Inquietudes peronistas
Mayor poder justicialista piden sus aliados a Alberto Weretilneck.Escollos en cerrar acuerdos primarios entre Pichetto y Soria.
DE DOMINGO A DOMINGO
Llegó el estímulo petrolero. Weretilneck firmó con YPF y generó entusiasmo por los recursos que arribarán.
No hay felicidad plena. El logro se diluyó con la renuncia de Haroldo Lebed, la forzada sesión para debatir el decreto/ley de reajuste de las obras y los embrionarios planteos de aliados justicialistas.
El acuerdo con YPF reabre el debate petrolero. Este trámite será simple. No habrá semejanzas con Petrobras. La oposición pichettista en la Legislatura no planteará objeciones. Lamenta el arribo de fondos para Weretilneck pero confía en que esa inversión favorezca finalmente a su futuro gobierno.
El aporte directo de YPF será de 46 millones de dólares. El 50% llegará en el primer bimestre. Serán cerca de 180 millones de pesos, excluida la parte de los municipios. Río Negro negocia con otras cinco empresas, estimando de 40 a 60 millones de dólares para el primer cuatrimestre.
Aquella buena noticia contrasta con otro desgarro. Se fue Haroldo Lebed de Agricultura por reales motivos personales y de salud. Concluyó una gestión malograda. Lebed quedó desguarnecido con la pelea de Río Negro con Nación. Perdió canales de financiamientos y, últimamente, advirtió también grietas en su blindado vínculo con Miguel Pichetto. Desde ese sector aparecieron fuertes censuras. Tampoco la Nación respetaba las formas. El ministro se enteró por la prensa de que su par nacional entregó 997.000 pesos a una entidad ganadera de San Antonio Oeste mientras él penaba por los desembolsos de sus programas.
Es perturbador también el estilo del gobernador, que devalúa mandos con sus contactos y órdenes directas a los subordinados. Igual se acomodó al esquema y, por caso, se liberó del andar de Fruticultura.
Lebed se fue, pero antes concurrió a cónclaves peronistas donde se evaluó si es posible un resguardo sectorial en los planes políticos y electorales de Weretilneck. Ese núcleo interpreta que la médula del gobierno está en su integración.
¿Qué pasa? Asoman tironeos entre quienes ostentan esta pertenencia política y aquellos extraños a ella, pero bien cercanos a Weretilneck. Allí también está en discusión qué vida habrá después del 2015.
Una cena en la Residencia delineó actores y pensamientos. El albertismo se sintetizó en el legislador Facundo López y el ministro Luis Di Giacomo. No asistieron pero, entre otros, en ese grupo influyente están Elbi y Nelson Cides. El peronismo participó con el vicegobernador Pedro Pesatti, la presidenta del bloque Roxana Fernández, la legisladora Sandra Recalt y los miembros del gabinete Ricardo Arroyo, Matías Rulli, Alejandro Palmieri y Guillermo Gesualdo. Faltó Weretilneck, supo de los riesgos.
Una primera divisoria. El albertismo planteó no reglamentar las PASO y no aplicarlas. Pesatti cruzó a López y defendió esa elección. Quebrará acuerdos entre Pichetto y el intendente Martín Soria, cree el vice. El legislador entiende que esa primaria instalará la superioridad del PJ-FpV y después será difícil revertirla. Esa disputa explica por qué Pesatti en Bariloche fue concluyente en la aplicación de las PASO. Mensaje para Weretilneck.
El otro eje de la reunión podría enfocarse en el avance de la gestión y la necesidad de “peronizar el gobierno”. La raíz del recelo interno afloró -con toda crudeza- con la visión de Arroyo. “Acá hay un general, el gobernador, y el resto somos todos soldados. No soy empleado de nadie. No estoy por gratitud. Hago política y así renuncié a mi banca por el proyecto”. Tradujo así que en el poder de Weretilneck no hay reconocimientos políticos. Pesatti y Rulli esbozaron cierta defensa, pero Arroyo los culpó porque cerraron -sin consultarlo- un acuerdo de subsidios sociales con la Uocra.
La cuestión no era con los peronistas, Arroyo -más allá de los desaciertos en su cartera- expuso un resquemor colectivo con los albertistas. Pesatti no tiene tan concluyente mirada, aun sus broncas con ese entorno. “El error es creer que tienen poder porque llevan papelitos con órdenes de Alberto”, sintetizó luego otro partícipe peronista.
Sea como fuere, son matices de un escozor en la entraña gubernamental. Weretilneck escuchó la versión de Pesatti y Fernández. Relatos moderados. Esa dupla defiende al mandatario, valora el lugar que se les asignó y, a su vez, piensa en la contención de los peronistas. Ellos tampoco están exentos de disgustos. Por caso, Fernández se sorprendió al saber que su gobernador se juntó con su histórico oponente en Sierra Grande, el exintendente radical Nelson Irribarren. Formaba parte de su amplio sondeo para el Frente que pergeña el mandatario. “No hay nada cerrado”, es su defensa.
Sus socios responden con parecida volatilidad. Pesatti esquiva respaldar cualquier paquete cerrado de Weretilneck 2015. “Faltan muchas definiciones”, se amuralló ante ANB.
“Los peronistas son los que definen su protagonismo”, repite el gobernador, transfiriendo culpas en que los roles se ejercen y no se reclaman.
“Necesitamos de los peronistas”, lanzó López en la Residencia. Al otro día se fue Lebed; mientras, Arroyo habla y repara vínculos con Soria. Igual, la planeada reclusión es más amplia y dependerá de las peleas en el PJ, especialmente entre el senador y el intendente roquense.
La fragilidad de esa estrategia está en su dependencia de las conductas de otros. ¿Qué pasará si esa fractura no se concreta?
Pichetto, por ahora, no logró cerrar con Soria, que pidió tiempo. Fijaron un límite para febrero. El intendente no resolvió qué hará. El viernes, el Consejo del PJ se juntará en Roca para convocar el Congreso. El intendente no abandonó su idea de sancionar a los peronistas aliados a Weretilneck. El senador reniega de ese camino.
El despliegue de Pichetto con técnicos fue un buen comienzo, a pesar de las dudas por los antagonismos expuestos. Un caso: el adjunto de Unter, Marcelo Nervi, y el exministro de Educación, Marcelo Mango, quien volvió a encabezar un acto escolar al entregar el viernes en Viedma aulas digitales, con el senador.
Gustavo Casas estaba signado para manejar aquel encuentro. Pichetto lo había anunciado. El arquitecto es un referente sorista. Al final, la coordinación recayó en el rector de la UNRN, Juan Carlos Del Bello. Casas ni apareció. Hay quienes dicen que no aceptó secundar a Del Bello. Otros afirman que Soria le sugirió que se corriera.
La desavenencia es menor, pero se potencia por la precaria relación entre Pichetto y Soria. “Yo no me voy a pelear”, promete el senador. “No somos lo mismo, pero tengo un límite: que no siga Weretilneck”, repite el roquense. Son aspiraciones que deberán vertebrar en un efectivo entendimiento. Por ahora hay complicaciones.
El oficialismo tiene las suyas. Esta semana tendrá que resolver su complejo decreto/ley en la Legislatura, destinado a pagar montos retroactivos a las constructoras. No quería ese debate pero cedió al tratamiento parlamentario frente a las censuras, encaminadas a una denuncia penal.
Esa discusión es un peligro político para el gobierno si, como hasta ahora, persiste en el ocultamiento o la carencia de información. No será, en todo caso, su primera aventura.
Adrián Pecollo adrianpecollo@rionegro.com.ar