Humo rojo

Trata de aglutinar a mandatarios e intendentes peronistas e impulsa internas para todos los cargos.

Redacción

Por Redacción

Los problemas están y hay que corregirlos, pero hablando mal y pronto no existen hipótesis de que se vaya todo a la mierda, como en 1989 (final caótico del mandato de Carlos Menem) o 2001 (salida trágica de Fernando De la Rúa)”. Las palabras del economista Dante Sica, ante un auditorio de metalúrgicos que defienden “el modelo industrial” en vísperas de un cambio de etapa cada vez más evidente, sepultaron las versiones golpistas a las que dio lugar la polémica acerca de la capacidad de influir en la opinión pública por parte de un “círculo rojo”, puesto sobre el tapete por el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri. Es decir que el fantasma desestabilizador, agitado por la propia presidenta Cristina Fernández y al que el piquetero Luis D´Elía le puso fecha (el 8N), nombres y apellidos, fue interpretado en la propia ciudadela oficial –en la que se cuentan gobernadores e intendentes peronistas- apenas como parte de una estratagema para recuperar votos en las legislativas del 27 de octubre. A las medidas de urgencia, entre las que se incluyen la elevación sustancial del impuesto a las ganancias para la cuarta categoría y la apertura del canje para tratar de darle un corte a la demanda de los “fondos buitres”, se sumaron en la semana que pasó señales concretas para revertir el malestar ciudadano por la inseguridad. En tal sentido, es trascendente la decisión del gobernador Daniel Scioli, cada vez con mayor participación abarcadora en el justicialismo, de catapultar como ministro del área a uno de los “barones” del conurbano, Alejandro Granados, de Ezeiza. Enfrentado “a matar o morir” con ladrones que habían ingresado a su domicilio, hace cerca de 15 años, será una suerte de “sheriff” que coordinará tareas preventivas, a las que transitoriamente se plegaron efectivos de Gendarmería, con otros popes comunales que en la actualidad debaten la conveniencia de pegar el salto hacia el equipo que conduce el tigrense en ascenso Sergio Massa. En paralelo, y con la venia del secretario del área nacional, Sergio Berni, un coronel en actividad con línea directa con Cristina, el primer candidato del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, Martín Insaurralde (quien ya había reconocido el daño inflacionario) propuso bajar la edad de imputabilidad, a 14 años, a los menores delincuentes. Las perspectivas para dentro de siete semanas favorecen a Massa, que podría sacarle aún más ventaja a Insaurralde (en agosto fue del 5.5). Tal circunstancia no parece quitarle el sueño a Scioli, quien más que dar vuelta el resultado en forma espectacular, apuesta a consolidar los números y, si es posible, elevarlos por encima del 30 por ciento. Después de haber sido un incondicional, el mandatario aspira ser el eje de la reorganización peronista, garantizándole a cambio a Cristina -en los dos años que restan hasta el 2015- salvaguardar su rol de conductora. Ello no implicará, empero, darle juego irrestricto, como hasta ahora, a las huestes juveniles de Unidos y Organizados, que responden a Máximo y Alicia Kirchner. Es más, Scioli está recogiendo adhesiones para que una gran interna (como la que protagonizaron Antonio Cafiero y Menem), se traslade luego a todos los cargos electivos. “No hay otro camino que la democracia puertas adentro”, recita el excampeón de motonáutica. Por ahora no dirá nada en referencia al futuro de Massa, aunque lo rebaja al indicar que éste compite con Insaurralde y no con él, y que todavía debe resolver su trato con Macri. De hecho, el porteño se presenta como un renovador alérgico a la pelea pejotista y admite que el acuerdo que hizo con el intendente de Tigre en Buenos Aires tiene el único propósito de ponerle un límite al “autoritarismo” de Cristina. “Ya no tendrá vigencia cuando la carrera hacia el 2015 esté desatada”, afirma su consultor ecuatoriano Jaime Duran Barba. Colaboradores de Scioli aseguraron a “Río Negro” que, si predomina el clima de moderación y consenso en rechazar cualquier derrumbe institucional abrupto, no habría que descarta un ofrecimiento a Massa, para competir en el plato peronista. Esto no significará sujetarse al kirchnerismo, como acaba de resaltar hasta uno de los más fanáticos defensores del proyecto abierto en mayo de 2003, el diputado Carlos Kunkel. “Mejor juntos que divididos. Si vas por fuera, te aislarás y eso los compañeros no lo perdonarán”, fue el mensaje reservado de Scioli a Massa. Por supuesto, el gobernador se reservaría la vía hacia la primera magistratura, enfrentando a Macri y a algún postulante del segmento radical-socialista, y le ofrecería al joven alcalde concentrarse primero en la poltrona que deja vacante en La Plata. Proyectar estas variables es hacer futurología, porque todavía habrá que sopesar la reacción de Cristina cuando tome conciencia de que nada dura para siempre y que no hay una alternativa superviviente separada de Scioli. Sectores políticos y gremiales del peronismo son críticos del proceder de los dirigentes de “Kolina” y “La Cámpora” (el jefe de bloque de senadores del FpV, Miguel Pichetto, acaba de pedir disculpas por manifestaciones ofensivas del titular de Aerolíneas, Mariano Recalde, hacia legisladores). “No son militantes, son portadores de chequera”, sostuvo un K porteño que entre las nuevas metas, si es que hay un cambio de gabinete antes de fin de año, ofrecerá acotar el asistencialismo para promover la cultura del trabajo, como en el primer ciclo movimientista. Ni Massa, y mucho menos los seguidores de Scioli, aceptan la teoría esbozada por el expresidente Eduardo Duhalde, sobre la cordura presidencial. “Hoy Duhalde no mueve el amperímetro”, señalan, sin dejar de apuntar que Cristina tendrá la difícil misión de mejorar variables estructurales para entregar el país en mejores condiciones dentro de poco más de dos años.

Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar

DE DOMINGO A DOMINGO


Los problemas están y hay que corregirlos, pero hablando mal y pronto no existen hipótesis de que se vaya todo a la mierda, como en 1989 (final caótico del mandato de Carlos Menem) o 2001 (salida trágica de Fernando De la Rúa)”. Las palabras del economista Dante Sica, ante un auditorio de metalúrgicos que defienden “el modelo industrial” en vísperas de un cambio de etapa cada vez más evidente, sepultaron las versiones golpistas a las que dio lugar la polémica acerca de la capacidad de influir en la opinión pública por parte de un “círculo rojo”, puesto sobre el tapete por el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri. Es decir que el fantasma desestabilizador, agitado por la propia presidenta Cristina Fernández y al que el piquetero Luis D´Elía le puso fecha (el 8N), nombres y apellidos, fue interpretado en la propia ciudadela oficial –en la que se cuentan gobernadores e intendentes peronistas- apenas como parte de una estratagema para recuperar votos en las legislativas del 27 de octubre. A las medidas de urgencia, entre las que se incluyen la elevación sustancial del impuesto a las ganancias para la cuarta categoría y la apertura del canje para tratar de darle un corte a la demanda de los “fondos buitres”, se sumaron en la semana que pasó señales concretas para revertir el malestar ciudadano por la inseguridad. En tal sentido, es trascendente la decisión del gobernador Daniel Scioli, cada vez con mayor participación abarcadora en el justicialismo, de catapultar como ministro del área a uno de los “barones” del conurbano, Alejandro Granados, de Ezeiza. Enfrentado “a matar o morir” con ladrones que habían ingresado a su domicilio, hace cerca de 15 años, será una suerte de “sheriff” que coordinará tareas preventivas, a las que transitoriamente se plegaron efectivos de Gendarmería, con otros popes comunales que en la actualidad debaten la conveniencia de pegar el salto hacia el equipo que conduce el tigrense en ascenso Sergio Massa. En paralelo, y con la venia del secretario del área nacional, Sergio Berni, un coronel en actividad con línea directa con Cristina, el primer candidato del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, Martín Insaurralde (quien ya había reconocido el daño inflacionario) propuso bajar la edad de imputabilidad, a 14 años, a los menores delincuentes. Las perspectivas para dentro de siete semanas favorecen a Massa, que podría sacarle aún más ventaja a Insaurralde (en agosto fue del 5.5). Tal circunstancia no parece quitarle el sueño a Scioli, quien más que dar vuelta el resultado en forma espectacular, apuesta a consolidar los números y, si es posible, elevarlos por encima del 30 por ciento. Después de haber sido un incondicional, el mandatario aspira ser el eje de la reorganización peronista, garantizándole a cambio a Cristina -en los dos años que restan hasta el 2015- salvaguardar su rol de conductora. Ello no implicará, empero, darle juego irrestricto, como hasta ahora, a las huestes juveniles de Unidos y Organizados, que responden a Máximo y Alicia Kirchner. Es más, Scioli está recogiendo adhesiones para que una gran interna (como la que protagonizaron Antonio Cafiero y Menem), se traslade luego a todos los cargos electivos. “No hay otro camino que la democracia puertas adentro”, recita el excampeón de motonáutica. Por ahora no dirá nada en referencia al futuro de Massa, aunque lo rebaja al indicar que éste compite con Insaurralde y no con él, y que todavía debe resolver su trato con Macri. De hecho, el porteño se presenta como un renovador alérgico a la pelea pejotista y admite que el acuerdo que hizo con el intendente de Tigre en Buenos Aires tiene el único propósito de ponerle un límite al “autoritarismo” de Cristina. “Ya no tendrá vigencia cuando la carrera hacia el 2015 esté desatada”, afirma su consultor ecuatoriano Jaime Duran Barba. Colaboradores de Scioli aseguraron a “Río Negro” que, si predomina el clima de moderación y consenso en rechazar cualquier derrumbe institucional abrupto, no habría que descarta un ofrecimiento a Massa, para competir en el plato peronista. Esto no significará sujetarse al kirchnerismo, como acaba de resaltar hasta uno de los más fanáticos defensores del proyecto abierto en mayo de 2003, el diputado Carlos Kunkel. “Mejor juntos que divididos. Si vas por fuera, te aislarás y eso los compañeros no lo perdonarán”, fue el mensaje reservado de Scioli a Massa. Por supuesto, el gobernador se reservaría la vía hacia la primera magistratura, enfrentando a Macri y a algún postulante del segmento radical-socialista, y le ofrecería al joven alcalde concentrarse primero en la poltrona que deja vacante en La Plata. Proyectar estas variables es hacer futurología, porque todavía habrá que sopesar la reacción de Cristina cuando tome conciencia de que nada dura para siempre y que no hay una alternativa superviviente separada de Scioli. Sectores políticos y gremiales del peronismo son críticos del proceder de los dirigentes de “Kolina” y “La Cámpora” (el jefe de bloque de senadores del FpV, Miguel Pichetto, acaba de pedir disculpas por manifestaciones ofensivas del titular de Aerolíneas, Mariano Recalde, hacia legisladores). “No son militantes, son portadores de chequera”, sostuvo un K porteño que entre las nuevas metas, si es que hay un cambio de gabinete antes de fin de año, ofrecerá acotar el asistencialismo para promover la cultura del trabajo, como en el primer ciclo movimientista. Ni Massa, y mucho menos los seguidores de Scioli, aceptan la teoría esbozada por el expresidente Eduardo Duhalde, sobre la cordura presidencial. “Hoy Duhalde no mueve el amperímetro”, señalan, sin dejar de apuntar que Cristina tendrá la difícil misión de mejorar variables estructurales para entregar el país en mejores condiciones dentro de poco más de dos años.

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