Idiotez
Sentado en la barra de un bar en Palermo, Isidoro Reyes abre un mail en su celular: “Los cuatro alimentos que…”, empieza el título que no termina de leer: “Debe ser una terrible idiotez”, bufa. Una morocha se apoya en la barra y pide un gin tonic. “Otro para mí”, añade Reyes. Ella lo ignora y él sabe que le quedan pocos segundos para que no se le escape. Levanta una frapera y se la alcanza al barman, calculando que algo de la transpiración que cubre el metal caiga sobre el brazo de ella. – Flaco, me estás mojando –se fastidia ella. – No puedo evitarlo. – Ah, además de idiota, ¿sos gracioso? – Bastante. – … – Bue, no me di cuenta… Te pido disculpas… Ademá, tengo esto es para vos –dice Reyes, dándole un medallón de chocolate relleno con menta. Sin decir nada, ella acepta el regalo. Reyes insiste, busca convencerla de que no es para tanto, que hay cosas más graves. Ella cambia los monosílabos por frases más largas. Empiezan a hablar. Indiferencia, enojo, guerra fría, coqueteo. Ya se ríe con los absurdos chistes de Reyes. Lo mira fijo, se acomoda el pelo. Le cuenta que fue sola al bar porque necesitaba divertirse, despejarse. Reyes está convencido: “Esta será una gran noche”. Piden rabas y otra ronda de gin tonic. Al rato, ella le advierte que necesita comer algo más para no emborracharse: “Y no quiero perder la elegancia”. En tren de complacerla, Reyes le dice “sí” a todo: más gin tonic, rabas, té de menta –¡¿en serio té de menta?!–, chocolate con menta, lo que sea… Pasan horas hablando. Se confiesan sus sueños, sus temores. Muestran sus mejores cartas. Bordean el pasado amoroso pero enseguida coinciden en lo “copado” que es estar solteros, sonríen, sabiendo que se mienten. – Mañana laburo temprano, así que ya es hora de irme. – ¿Justo ahora te vas? –se inquieta Reyes. – Pensé que me ibas a acompañar, me da un poco de miedo irme sola –murmura ella. Reyes prefiere ni mirar el total de la cuenta y paga con tarjeta. En esos minutos de silencio, repasan en sus cabezas la charla, lo que dijeron y lo que no dijeron. Salen del bar, caminan. – Sos bastante alta, eh. – No la quieras arreglar, dijiste que no te gustaban las petisas. – Las que son más petisas que yo, quise decir. – Bue, sos bastante patético. Además estás borracho. – Imagino que esa es tu forma de ser cariñosa, más allá de cierta intolerancia a los piropos. – Piropos fáciles… Es acá –dice ella, a las dos cuadras de haber salido del bar. – Dicen que los edificios como éste son peligrosos por la noche para mujeres ebrias. Todavía tienen esos viejos incineradores escondidos, ascensores con puertas que atacan dedos… Es imposible que llegues segura a tu departamento. En el ascensor, Reyes mira su celular. La pantalla sigue en el mail que le había enviado su amigo: “Los cuatro alimentos que debés evitar si querés tener sexo. Hay ciertas comidas que tienen propiedades afrodisíacas. Otras reducen tu líbido a cero, sin escape, y son: 1) Gin tonic, 2) Soja, 3) Menta, 4) Frituras”.
Juan Ignacio Pereyra