La clase media exige más
Aunque el reconocimiento a las políticas de Dilma Rousseff y Lula da Silva se mantienen, en Brasil se está notando un reclamo de “segunda generación” de reformas. En el último decenio unos 40 millones de brasileños han ascendido a la clase media y han comenzado a elevar sus exigencias al gobierno. Las protestas tienen como motivo el aumento en la tarifa del transporte público, pero son un reflejo de la inconformidad generalizada en Brasil ante la fuerte carga fiscal, la percepción de corrupción entre los políticos y la falta de financiación de la educación pública, la atención médica, el transporte y la atención de salud. “La sociedad está harta de que los políticos corruptos no cumplan sus promesas de mejoras”, dijo el manifestante Bruno Bisaglia. Ariadne Natal, profesora de la Universidad de São Paulo y especialista en investigación de la violencia, dijo que los manifestantes quieren “aprovechar este momento en que tenemos visitantes extranjeros, cuando la prensas mundial está observando, para presentar su causa”. Los brasileños han aceptado desde hace mucho tiempo el soborno como un costo obligatorio para casi cualquier trámite o para recibir un servicio público. Brasil pierde cada año más de 47.000 millones de dólares en evasión fiscal, dinero público que desaparece y demás corrupción generalizada, según el grupo empresarial Federación de Industrias de São Paulo.