Juego peligroso
Habituado como está a los «códigos» políticos locales, el presidente Eduardo Duhalde ha optado por seguir jugando al gato y ratón con el resto del mundo. Si bien dice ser reacio a declararse en default con los organismos internacionales, luego de pensarlo durante un par de meses decidió abonar sólo los 77 millones de dólares de intereses que debe al Banco Mundial, dejando para otra oportunidad el pago completo de la deuda de 805 millones que venció ayer, afirmándose dispuesto a hacerlo en cuanto haya llegado a un acuerdo con el FMI. Puede que la mora así supuesta no equivalga a un default propiamente dicho, pero el BM reaccionó en seguida señalando que suspendería el envío de nuevos créditos y cortaría el desembolso de los ya aprobados que suman unos dos mil millones de dólares. Estos suelen dirigirse a los programas sociales y educativos que, es evidente, el gobierno considera menos importantes que el nivel de reservas. De acuerdo con el comunicado que emitió la Casa Rosada, de saldar la deuda con el BM, las reservas «quedarían por debajo del monto de nueve mil millones de dólares que el FMI recomienda para mantener la solidez del programa monetario», lo cual podría tomarse por una forma un tanto infantil de insinuar que el responsable del casi default que acaba de concretarse son los técnicos del Fondo.
Desde que se hizo cargo del Poder Ejecutivo a inicios del año, el presidente Duhalde se ha negado obstinadamente a impulsar cualquier medida que podría suponerle algunos «costos políticos» con la esperanza de que el FMI terminara aceptando que en vista de que le sería inútil pedirle más no le quede otra opción que la de firmar un acuerdo que impida que la crisis argentina siga contagiando a los países de la región. Tal actitud podría justificarse si los duhaldistas sinceramente creyeran que al oponerse a las medidas reclamadas por el FMI están defendiendo los intereses nacionales, pero puesto que no han hecho el menor esfuerzo por hacer frente a los problemas estructurales de una economía totalmente desquiciada, parece evidente que la «lucha» tiene más que ver con los planes políticos de Duhalde que con el futuro del país y de sus habitantes. Además, aunque en diversas ocasiones el presidente ha insistido en que nada lo haría «romper con el mundo» representado por el FMI y el BM, sabe que puertas adentro le conviene brindar la impresión de estar resistiéndose a prestar atención a sus exigencias, por razonables que éstas puedan resultar. Aunque los aliados políticos de Duhalde han adquirido la costumbre de criticar a los técnicos del Fondo por haber estado demasiado dispuestos a pasar por alto el escaso rigor que en su opinión caracterizaba la gestión del gobierno del ex presidente Fernando de la Rúa, quieren que aprueben sin chistar todos sus propios planteos.
Después de la caída en circunstancias aún no aclaradas de De la Rúa, el peronista Adolfo Rodríguez Saá logró agravar una situación ya calamitosa festejando en la compañía de sus compañeros alborotados el default con los acreedores privados. Duhalde, que no vaciló en echar más ingredientes en la caldera con su «pesificación asimétrica», su ofensiva fallida contra la Corte Suprema y su negativa a tomar medidas políticamente difíciles, parece creer que le será dado intimidar a la comunidad internacional amagando con no pagar deudas ya vencidas con el BM y con el propio FMI a menos que éstos se resignen a apoyarlo. Se trata de un juego sumamente peligroso. Si bien a los organismos multilaterales no les convendría romper con un país como la Argentina, lo que perderían en tal caso no sería nada en comparación con los costos que tendrían que pagar los habitantes del país por la irresponsabilidad y pusilanimidad de un gobierno cuyos integrantes parecen haberse convencido de que las reglas, por llamarlas así, que rigen en la interna peronista bonaerense pueden aplicarse sin cambios en las negociaciones con el FMI y con los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea. Se equivocan, claro está. Para colmo, tarde o temprano, el país tendrá que saldar sus deudas con sus acreedores del exterior, pero parecería que este detalle no les preocupa a Duhalde y los suyos porque los responsables de hacerlo serán otros a los que con toda seguridad atacarán con dureza por las medidas que las circunstancias los obligarán a tomar.
Habituado como está a los "códigos" políticos locales, el presidente Eduardo Duhalde ha optado por seguir jugando al gato y ratón con el resto del mundo. Si bien dice ser reacio a declararse en default con los organismos internacionales, luego de pensarlo durante un par de meses decidió abonar sólo los 77 millones de dólares de intereses que debe al Banco Mundial, dejando para otra oportunidad el pago completo de la deuda de 805 millones que venció ayer, afirmándose dispuesto a hacerlo en cuanto haya llegado a un acuerdo con el FMI. Puede que la mora así supuesta no equivalga a un default propiamente dicho, pero el BM reaccionó en seguida señalando que suspendería el envío de nuevos créditos y cortaría el desembolso de los ya aprobados que suman unos dos mil millones de dólares. Estos suelen dirigirse a los programas sociales y educativos que, es evidente, el gobierno considera menos importantes que el nivel de reservas. De acuerdo con el comunicado que emitió la Casa Rosada, de saldar la deuda con el BM, las reservas "quedarían por debajo del monto de nueve mil millones de dólares que el FMI recomienda para mantener la solidez del programa monetario", lo cual podría tomarse por una forma un tanto infantil de insinuar que el responsable del casi default que acaba de concretarse son los técnicos del Fondo.
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