K 1, UCR 0
Puede que el resultado de los comicios que se celebraron el domingo en Catamarca no nos diga mucho sobre lo que sucederá en el resto del país en los meses próximos, pero es lógico que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus simpatizantes hayan tomado el triunfo por un margen respetable de la senadora nacional Lucía Corpacci por evidencia de que cuentan con el apoyo de una mayoría amplia del electorado. Al fin y al cabo, es lo que hacen todos los gobiernos cuando uno de los suyos gana una elección aun cuando sólo se trate de una municipal. También es lógico que los radicales y otros opositores hayan procurado minimizar su significancia, lo que han podido hacer atribuyendo la derrota del gobernador Eduardo Brizuela del Moral tanto al hartazgo, que sería de suponer, sienten los catamarqueños luego de dos décadas de predominio radical como a su forma soberbia de hablar, ya que en el transcurso de la campaña proclamó que “vamos a gobernar veinte años más, les guste o no les guste”, una afirmación que acaso sería apropiada en boca de un dictador árabe a punto de caer pero que sonó grotesca en la de un hombre supuestamente comprometido con la democracia. A esta altura, los radicales deberían haberse dado cuenta de que en política la arrogancia triunfalista suele resultar contraproducente, pero parecería que en Catamarca cometieron el error de olvidarlo. ¿Comparten tal actitud los kirchneristas? Puesto que su estrategia frente a las elecciones presidenciales consiste en difundir la idea de que ya las ha ganado y que lo único que resta hacer es que Cristina formalice su candidatura, corren el riesgo de caer en la misma trampa que se tendió Brizuela del Moral. De todos modos, para la UCR la derrota del gobernador, el que recibió el apoyo de Julio Cobos y Ernesto Sanz, fue un balde de agua fría. Los dirigentes radicales confiaban en que en Catamarca por lo menos lograrían mantener a raya a los kirchneristas y esperaban que la resonancia nacional de la victoria holgada que preveían serviría para brindar la impresión de que el país entero comenzaba a encolumnarse detrás de la “alternativa” que creen representar. Aunque sería prematuro aventurar que lo que acaba de suceder en Catamarca, una provincia tan sui géneris como las demás, ha marcado una tendencia que se prolongará, queda claro que para tener una posibilidad de hacer una buena elección en octubre los radicales tendrán que trabajar mucho. La popularidad de Cobos, el que no se vio beneficiado en absoluto por la derrota un tanto sorpresiva de su aliado, Brizuela del Moral, ha caído mucho en el transcurso de los meses últimos, mientras que Sanz aún no ha podido instalarse en el escenario nacional. En cuanto a Ricardo Alfonsín, el que los kirchneristas quieran que sea el candidato de la UCR es una señal de que no lo toman demasiado en serio. En Catamarca, Brizuela del Moral fue el candidato del statu quo, del continuismo y de la voluntad explícita de eternizarse en el poder. En el país en su conjunto, Cristina desempeña dicho papel, de suerte que, a diferencia de la senadora –y ex vicegobernadora– Corpacci, no le será del todo fácil prometer de manera convincente muchos cambios positivos, aunque quienes la rodean están procurando hacer pensar que el “proyecto”, según ellos transformador, apenas se ha puesto en marcha, razón por la que a su juicio convendría que la presidenta permaneciera en la Casa Rosada hasta por lo menos diciembre del 2015. En otras palabras, la situación en que Cristina se encuentra se asemeja bastante a la de Brizuela del Moral antes de que el electorado catamarqueño optara por decirle que prefirió reemplazarlo por quien había sido su compañera de fórmula en el 2007, año en que el dúo aventajó por más de veinte puntos al sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo. Claro, todo depende de la forma en que se interprete los resultados de la primera prueba electoral de la serie que ya ha comenzado. La siguiente tendrá lugar en el Chubut, el feudo del peronista federal y candidato presidencial Mario Das Neves. De anotarse otra victoria kirchnerista, la sensación de que la presunta candidatura de Cristina va viento en popa se intensificaría, aunque el triunfalismo resultante la perjudicaría si sus partidarios se pusieran a hablar como Brizuela del Moral cuando creía tener la segunda reelección asegurada.
Puede que el resultado de los comicios que se celebraron el domingo en Catamarca no nos diga mucho sobre lo que sucederá en el resto del país en los meses próximos, pero es lógico que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus simpatizantes hayan tomado el triunfo por un margen respetable de la senadora nacional Lucía Corpacci por evidencia de que cuentan con el apoyo de una mayoría amplia del electorado. Al fin y al cabo, es lo que hacen todos los gobiernos cuando uno de los suyos gana una elección aun cuando sólo se trate de una municipal. También es lógico que los radicales y otros opositores hayan procurado minimizar su significancia, lo que han podido hacer atribuyendo la derrota del gobernador Eduardo Brizuela del Moral tanto al hartazgo, que sería de suponer, sienten los catamarqueños luego de dos décadas de predominio radical como a su forma soberbia de hablar, ya que en el transcurso de la campaña proclamó que “vamos a gobernar veinte años más, les guste o no les guste”, una afirmación que acaso sería apropiada en boca de un dictador árabe a punto de caer pero que sonó grotesca en la de un hombre supuestamente comprometido con la democracia. A esta altura, los radicales deberían haberse dado cuenta de que en política la arrogancia triunfalista suele resultar contraproducente, pero parecería que en Catamarca cometieron el error de olvidarlo. ¿Comparten tal actitud los kirchneristas? Puesto que su estrategia frente a las elecciones presidenciales consiste en difundir la idea de que ya las ha ganado y que lo único que resta hacer es que Cristina formalice su candidatura, corren el riesgo de caer en la misma trampa que se tendió Brizuela del Moral. De todos modos, para la UCR la derrota del gobernador, el que recibió el apoyo de Julio Cobos y Ernesto Sanz, fue un balde de agua fría. Los dirigentes radicales confiaban en que en Catamarca por lo menos lograrían mantener a raya a los kirchneristas y esperaban que la resonancia nacional de la victoria holgada que preveían serviría para brindar la impresión de que el país entero comenzaba a encolumnarse detrás de la “alternativa” que creen representar. Aunque sería prematuro aventurar que lo que acaba de suceder en Catamarca, una provincia tan sui géneris como las demás, ha marcado una tendencia que se prolongará, queda claro que para tener una posibilidad de hacer una buena elección en octubre los radicales tendrán que trabajar mucho. La popularidad de Cobos, el que no se vio beneficiado en absoluto por la derrota un tanto sorpresiva de su aliado, Brizuela del Moral, ha caído mucho en el transcurso de los meses últimos, mientras que Sanz aún no ha podido instalarse en el escenario nacional. En cuanto a Ricardo Alfonsín, el que los kirchneristas quieran que sea el candidato de la UCR es una señal de que no lo toman demasiado en serio. En Catamarca, Brizuela del Moral fue el candidato del statu quo, del continuismo y de la voluntad explícita de eternizarse en el poder. En el país en su conjunto, Cristina desempeña dicho papel, de suerte que, a diferencia de la senadora –y ex vicegobernadora– Corpacci, no le será del todo fácil prometer de manera convincente muchos cambios positivos, aunque quienes la rodean están procurando hacer pensar que el “proyecto”, según ellos transformador, apenas se ha puesto en marcha, razón por la que a su juicio convendría que la presidenta permaneciera en la Casa Rosada hasta por lo menos diciembre del 2015. En otras palabras, la situación en que Cristina se encuentra se asemeja bastante a la de Brizuela del Moral antes de que el electorado catamarqueño optara por decirle que prefirió reemplazarlo por quien había sido su compañera de fórmula en el 2007, año en que el dúo aventajó por más de veinte puntos al sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo. Claro, todo depende de la forma en que se interprete los resultados de la primera prueba electoral de la serie que ya ha comenzado. La siguiente tendrá lugar en el Chubut, el feudo del peronista federal y candidato presidencial Mario Das Neves. De anotarse otra victoria kirchnerista, la sensación de que la presunta candidatura de Cristina va viento en popa se intensificaría, aunque el triunfalismo resultante la perjudicaría si sus partidarios se pusieran a hablar como Brizuela del Moral cuando creía tener la segunda reelección asegurada.
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