La academia sueca mira al futuro
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OSLO.- Guerra en la Franja de Gaza, combates en el este de Ucrania, atrocidades de Estado Islámico en Siria e Irak… ¿A quién entregar el Nobel de la Paz cuando la lista de guerras no deja de crecer? Pocas veces lo tuvo tan difícil el Comité Nobel, que finalmente tomó una decisión muy celebrada. A los 17 años, Malala Yousafzai se ha convertido en un ejemplo para millones de personas, dando esperanzas no sólo a su generación. La situación mundial ha sido este año tan sombría que en Oslo se llegó a discutir si debía entregarse el Nobel de la Paz. Ahora, el prestigioso galardón mira al futuro, y no sólo porque se haya entregado a la ganadora más joven de la historia. Se ha premiado a la educación como el medio probablemente más efectivo contra el extremismo, y a dos personas de distintas religiones y generaciones, procedentes de países enemistados desde su fundación. Es una señal que “un hindú y una musulmana, un indio y una paquistaní, se unan en una lucha común por la educación y contra el extremismo”, apuntó ayer el Comité Nobel. Y es que junto a Malala también fue distinguido el activista indio Kailash Satyarthi, de 60 años, luchador desde hace décadas contra el trabajo infantil. La vida de esta adolescente cambió por completo hace dos años, cuando llegó a un hospital de Birminghan, en Reino Unido, con graves heridas de disparo en la cabeza. Cuando esta mañana se anunciaron los ganadores del Nobel, la joven estaba en clase. El director la sacó del aula para comunicarle la decisión de Oslo. Después, Malala volvió a clase y se supo que no hablaría hasta que no terminase la jornada escolar. El mensaje es claro: la educación es lo más importante, también para una premio Nobel. (DPA)
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