Interna incómoda

El gobernador Jorge Sapag mantiene firme su alineamiento con la presidenta y habla a puertas cerradas con Sobisch.

Por Redacción

gerardo bilardo gbilardo@rionegro.com.ar

El Movimiento Popular Neuquino se divide públicamente frente al kirchnerismo. Hasta aquí había transitado el camino sin exhibicionismo discursivo, pero la interna por los cargos en el Congreso de la Nación abrió la compuerta y el debate empezó a fluir con potencia. “No tenemos ningún compromiso con el gobierno nacional, no podemos decir que somos aliados cuando se están llevando todo”, dijo esta semana en Cutral Co Guillermo Pereyra, precandidato a senador que desafía crecientemente la estrategia de respaldo que desplegó, desde que asumió, el gobernador Jorge Sapag con el kirchnerismo. Pereyra, el conductor del gremio de los petroleros privados que permanece solidificado en el cargo y segundo hombre en la estructura de conducción de la opositora CGT de Hugo Moyano, sostiene que “Neuquén da mucho con sus recursos y nada vuelve en obras”. Mientras Pereyra formulaba estas declaraciones de campaña, el gobernador se encontraba en la Casa Rosada junto a 35 intendentes y 20 presidentes de comisiones de fomento presentando ante Julio de Vido y otros funcionarios nacionales proyectos de obras que requerirán inversiones del orden de los 200 millones de pesos para ser incluidas en el plan Más Cerca que se canaliza desde el Ministerio de Planificación de la Nación. “Queremos decirles que nosotros nos sentimos profundamente identificados con la tarea que lidera la presidenta de la Nación y decirles que la provincia de Neuquén está encolumnada en construir, a partir de nuestras potencialidades naturales, la patria grande, la patria solidaria, la patria libre y una patria con dignidad para nuestro pueblo”, dijo Sapag en el discurso que pronunció ante funcionarios del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. En el medio de estos mensajes desalineados que conviven dentro del partido provincial, intervino con una nada inocente declaración el presidente del MPN Jorge Sobisch. “El partido tiene dos corrientes perfectamente definidas, una que adhiere al kirchnerismo y otra que no adhiere. Usted sabe dónde estoy, no tengo que dar explicaciones donde estoy”, dijo el exgobernador. De la expresión de Sobisch se interpreta que él y Pereyra están del mismo lado, aunque esto no siempre haya sido así en la historia reciente. En septiembre de 2008 Pereyra, a consecuencia de una valoración positiva que hizo Sobisch sobre el dirigente petrolero, sostuvo que el exgobernador le había hecho “muchísimo daño al partido” y que “lo mejor” que podía hacer era “retirarse de la política”. En aquel entonces, el actual presidente del partido aludió a Pereyra como “un amigo” en un acto del MPN, pero el sindicalista, que formó parte del equipo de gobierno en la segunda gestión del exgobernador, le respondió con el decálogo antisobischista: “Quiere volver al ruedo para terminar de liquidar el partido. Gobernó cuatro años a espaldas de Nación. No tenemos viviendas. Entregó una provincia en ruinas. Con juicios por todos lados, como el caso Temux y otras cosas pendientes en la Justicia Penal como el caso Fuentealba”. ¿Es posible que el tiempo haya licuado las diferencias? Pereyra no ha actualizado, al menos públicamente, su pensamiento sobre el presidente de su partido, pero un repaso de sus actos permite recordar sus habilidades como contorsionista de la política. En este escenario de opiniones divididas sobre la relación que debe tener el MPN con el gobierno nacional se produjo el martes pasado una reunión entre Sapag y Sobisch. No trascendieron detalles de un encuentro que el gobernador mantuvo en reserva mientras que el presidente del partido lo dio a conocer. Sobisch se limitó a informar que existió la reunión, no descartó otros contactos con Sapag en los próximos días y dijo que hablaron de la campaña para la elección de concejales del 30 de junio próximo, a la que le atribuyó un significado especial por su proyección a las legislativas nacionales y a las provinciales del 2015. Si bien hay cinco reservas en el MPN para presentarse a las internas abiertas y simultáneas del 11 de agosto, nadie formalizó la presentación. Se puede interpretar que esta demora obedece a alguna esperanza latente de cerrar una lista de unidad o al menos de alcanzar un acuerdo con Pereyra. La voz cuestionadora y opositora del dirigente petrolero es un problema para Sapag en su planteo de mantener una buena relación con la Casa Rosada. La estrategia del actual mandatario con el gobierno nacional no es muy diferente de lo que hicieron sus antecesores cuando les tocó gobernar. Por su característica de partido local, el MPN mantuvo una constante estrategia negociadora con el poder central, que a veces le dio ganancias y otras nada. El período de más extenso aislamiento fue el tramo en el que convivieron las gestiones de Sobisch y Néstor Kirchner, pero aquella decisión no fue tanto por convicción sino por el interés del entonces gobernador de Neuquén de disputar en la elección por la presidencia de la Nación, una ambición que se tradujo en una insignificante cosecha de votos. Con matices y algunos enojos, especialmente en temas referidos a la industrialización de los recursos naturales en origen, Felipe Sapag mantuvo un buen vínculo con la gestión de Raúl Alfonsín primero y con el gobierno de Fernando de la Rúa después, al menos en el albor de la gestión de la Alianza. Pedro Salvatori siguió en la misma línea de Felipe Sapag con Alfonsín primero y luego con Carlos Menem, aunque el vínculo con la década menemista es patrimonio excluyente de Sobisch, cuyo gobierno orbitó con disciplina alrededor de la mayoría de las políticas que desplegó desde la Rosada el hoy senador riojano.