La Argentina fue al diván en Frankfurt



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Beatriz Sarlo analizó, junto a “Chacho” Álvarez, los sueños y traumas del país.

La evolución de Argentina en los últimos 100 años y los “sueños y traumas” asociados a la celebración de su bicentenario en 2010 saltaron a la mesa de debate en la Feria del Libro de Frankfurt. El ex vicepresidente Carlos “Chacho” Álvarez, la ensayista y profesora Beatriz Sarlo y el sociólogo Gabriel Kessler discutieron los motivos por los que Argentina celebró su centenario en 1910 como “la séptima potencia mundial” y su bicentenario en el puesto 57. “Ustedes los alemanes saben, como nosotros, que todos los países son un proceso de continuidad y de ruptura. Uno de los temas de Latinoamérica y de Argentina ha sido que nosotros hemos tenido muchos más momentos de rupturas que de continuidad”, inició la charla “Chacho” Álvarez. “Hubo una gran cantidad de golpes de Estado (...) que, sumados a las cíclicas crisis económicas y financieras impidieron dar sustentabilidad y consolidar determinados procesos políticos, económicos y sociales”, como “la inclusión social y una mejor distribución del ingreso”, lamentó. Sarlo, por su parte, destacó los períodos en los que el país sí logró alcanzar los objetivos propuestos. “Argentina es un gran laboratorio social”, dijo la ensayista al elogiar el “gran éxito” que tuvo la integración de los migrantes. La exitosa integración de las comunidades extranjeras se vio acompañada de una “temprana expansión de la ciudadanía social y los derechos sociales”, dijo Sarlo, que ejemplificó este aspecto diciendo que, entre otras tantas medidas, “Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América Latina, impulsó en 1905 la legislación del descanso dominical”. Ante el especial interés por saber cuál había sido el eje de integración de las comunidades migrantes en la identidad nacional, el sociólogo Kessler comentó: “Durante mucho tiempo, Argentina fue un no-lugar entre Europa y América Latina”. “Pero en las últimas dos décadas, la identidad argentina se hizo más plural y tendiente a tomar las distintas raíces y vertientes que tiene, dejando de lado el relato tan unificador”, concluyó Kessler. (DPA)


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