“Indalo contribuyó a arruinarme el día”

Redacción

Por Redacción

Soy –ya lo conté inútilmente por este medio varias veces– uno más de los castigados usuarios neuquinos de la empresa de transporte Indalo. ¿Qué más decir a esta altura sobre el tema que no hayamos dicho ya tantas veces? “Es campana de palo la razón de los pobres”, dijo alguien… ¿quién iría a escucharla? Aclaro que me refiero pura y exclusivamente al marco de esta provincia y de esta ciudad en que vivo, ya que muy otro es el cantar a nivel nacional, donde sí la cuestión del transporte es atendida en alto grado. Fue el domingo, pero pudo ser cualquier otro día de un sinfín de jornadas en las que este transporte contribuyó, una vez más, a arruinarme completamente el día. Una hora y media esperando el paso de alguna de las cinco líneas en vano, con frío y el estómago doliendo, en la calle, sin refugio, intentando llegar a un evento familiar en el que me esperaban especialmente. Y cancelar todo (impensable el carísimo taxi) y tener que desandar caminando las cuadras que había intentado desde mi casa en busca de otro cruce de calles alternativo que creí con más posibilidades para encontrar alguna línea que aunque más no fuera me acercara algo al destino. Y volver, entonces, exhausto y derrotado, medio enfermo ya y con el pensamiento de siempre, el de la absoluta indiferencia de los funcionarios públicos, que debieran haberse hecho cargo de esta insoportable y repetida historia. Sean de la provincia, sean de la ciudad, la certeza es que a los gobernantes neuquinos con respecto a los humildes les cabe ese dicho que graciosamente suelen utilizar los españoles: “les importan un pimiento” los padecimientos de la población. Nada, cero de cero, un átomo, un comino o un pingo a la vela, como se quiera graficar. Esto es tan diáfano, tan sencillo de entender cuando uno, en ese eterno tiempo en que en vano espera, con enojo en aumento que llega a ser casi ira, se da a recordar que jamás conoció o vio a un dirigente político (del gobierno provincial o municipal, es indistinto) alguna vez tomando un colectivo. Es entonces cuando sabe que no hay respuesta ni la habrá, porque no les afecta, porque ellos se dirigen siempre en sus lujosos vehículos y bien poco o nada les interesa la suerte del prójimo peatón. El gobierno es un modo de negocio aquí, una rentable ocupación que muy poco tiene que ver con acción real para la comunidad. Es como esos jueces (podrían ser los de la Corte Suprema) que habitan cercados barrios privados con guardias pretorianas y perros feroces que destrozarían al pobre ratero que osara rasguñarles algo de su opulencia, con sueldos siderales (por los que no pagan Ganancias); los que andan con vidrios polarizados que los ocultan del afuera y que ¡increíblemente imparten “justicia”! para el común de los mortales del que nada saben ni conocen, esos ajenos extraños que incluyen por ejemplo, en la región, a los usuarios de colectivos de la empresa Indalo. Las elecciones municipales se aproximan. Tal vez ningún candidato sepa que tendría asegurado el triunfo en las urnas con el solo hecho de prometer abordar, sin verso y de verdad, el insufrible problema del hoy cuasi inexistente transporte público. Pero no lo saben, simplemente porque ellos no toman el colectivo. Alejandro Flynn, DNI 12.566.136 Neuquén

Alejandro Flynn, DNI 12.566.136 Neuquén


Soy –ya lo conté inútilmente por este medio varias veces– uno más de los castigados usuarios neuquinos de la empresa de transporte Indalo. ¿Qué más decir a esta altura sobre el tema que no hayamos dicho ya tantas veces? “Es campana de palo la razón de los pobres”, dijo alguien... ¿quién iría a escucharla? Aclaro que me refiero pura y exclusivamente al marco de esta provincia y de esta ciudad en que vivo, ya que muy otro es el cantar a nivel nacional, donde sí la cuestión del transporte es atendida en alto grado. Fue el domingo, pero pudo ser cualquier otro día de un sinfín de jornadas en las que este transporte contribuyó, una vez más, a arruinarme completamente el día. Una hora y media esperando el paso de alguna de las cinco líneas en vano, con frío y el estómago doliendo, en la calle, sin refugio, intentando llegar a un evento familiar en el que me esperaban especialmente. Y cancelar todo (impensable el carísimo taxi) y tener que desandar caminando las cuadras que había intentado desde mi casa en busca de otro cruce de calles alternativo que creí con más posibilidades para encontrar alguna línea que aunque más no fuera me acercara algo al destino. Y volver, entonces, exhausto y derrotado, medio enfermo ya y con el pensamiento de siempre, el de la absoluta indiferencia de los funcionarios públicos, que debieran haberse hecho cargo de esta insoportable y repetida historia. Sean de la provincia, sean de la ciudad, la certeza es que a los gobernantes neuquinos con respecto a los humildes les cabe ese dicho que graciosamente suelen utilizar los españoles: “les importan un pimiento” los padecimientos de la población. Nada, cero de cero, un átomo, un comino o un pingo a la vela, como se quiera graficar. Esto es tan diáfano, tan sencillo de entender cuando uno, en ese eterno tiempo en que en vano espera, con enojo en aumento que llega a ser casi ira, se da a recordar que jamás conoció o vio a un dirigente político (del gobierno provincial o municipal, es indistinto) alguna vez tomando un colectivo. Es entonces cuando sabe que no hay respuesta ni la habrá, porque no les afecta, porque ellos se dirigen siempre en sus lujosos vehículos y bien poco o nada les interesa la suerte del prójimo peatón. El gobierno es un modo de negocio aquí, una rentable ocupación que muy poco tiene que ver con acción real para la comunidad. Es como esos jueces (podrían ser los de la Corte Suprema) que habitan cercados barrios privados con guardias pretorianas y perros feroces que destrozarían al pobre ratero que osara rasguñarles algo de su opulencia, con sueldos siderales (por los que no pagan Ganancias); los que andan con vidrios polarizados que los ocultan del afuera y que ¡increíblemente imparten “justicia”! para el común de los mortales del que nada saben ni conocen, esos ajenos extraños que incluyen por ejemplo, en la región, a los usuarios de colectivos de la empresa Indalo. Las elecciones municipales se aproximan. Tal vez ningún candidato sepa que tendría asegurado el triunfo en las urnas con el solo hecho de prometer abordar, sin verso y de verdad, el insufrible problema del hoy cuasi inexistente transporte público. Pero no lo saben, simplemente porque ellos no toman el colectivo. Alejandro Flynn, DNI 12.566.136 Neuquén

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora