Interrupciones
Durante mucho tiempo Isidoro Reyes creyó que era el responsable absoluto cuando sus conversaciones fallaban. La situación, repetida, aún la sigue padeciendo: le hacen una pregunta y cuando empieza a responder enseguida lo interrumpen para completar lo que suponen que él va a decir o para retrucarle sobre algo que él aún no dijo. “Soy muy obvio, la gente se aburre conmigo”, se recriminó Reyes varias veces. Hasta que un día se plantó como si fuera un tercero, un testigo de su propia charla. Ahí se dio cuenta de que esa gente no sólo no adivinaba lo que él iba a decir sino que por lo general ni siquiera estaba atenta al tema de conversación. “No sabés lo que me pasó anoche. Fuimos a una parrilla libre y…”. Antes de terminar su frase, Reyes fue interrumpido por un amigo: –Sí, sí, está bueno cuando tenés la libertad de elegir. Por eso ahora laburo freelance. A la mañana estoy yendo a nadar y después llevo a los chicos al jardín. Me encanta, es lo que siempre quise. *** En un primer momento Reyes lo tomó como algo personal, hasta que se dio cuenta de que la situación se repetía en distintas conversaciones a su alrededor. Entonces pensó: –Lo único que estas personas quieren es escupir lo que tienen adentro, hablar de sí mismos. Tienen tal desconsideración y ansiedad que no escuchan. Esa imposibilidad de compartir provoca relaciones frágiles y vacías. Un rompevientos agujereado en un desierto sin viento no sólo es inútil y no tiene sentido sino que además uno se demora en comprobarlo. –Uh, no rompas las bolas –lo cortó Henry mientras tomaban unas cervezas y Reyes le contaba sobre su visión de algunas relaciones. –¿Qué? ¿Te parezco un bicho raro porque hablo de estas cosas? Para mí es importante. –Pará, no te pongas así. Nosotros hablamos todos los días –le respondió Henry sin mirarlo, mientras chateaba con su celular y sonreía. –Mirá, para mí no es sólo cuestión de sentarse a hablar. Es prestar atención y escuchar lo que le pasa al otro para que se generen espacios, para que pueda haber contención, emoción, consideración. Creo que así se tejen los vínculos. –¡Sí, no sabés! Una mina que me levanté el otro día en el bondi teje rebién. Hace unas bufandas buenísimas. –Ah, qué bien, mirá vos… ¿Y cómo se llama ella? –preguntó Reyes. –No sé. Bah, me dijo pero no me acuerdo porque estaba pensando en otra cosa.
Juan Ignacio Pereyra pereyrajuanignacio@gmail.com
Durante mucho tiempo Isidoro Reyes creyó que era el responsable absoluto cuando sus conversaciones fallaban. La situación, repetida, aún la sigue padeciendo: le hacen una pregunta y cuando empieza a responder enseguida lo interrumpen para completar lo que suponen que él va a decir o para retrucarle sobre algo que él aún no dijo. “Soy muy obvio, la gente se aburre conmigo”, se recriminó Reyes varias veces. Hasta que un día se plantó como si fuera un tercero, un testigo de su propia charla. Ahí se dio cuenta de que esa gente no sólo no adivinaba lo que él iba a decir sino que por lo general ni siquiera estaba atenta al tema de conversación. “No sabés lo que me pasó anoche. Fuimos a una parrilla libre y...”. Antes de terminar su frase, Reyes fue interrumpido por un amigo: –Sí, sí, está bueno cuando tenés la libertad de elegir. Por eso ahora laburo freelance. A la mañana estoy yendo a nadar y después llevo a los chicos al jardín. Me encanta, es lo que siempre quise. *** En un primer momento Reyes lo tomó como algo personal, hasta que se dio cuenta de que la situación se repetía en distintas conversaciones a su alrededor. Entonces pensó: –Lo único que estas personas quieren es escupir lo que tienen adentro, hablar de sí mismos. Tienen tal desconsideración y ansiedad que no escuchan. Esa imposibilidad de compartir provoca relaciones frágiles y vacías. Un rompevientos agujereado en un desierto sin viento no sólo es inútil y no tiene sentido sino que además uno se demora en comprobarlo. –Uh, no rompas las bolas –lo cortó Henry mientras tomaban unas cervezas y Reyes le contaba sobre su visión de algunas relaciones. –¿Qué? ¿Te parezco un bicho raro porque hablo de estas cosas? Para mí es importante. –Pará, no te pongas así. Nosotros hablamos todos los días –le respondió Henry sin mirarlo, mientras chateaba con su celular y sonreía. –Mirá, para mí no es sólo cuestión de sentarse a hablar. Es prestar atención y escuchar lo que le pasa al otro para que se generen espacios, para que pueda haber contención, emoción, consideración. Creo que así se tejen los vínculos. –¡Sí, no sabés! Una mina que me levanté el otro día en el bondi teje rebién. Hace unas bufandas buenísimas. –Ah, qué bien, mirá vos... ¿Y cómo se llama ella? –preguntó Reyes. –No sé. Bah, me dijo pero no me acuerdo porque estaba pensando en otra cosa.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora