecuencias en la constitución subjetiva. Los argentinos tenemos sobradas experiencias al respecto. Para que alguien se integre a su medio y se convierta en sujeto, debe contar con un medio estable y previsible. Las técnicas y las prácticas deben amoldarse a estos movimientos contextuales.

P:¿De qué forma se ha transformado la forma de abordar y caracterizar a los adolescentes?

R: Una atractiva proposición es la de abordar la adolescencia como producción socio-histórica. Las sociedades primitivas no tenían nuestra noción de adolescencia, sino que ejecutaban ritos de iniciación que, al ser transitados por los jóvenes, quedaban a partir de ese acto ubicados como adultos, con todos los deberes y derechos que conllevaba. No concebían la adolescencia como un período de la vida colmado de tempestades, convulsiones y tensiones, como lo caracteriza nuestra cultura actual. La adolescencia sería un fenómeno propio de determinadas formaciones sociales occidentales, específicamente de las sociedades capitalistas urbanas; también sería, de alguna forma, un efecto de su modelo económico de producción y distribución del trabajo.

P: ¿Es posible construir un diálogo con otras disciplinas?

R: No solo es posible, es un imperativo. El psicoanálisis, por momentos quedó atrapado en la suposición estéril de que la concentración de saber es nuestra, que durante muchos momentos de nuestra historia fueron instaladas hasta la extenuación y que sólo fortalecieron los ya sólidos argumentos de los escépticos hacia nuestra disciplina. Entonces planteo: no al encierro nostalgioso de una “primavera pasada” en la cual el psicoanálisis pretendía ser un discurso único y sí a un intercambio con las demás disciplinas, para intentar arribar a un conocimiento más profundo y ecuménico de la clínica en la salud mental actual. Yo digo sí a la “incomodidad” de la interdisciplina, de la incertidumbre y el pensamiento complejo.

P:¿Cuáles son tus referentes en el mundo del psicoanálisis?

R: Muchos. Por supuesto Freud sigue siendo un pilar importante, siguen Winnicott, Green. Aulagnier, Castoriadis, y muchos más. Entre los argentinos Hornstein y Silvia Bleichmar.

Las sociedades primitivas no tenían nuestra noción de adolescencia, sino que ejecutaban ritos de iniciación a la edad adulta

P: ¿Cuáles son los riesgos de la psicofarmacología?

R: El riesgo es la hipermedicalización que observo en la actualidad: “Si sufre tome una pildora”. En los últimos tiempos el “bálsamo” elegido por muchos colegas ha sido la consulta a un psicofarmacólogo, que, si bien resulta necesaria e imprescindible en muchos casos, es inaceptable como camino que excluya la aproximación psicoanalítica. Psicofarmacología y psicoanálisis deberán operar en conjunto, cuando realmente sea necesario.

P: ¿Qué consejos le darías a los analistas en formación?

R: Primero que se analicen, sin esta experiencia es muy difícil comprender los vericuetos del propio inconsciente y el de los demás. Segundo que supervisen sus casos clínicos con colegas de mayor experiencia y por último que lean y estudien todo lo que puedan y a todos los autores importantes del psicoanálisis sin quedar encerrados en una lectura parcializada, religiosa, fanática atrás de algún autor determinado, que los alejará inevitablemente de los interrogantes que todo psicoanalista debe formularse.


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