Isla de Pascua: secreto de gigantes
Los casi 1.000 moáis desperdigados en la isla de Pascua atraen cada año a decenas de miles de turistas de todo el mundo sin que el misterio que los rodea haya podido ser vulnerado hasta hoy.
SUPLE VOY
Hay unos 1.000 moáis en la isla de Pascua. Los gigantes de piedra hicieron mundialmente famosa a esta isla del Pacífico. Algunos de los moáis, que probablemente se erigieron para venerar a caciques y antepasados divinos, pesan casi 100 toneladas y tienen una altura de unos diez metros. Otras figuras están incompletas o se derrumbaron. De algunas sólo sobresale de la tierra la cabeza.
Los gigantes tallados de piedra volcánica son las estrellas de la Isla de Pascua, que pertenece geográficamente a la Polinesia y políticamente a Chile. ¿Cómo pudo nacer esta cultura en una isla solitaria del Pacífico?
“Nosotros estamos orgullosos de nuestros antepasados y sus magníficas obras, aunque todavía no conocemos muchas cosas de nuestro pasado”, dice Koro Pakarati, de 46 años, un auténtico rapanuí. Así se llaman los aborígenes que hace unos 1.500 años emigraron desde otras islas polinesias a la isla de Pascua.
El navegante holandés Jacob Roggeveen avistó la isla el 5 de abril de 1722, Domingo de Pascua. No fue el primero, pero su descubrimiento despertó un gran interés entre publicistas, por lo que fue Roggeveen quien dio el nombre a la isla.
Al igual que todos los habitantes de la isla, Pakarati también habla español. Él sabe cuán importantes son los turistas como fuente de ingresos para la isla y también que hay organizaciones internacionales que defienden los derechos de los aborígenes y el medio ambiente de la isla.
“Por supuesto que son bienvenidos los turistas, siempre y cuando respeten nuestras tradiciones, costumbres y leyes”, dice Pakarati. Sus antepasados conocieron el horror: en el siglo XIX, piratas y traficantes de esclavos estuvieron a punto de exterminar a los habitantes de la isla, cuyo número llegó a bajar en algún momento de 5.000 a 100.
Pakarati ríe, gesticula y posa con turistas para la foto. Su cabello, tradicionalmente recogido, resiste el viento. Aquí, en Akahanga, en la costa sur de la isla, espera junto con otros dos vendedores de souvenirs a la clientela. De los aproximadamente 6.000 habitantes que la isla tiene actualmente, sólo poco más de una tercera parte son rapanuís. La isla de Pascua recibe cada año poco más de 90.000 turistas, cantidad que sigue creciendo.
Akanaga es un ahu, una plataforma ceremonial, sin restaurar y también uno de los muchos misterios sin resolver. Actualmente, la localidad se asemeja a un histórico campo de ruinas con piedras, cuevas y fragmentos de las estatuas. ¿Aquí cerca realmente está enterrado el legendario rey Hotu Matuá, venerado por los rapanuíss como padre fundador? Nadie lo sabe, como tantas cosas que se desconocen y que ocurrieron en un pasado lejano en la isla de Pascua.
¿Cómo fueron transportados hacia la costa los gigantescos moaís? La teoría más extendida es esta: los rapanuís hacían que los colosos “caminaran” erguidos muy lentamente moviendo de forma sofisticada las cuerdas balanceándolas. Otra teoría sostiene que las estatuas fueron desplazadas acostadas sobre trineos o rodillos de madera.
Tierra adentro, detrás de una angosta carretera de asfalto, hay caballos que arrancan manojos de hierba y beben agua de una charca. Desde que hay coches en la isla, los animales viven en libertad. Detrás de la tropilla de caballos crecen arbustos pero no se ve ningún árbol. Es difícil imaginarse que siglos atrás había un sinnúmero de palmeras en la isla.
Una de las mayores atracciones del parque nacional de la isla, declarado Patrimonio de la Humanidad, es Ahu Tongariki. Sobre esta plataforma ceremonial se alzan majestuosos 15 impresionantes moáis, nuevamente enderezados, con la espalda hacia el Pacífico. La guía turística Sabine Arz una vez más advierte a los turistas de Santiago de Chile, España, Alemania y Canadá: “Por favor, no toquen en ningún caso las estatuas y no pisen la plataforma”.
La iglesia católica en Hanga Roa no sólo está repleta en Pascua y Navidad. Jóvenes y viejos, con corbata y cuello o con vaqueros y camisetas, acuden los domingos masivamente a misa. Después de la misa se reúnen en grupitos en el cementerio junto a la iglesia para charlar, como una gran reunión familiar.
La mayoría de los habitantes de la isla de Pascua son católicos. Sin embargo, la iglesia no solo tiene una cruz: de las paredes cuelga también un petroglifo, un dibujo histórico grabado en roca. Todavía muchos rapanuíss llevan en el corazón la antigua creencia de sus antepasados.
Cuando el sol se hunde lentamente en el océano detrás de las misteriosas figuras de piedra, el momento es ideal para cavilar y meditar. Algunas de las personas que observan los moáis inventan su propia teoría sobre el origen de las estatuas gigantes, y no pocos se alegran de que no haya una respuesta para todo. (DPA)
Datos útiles
Cómo llegar: sólo es posible llegar a la isla de Pascua vía Santiago de Chile y desde allí únicamente con la compañía LAN. La aerolínea vuela diariamente a la isla y desde allí también una vez a la semana a Tahití.
Trámites migratorios: el turista no necesita visado pero sí un pasaporte con una validez mínima de 6 meses. A la llegada a Chile se expide sin costo una tarjeta turística que da derecho a una estancia en el país de hasta 90 días.
Cuándo viajar: todo el año. En verano, de finales de noviembre a principios de abril, las temperaturas se sitúan entre los 16 y 27 grados centígrados. Durante los demás meses llueve un poco más y las temperaturas son un poco más bajas.
Moneda: un euro equivale a 689, un dólar a 619 pesos chilenos (fecha: 5 de marzo del 2015). En Hanga Roa, cerca del puerto, hay algunos bancos pequeños con cajeros automáticos. Los hoteles y los restaurantes también aceptan dólares pero no euros. Los tipos de cambio son más favorables en el Chile continental.
Bernd F. Meier
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