La ciudadana perseverante
En Cutral Co, esta exdocente insiste en el derecho a participar primero para luego exigir a los funcionarios
Gente de acá a la vuelta: Alicia Daniel, bioquímica y “vecina activa”
Alicia Mónica Daniel es una bioquímica jubilada del sistema público de salud, pero ella se reconoce más como docente, profesión que ejerció en la enseñanza media durante más de 25 años. Nació en Capital Federal. En 1980 junto a su familia se radicó en Cutral Co y aquí nomás se quedó. Desde hace años , las diferentes administraciones municipales la conocen por su asistencia perfecta a cada audiencia pública convocada para aumentar impuestos, tasas o costo de la energía. También asiste todos los jueves a las sesiones del cuerpo comunal. “Nadie avisa que podés ir”, advierte.
Sentada en el banco de la plaza en el barrio Ruca Quimey, Alicia -para muchos sinónimo de la ciudadana que se compromete primero para luego exigir a los gobernantes-, narra su dura historia personal y familiar. “En total, cuatro veces pasé hambre en mi vida, no lo sé por otros, lo viví yo”, refiere. Y por consejo médico se dedica a hacer actividades que le gustan, como las clases de dibujo que toma los lunes en el CIART. Fue docente en el CPEM N° 6 cuando era anexo Nocturno en las materias de inglés y biología, al igual que en la EPET N° 1.
En el viejo hospital “Aldo Maulú” se desempeñó hasta enero de 2006 como técnica en el laboratorio, en su condición de bioquímica. Cuando fue a buscar trabajo décadas atrás inmediatamente la tomaron. “Llegué bien a los dos trabajos pero mi gran vocación fue la docencia. Y algunas cosas de la bioquímica”, acota.
P- ¿ Por qué va todos los jueves a la sesión del Concejo Deliberante, acá en Cutral Co?
R- Cuando empecé a ir a las audiencias públicas no sabía que se podía ir de oyente los jueves, porque nadie te lo dice. En el taller literario que iba, la profesora nos dijo una vez que nos enseñaría a escribir un cuento. Resulta que escribí algo que ocurría en el concejo de Cutral Co. Ese cuento lo leyeron todos los concejales y un día iba caminando, paró un auto blanco y bajó (el entonces concejal Carlos) Moraña para felicitarme y decirme que podía ir todos los jueves a las 10.
Nosotros, los vecinos, no sabemos en una gran mayoría que podemos ir a las sesiones de los concejales; aún hoy no hay un cartel que diga “sr. vecino usted puede venir los jueves a las 10 a presenciar la sesión”. Así, pareciera que no se quiere que alguien se entere de esta posibilidad.
Me encargo de avisar en las radios con tiempo de los encuentros para que más vecinos vayan porque llorar sobre la leche derramada no sirve. Si te quejás por radio todo queda ahí, en queja mediática. Tenés que ir, participar, que te escuchen porque después la mayoría se queja cuando le llega la factura de los impuestos con las nuevas tarifas pero antes no hizo nada. Ya me acostumbré a estar sola en la mayoría de las audiencias públicas. Algunos me dan 9 minutos con 59 segundos -como el actual presidente del Concejo Deliberante- para que diga lo mío. El tiempo es 10 minutos: así dice la ordenanza que rige las audiencias públicas pero que queda a criterio del presidente modificar o extender esos minutos.
El expresidente del cuerpo, Carlos Arens, siempre decía que si un vecino viene hay que escucharlo. Me preguntaba “si me sentía bien”, “si quería agua”. Una vez, yendo a una audiencia pública encontré un pedazo de madera en la vereda y cuando llegué a la comuna me senté y la puse sobre la mesa. Arens me dijo: “¿Qué va a hacer?” y le contesté que “si le molesta la bajo, si no, la dejo acá”. Me respondió: “estoy intrigado, déjela” (estaba arriba de una mesa de vidrio) y expuse como una hora y media. Cuando terminó agarré la madera y la guardé en el bolso. Entonces me dijo “¿qué iba a a hacer con la madera?”. Le respondí: “no hizo falta usarla”.
En realidad no tenía idea qué iba a hacer. De todos modos, cómo iba a pensar en romper una mesa; me echan o me meten presa…
P- ¿Lee la Carta Orgánica?
R- Alguna vez pedí el reglamento interno del Concejo Deliberante y una persona me dijo: ‘no, eso no es para vos, es para el funcionamiento interno’. Y lo comenté entre mis amigas y una de ella apareció un día con las hojas del reglamento interno bajadas de internet y le digo “¿cómo tenés esto, no es un delito?”. Y me respondió: “Está publicada”. Así me enteré de muchas cosas, de todo lo relacionado con las sesiones ordinarias y extraordinarias.
P-: ¿Considera que tendría que haber más publicidad sobre la actividad legislativa?
R- Mi experiencia me dice que aunque preguntes no te dicen todas las cosas. Somos dos vecinos que vamos todos los jueves : él se presentó en la banca del Pueblo. Yo no lo hice nunca y no me interesa eso. Me gusta hablarles y verles la cara cuando lo hago.
P- ¿Es necesario cambiar algo para que la gente participe?
R- Acá habría que modificar la ordenanza que rige las audiencias públicas y además habría que incentivar en las escuelas a que los alumnos sepan y lleven eso a sus casas: todos debemos conocer el valor y el peso de la participación de los vecinos que somos contribuyentes.
P- ¿Cree que eso pasará?
R- No tengo esperanza que eso pase y si pasa ya voy a estar en Roca final (es el cementerio), porque mi salud se está deteriorando y esto va a ser algo muy lento.
Pero hay adolescentes y jóvenes que están movilizados. Cuando yo era más joven tenía más esperanza. Ahora no tanto.
P- ¿Va a seguir asistiendo al Concejo?
R- Sí, porque soy cabeza dura y porque en algo creo que tengo en los genes: mis padres huyeron por separado desde Alemania; tengo tíos que murieron en campos de concentración. Por eso digo que algo tengo en mis genes que me ayudan siempre a resistir. Porque alguna vez no me trataron tan bien en una audiencia pública y creo que otra mujer en mi lugar los hubiera insultado, se iba y no volvía más. Y sin embargo sigo yendo y seguiré haciéndolo mientras pueda caminar y mi cabeza siga lúcida.
Sé que las audiencias no son vinculantes pero no importa; es “mí derecho” a participar.
Tengo un timer blanco, donde me pongo diez minutos. En la audiencia (por el cobro) del agua hablé sin respirar. Tuve que ensayar en mi casa y me sobraron algunos segundos. Trato de ponerle la parte jocosa a todo esto, pero tuve que aprender a tener paciencia, esperanza y a medida que pasan el tiempo, se suman años, canas y achaques.
Siempre escuchaba que la gente mayor tiene mucha sabiduría. Estas cosas y estas experiencias de vida, que no tienen nada que ver con el estudio, es lo que hacen que tenga sabiduría. Alguien me lo reconoce. Lo tomo como un reconocimiento a mi perseverancia. Hay que pelearla todos los días, no queda otra: ese es mi gran aprendizaje.
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