Kiciloff, el kamikaze

Parecería que, a diferencia de sus homólogos en el resto del planeta, con la eventual excepción del venezolano Rodolfo Marco Torres y el griego Yanis Varoufakis, nuestro ministro de Economía Axel Kicillof está realmente convencido de que dejarse preocupar por nimiedades como un déficit fiscal creciente es propio de cavernícolas. Será por tal motivo que, mes tras mes, insiste en aumentarlo. Según las cifras oficiales, en abril el gasto público subió el 45% en comparación con el mismo mes del 2014 y todo hace prever que este año el déficit resultará superior al 6% del producto bruto del país, lo que claramente no motiva demasiada inquietud en las filas oficialistas, es de suponer porque lo consideran una muy buena inversión electoral. Tanta ecuanimidad podría entenderse si los kirchneristas creyeran que Mauricio Macri será el próximo presidente, pero sucede que brindan la impresión de confiar en que Daniel Scioli, acompañado por Carlos Zannini, triunfe por un margen muy amplio, de tal modo convirtiéndose en el sucesor de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y por lo tanto heredero de la crisis financiera que, a juzgar por su forma llamativamente heterodoxa de manejar la economía nacional, Kicillof le está preparando. En otros países democráticos, miembros del gobierno tendrían que justificar lo que están haciendo, pero aquí los voceros oficiales se ahorran la necesidad de contestar a los interesados en interrogarlos limitándose a formular declaraciones altisonantes acerca de lo terrible que suele ser la austeridad y criticando con vehemencia la política económica de gobiernos anteriores. Así las cosas, los interesados en averiguar lo que está pasando por la mente del marxista-keynesiano a cargo de la economía no tienen más alternativa que preguntarse si toma en serio la idea de que es insensato procurar controlar el gasto público como es habitual en otras latitudes o si sabe muy bien que tarde o temprano un ministro de Economía nombrado por Scioli o Macri tendrá que poner fin al derroche pagando los costos políticos correspondientes. De todos modos, aun cuando, para asombro de los “ortodoxos”, resulte que el país posee recursos suficientes para saltar por encima del pozo que Kicillof está cavando, los presidenciables mejor ubicados tienen razones de sobra para sentirse preocupados, ya que están compitiendo por un premio que, en opinión de muchos, podría estallar en sus manos. Es con toda seguridad natural que Kicillof, lo mismo que muchos otros intelectuales académicos, se sienta firmemente comprometido con sus teorías favoritas, pero es legítimo suponer que al país le convendría una mayor dosis de pragmatismo. Mal que les pese a los ideólogos, los esquemas que confeccionan raramente funcionan muy bien en el mundo que efectivamente existe, sobre todo si, como en el caso de los aplicados por Kicillof, son variantes de otros que siempre han fracasado, a veces de manera catastrófica, en otros países. Es fácil hablar pestes de la ortodoxia imperante, pero no lo es reemplazarla por otra que sea más eficaz. Kicillof y Cristina parecen creer que, puesto que aún no se ha producido la crisis terminal prevista por economistas vinculados con consultoras privadas o agrupaciones opositoras, pueden continuar “haciendo más o menos lo mismo”, como nos prometió el ministro, sin correr el riesgo de que un día resulte que tenían razón los pesimistas que nos advertían que en cualquier momento las reservas, infladas con la ayuda de los chinos, podrían caer nuevamente, el atraso cambiario provocaría aún más estragos en las economías regionales y la balanza comercial se haría cada vez más negativa, privando al país de los “dólares frescos” que tanto necesita. El gobierno apuesta a que todo siga igual hasta octubre y que los candidatos electorales colaboren en el esfuerzo por minimizar la gravedad de la situación que está produciéndose porque no quieren ser acusados de estar a favor de un “ajuste neoliberal”. Mientras dure la temporada electoral, la negativa de los reacios a hablar de algo tan feo como la realidad podría ayudarlos a conseguir más votos, pero no eliminará los muchos obstáculos que Kicillof está poniendo en el camino con el presunto propósito de arruinar la gestión del sucesor de Cristina, aun cuando se tratara del compañero Scioli.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Viernes 12 de junio de 2015


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