Isabel De Sebastián: el tiempo a favor
Del pop, al tango y la cumbia, la ex Metrópoli vuelve con un CD con nombre y apellido.
Isabel De Sebastián integró Metrópoli, la banda de los ochenta de “Héroes anónimos”. Autora de la letra de “En camino”, tema que Soda Stereo incluyó en “Signos”, también formó parte de las Bay Biscuits, hizo coros con Luis Alberto Spinetta, cantó junto a él en “Privé” y en Virus con Federico Moura. Luego se inclinó al tango, viajó a Nueva York para cumplir con sesionistas y se unió en la vida y profesionalmente con el compositor Bob Telson –nominado Grammy por la música del filme “Bagdad Café”– con quien vivió en Estados Unidos durante catorce años.
Por una enfermedad de su mamá, retornó en 2003 a Buenos Aires con Bob y dos hijos, a su tierra, con su gente, a reencontrarse con ella misma. “ Cuando decidimos volver, justo había sido lo de los cinco presidentes en una semana: todo el mundo me preguntaba si lo había pensado bien. Pero no dudé y no me arrepentí”, le dice a “Río Negro.”
La audición de su más reciente material, titulado con su nombre y apellido, abre las puertas a un juego sonoro y expresivo que al final deja un sabor genuinamente alegre. Transmite mucha energía en las letras, el diverso tratamiento rítmico y la solidez de su voz, con impecable emisión en agudos y graves. Un trabajo tan apasionado como seductor.
“El disco es sumamente ecléctico y tiene ritmos muy distintos porque a esta altura de la vida, he habitado en dos mundos y he vivido muchos géneros diferentes. He aprendido a amar las músicas folclóricas de varios países. Yo ya no tengo veinte años, ni busco una carrera o tengo un productor que me impulsa al éxito, y realmente hago lo que tengo ganas. Entonces, me permití hacer cosas que a veces en nuestro país no son fáciles. Mezclar una canción sumamente lírica de Luis Alberto con letra de Rafael Alberti –el marido de mi abuela– con una cumbia peruana que cantó Juan Corazón (Ramón) en los años setenta en las villas de Perú, y encima invito a Machito Ponce a que rapée”, cuenta.
“Encuentro mucho, en las redes sociales también, “odio esto, odio lo otro”. Y creo que vivimos mejor cuanto menos odiamos. Hay que estar muy despierto para entender lo que está bien y lo que no. La vida no es jardín de rosas, pero tanto odio forzosamente sembrado en todos los niveles, no ayuda. Me han cuestionado por la cumbia y a mí me encanta bailar y “Cariñito” especialmente. Fue hasta casi un ejercicio de deseo, unir cosas que parecen irremediablemente separadas.”
–Parece que dijeras: señores, acá estoy, soy Isabel, canto esto, me hace feliz hacerlo…
–Sí… Es también respetar lo que uno es, un caleidoscopio de cosas. Mi padre era europeo, mi madre criolla, viví parte en Argentina y en Estados Unidos, bailo tango y canté rock durante muchos años. Pensaba que el público iba a ser bastante crítico y podía ver el disco con una especie de mezcolanza, pero la respuesta es notable y superó lo que yo esperaba. Por otro lado, voy reconociendo que contiene el mensaje de una mujer que no tiene veinte, treinta o cuarenta años y puede hacer un disco pop. No hay fecha de vencimiento para realizarlo y aunque dejé de cantar durante bastante tiempo y me fui a vivir a otra parte, sigue existiendo la posibilidad de hacerlo. Muchas mujeres, entre las cuales me incluyo, dejamos cosas atrás para criar hijos, por ejemplo, porque quizás no teníamos la facultad que otras tienen de hacer todo. Yo paré años cuando tuve mis hijos. . Siempre trabajé, pero no podía dedicarle a la música el tiempo o la disposición interna, más íntima, que demanda. Tenía la mente en otra parte. Pero, nunca es tarde, está bueno como mensaje. Siempre se puede, siempre.
–Tiene una energía, una pulsión que más allá de la edad, se manifiesta…
–Yo compuse algunas canciones y otras las elegí de gente que conozco y me gustaban mucho e iban muy bien con este proyecto. Una que escribí es “La apuesta” y otra “Aquí”, y en las dos late fuerte que yo –dándole vueltas y vueltas a esto de la vida– no encuentro muchas patas de la mesa que la sostienen. Podría decirse la familia, el trabajo, pero para mí es el vínculo, es el registro del otro. Llegamos a un sitio, el otro nos ignora, nos ningunea y nos desaparece de algún modo. Yo creo en ese registro, lo necesito y me da la sensación que ahí está un poco el asunto. También grabé “Héroes anónimos” y sigue tratándose de combatir la soledad de estar en un mundo hostil. Sin duda éste lo es. Tiene cosas maravillosas que hacen que la travesía tenga sentido, pero es difícil y todos sabemos que existen el dolor, la pérdida, la enfermedad, la marginalidad. Lo único que nos saca de ahí es la redención del vínculo con el otro. Y ahí hay que poner cuidado. Creo en el buen trato. Está relacionado con el bienestar. Vivo en ciudades duras, basta salir a la calle para ver que hay mal humor, diferencias de opinión que se resuelven mal y que nos peleamos bastante. La apuesta sigue siendo al vínculo, a lo que nos une, no a lo que nos separa. Siento que necesitamos hacer algo. Yo era adolescente en los tiempos de la dictadura y fui muy atravesada por este tema. Debemos hacer el esfuerzo… Si tenés un hijo hay que darle de comer, bueno, cuando sos ciudadano debés hacerte cargo de no contribuir al odio, a la pelea y al chicaneo constante…
Eduardo Rouillet
eduardorouillet@gmail.com
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