Venezuela: hasta cuándo apoyarán los militares a Maduro

La “batalla cultural” que prometió el derechista brasileño arrancó en las aulas: nada de feminismo ni referencias a la homosexualidad, el pedagogo Paulo Freire eliminado de los planes de estudios y presencia militar en establecimientos.



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El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, está llevando su guerra ideológica contra la izquierda a las escuelas y universidades del país, generando angustia entre profesores y autoridades educativas que sostienen que el gobierno quiere luchar contra un enemigo que no existe.

Bolsonaro y otros altos cargos anunciaron planes para revisar los libros de texto y suprimir referencias al feminismo, la homosexualidad y la violencia contra las mujeres. Además, apuntan que el ejército tomará el control de algunas escuelas públicas y atacan regularmente a Paulo Freire, uno de los educadores más famosos del país y cuyas ideas tuvieron repercusión mundial.

“Uno de los objetivos para sacar a Brasil de las peores posiciones en las clasificaciones educativas internacionales es combatir la basura marxista que se ha extendido en las instituciones educativas”, escribió Bolsonaro en Twitter en la víspera de su toma de posesión.

Aunque los alumnos quizás no noten muchas diferencias en su regreso a las aulas este mes, los cambios están en marcha.

“Seguimos esperando a ver cómo va a terminar todo esto en la práctica”, señaló Nilton Brandao, presidente de uno de los mayores sindicatos de maestros del país, PROIFES Federacao. “Ahora mismo, esto no tiene ningún sentido”.

Para el gobierno, la batalla ideológica comienza con la retirada del legado del Freire de los centros educativos, que según Bolsonaro y otros conservadores, convierte a los estudiantes en “militantes políticos”.

Freire, que murió en 1997, fue uno de los fundadores de la pedagogía crítica. Los conservadores dicen que este método anima a los alumnos a cuestionar valores tradicionales como la familia y la Iglesia. Freire, que era socialista, estuvo encarcelado brevemente durante la dictadura militar (1964-1985) que recibió los elogios de Bolsonaro.

En su campaña electoral, el ahora presidente dijo que quería “entrar al Ministerio de Educación con un lanzallamas para eliminar a Paulo Freire”.

Bolsonaro y su ministro de Educación parecen estar buscando inspiración en filósofos como Olavo de Carvalho, un brasileño residente en Estados Unidos conocido por sus opiniones antiglobalización y antisocialistas.

Mientras Freire defendía que la misión del Estado es educar al pueblo brasileño, incluyendo a agricultores rurales pobres y a analfabetos, de Carvalho aboga por reducir su papel en la educación en favor de las escuelas privadas o religiosas.

“El gobierno no tiene que educar a nadie, es la sociedad la que tiene que educarse a sí misma”, dijo el filósofo el año pasado durante una charla sobre educación en su canal de YouTube. Las propuestas “basadas en la idea de que el gobierno federal es el gran educador son las que voy a combatir hasta la muerte”, agregó.

Tras la toma de posesión de Bolsonaro el 1 de enero, el Ministerio de Educación desmanteló su departamento de diversidad y publicó nuevas directrices para los editores de libros de texto que eliminaban las referencias a temas como la violencia contra las mujeres y el sexismo.

Ante la oleada de críticas, los funcionarios dieron marcha atrás en la revisión de los textos afirmando que las normas habían sido redactadas por el anterior gobierno y que se publicaron por error. Sin embargo, en su discurso inaugural. el ministro de Educación, Ricardo Velez Rodriguez, prometió poner fin a la “agresiva promoción de la ideología de género”.

Valores tradicionales

Vélez defendió en su lugar lo que calificó de valores tradicionales, como la familia, la religión, la escuela y la nación, que dijo estaban amenazados por una “ola globalista loca”.

Bolsonaro manifestó que revisará el contenido del examen nacional de secundaria para eliminar cualquier cuestión sobre género o movimientos LGBT. Hizo el anuncio en un video en YouTube tras ver una pregunta de la prueba del año pasado sobre un “dialecto secreto utilizado por homosexuales y travestis”, llamado pajuba.

El dialecto pajuba mezcla portugués y lenguas del África Occidental y se utiliza principalmente en religiones afro-brasileñas pero también fue adoptado por la comunidad LGBT del país.

“No se preocupen, no habrá más preguntas como esta”, declaró Bolsonaro.

Tras asumir el puesto, Velez dijo al diario Folha de S. Paulo que su oficina animará a las municipalidades interesadas a poner sus escuelas en manos del ejército o la policía.

Brasil tiene 13 escuelas dirigidas por el ejército y, aunque están pensadas para la educación de los hijos de los militares, también aceptan a estudiantes externos en base a sus méritos. El ejército es la institución más respetada del país y sus escuelas tienen mejor reputación que muchas de las públicas.

A veces se convoca al ejército para codirigir un centro público y restablecer el orden.

El año pasado, la escuela pública tuvo 39,5 millones de estudiantes matriculados, mientras que las instituciones privadas, que pueden costar varios miles de dólares al mes, atendieron a 9 millones.

Los críticos dicen que el selectivo proceso de admisión de las escuelas militares terminaría siendo discriminatorio en zonas empobrecidas.

En general, los contrarios sostienen que el gobierno está centrado en las cosas equivocadas.

Claudia Costin, directora del Centro para la Excelencia e Innovación en Políticas Educativas, un centro de estudios con sede en Río de Janeiro, apuntó que los esfuerzos deberían centrarse en mejorar la formación y los salarios a los maestros, dificultar su examen de ingreso y elaborar un programa de estudios común para el país.

El gobierno “se queja del adoctrinamiento en la escuela”, apuntó Costin. “Pero esas cosas no se resuelven con leyes”.

Brasil quedó en 63ra posición entre las 72 naciones y regiones que participaron en el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) de 2015, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

Brecha educativa

Según el grupo, Brasil tiene una de las mayores proporciones de adultos sin educación secundaria. Los colegios están abarrotados, los sueldos de los profesores son bajos y los edificios donde se imparten las clases suelen presentar problemas.

Más de 5.800 escuelas no tenían agua corriente en 2017, casi 5.000 no tenían electricidad y 8.400 no tenían saneamiento, según cifras del gobierno.

Muchos brasileños no parecen convencidos por los planes de Bolsonaro.

En una encuesta publicada el 8 de enero, el 71% de los encuestados manifestaron que la política debería discutirse en la escuela, y el 54% pensaba que está bien hablar de educación sexual en las aulas.

La encuesta, sin embargo, indicó que las opiniones conservadoras del nuevo gobierno funcionan bien entre los evangélicos, una poderosa cantera de votantes para Bolsonaro durante la campaña. El 59% de los evangélicos no aprobó que se impartiese educación sexual en las escuelas.

La encuesta de Datafolha se basó en 2.077 entrevistas realizadas entre el 18 y 19 de diciembre y tenía un margen de error de más menos dos puntos porcentuales.

Caua dos Santos Borges, una estudiante de una escuela pública de Río de Janeiro de 15 años, apuntó que, en su experiencia, los profesores rara vez hablan de política en el aula y que nunca le pareció que el género fuese un área central del currículo.

“Una vez, un estudiante le preguntó al profesor si apoyaba a Bolsonaro, pero él no respondió y cambió de tema”, señaló dos Santos Borges.

* Agencia AP

Freire fue uno de los fundadores de la pedagogía crítica. Los conservadores dicen que con este el método los alumnos desafían valores como la familia y la Iglesia.

Tras la toma de posesión el ministro de Educación desmanteló el departamento de diversidad y eliminó referencias a la violencia de género y el sexismo.

Venezuela vivió una nueva semana llena de incidentes y muertos, tras un miércoles en que dos manifestaciones opuestas inundaron las calles de Caracas.

Una vez más el gobierno de Nicolás Maduro parece salir airoso a nivel interno, aunque a nivel internacional su nuevo rival, el titular del Congreso venezolano Juan Guaidó, cosechó el apoyo de gran parte de los gobiernos latinoamericanos y EE. UU. para declararse gobernante interino.

El gran sustento de Maduro volvió a quedar demostrado que son las Fuerzas Armadas, pese a que la semana comenzó con un intento de asonada rápidamente controlado por la cúpula militar.

Pasan las semanas y la preguntas suenan cada vez más fuerte: ¿está perdiendo el presidente venezolano el apoyo de los militares? ¿Logrará la presión de gran parte de la población erosionar el apoyo de las fuerzas armadas al chavista? ¿Son en realidad los militares los que gobiernan en Caracas?

El miércoles la Fuerza Armada de Venezuela (FANB) rechazó la autoproclamación del jefe parlamentario Guaidó, como presidente interino del país, aseguró el ministro de Defensa, Vladimir Padrino.

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“El desespero y la intolerancia atentan contra la paz de la nación. Los soldados de la patria no aceptamos a un presidente impuesto a la sombra de oscuros intereses ni autoproclamado al margen de la ley. La FANB defiende nuestra Constitución y es garante de la soberanía nacional”, escribió Padrino en Twitter.

Guaidó, un dirigente de 35 años que asumió la presidencia del Parlamento –de mayoría opositora– a comienzos de enero, juró como presidente interino de Venezuela el miércoles ante una multitud de seguidores que marchó por Caracas para presionar por un gobierno de transición y un llamado a elecciones.

Después de ese hecho, Maduro pidió “máxima disciplina” a la Fuerza Armada, considerada su principal sostén.

“Fuerza Armada Nacional Bolivariana a mi mando, máxima unión, máxima disciplina, que esta la vamos a vencer”, dijo Maduro en un discurso también ante seguidores desde el balcón del palacio presidencial de Miraflores. “¡Leales siempre, traidores nunca!”, clamó Maduro tras pedir un aplauso para los militares.

El Parlamento, cuyas acciones son desconocidas desde el 2016 por la Justicia (de línea oficialista), declaró hace una semana a Maduro como “usurpador” de la presidencia y desde entonces se han multiplicado los llamados a los militares a desconocer su gobierno.

En ese contexto, el lunes un grupo de 27 militares protagonizó una fugaz sublevación, pues fueron detenidos poco después de robar armas y atrincherarse en un destacamento de Caracas.

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Luis Vicente León, director de la consultora Datanálisis y uno de los analistas políticos más prestigiosos de Venezuela, le dijo días atrás al sitio ámbito.com que “es muy temprano para entender la profundidad del problema dentro del sector militar”.

“Es obvio que en todos los grupos e instituciones, incluyendo la militar, hay fracturas y descontentos. Eso no es nada nuevo y la muestra la tienes en los funcionarios chavistas que se han separado antes, en el magistrado (del Tribunal Supremo de Justicia) que huyó (Christian Zerpa) y la cantidad de militares venezolanos que están presos en los cuarteles, muchos acusados de intentos de desestabilización y golpismo”, añadió.

“Que se produzca un evento de sublevación en un centro de la Guardia Nacional no es algo que pueda sorprendernos. Las preguntas reales son otras. ¿Cuán masiva es esa división? ¿Cuán fuerte es en comparación con la capacidad del gobierno para controlarla y apagarla?”, señaló.

El pasado 6 de marzo, el exministro del Interior, fundador del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), Miguel Rodríguez Torres, afirmó: “Las condiciones objetivas de un golpe de Estado hoy son 100 veces superiores a las del 4 de febrero (de 1992). Los oficiales de la Fuerza Armada, las tropas, la familia militar, están pasando la misma penuria que pasamos todos en la calle”.

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Pocos días después, Rodríguez Torres, quien acompañó a Maduro hasta finales del 2014, fue arrestado. Lo acusaron de estar en contacto con la CIA y realizar acciones conspirativas contra “la unidad monolítica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana”.

Pero qué mejor que leer a dos exmilitares venezolanos que hicieron una radiografía de la situación militar.

Gegnis Russo (27) y Cristian Hernández (22) viven en Perú y el pasado miércoles 16 de enero aparecieron en un video donde anunciaban que no reconocían a Maduro como presidente de Venezuela y respaldaban al titular del Parlamento, el opositor Juan Guaidó.

Ambos concuerdan en que la mayoría de los militares está descontenta con el régimen de Maduro, pero aseguran que la eficacia de los servicios de inteligencia de Venezuela detiene cualquier intento de levantamiento para derrocarlo.

“Los cuerpos de inteligencia de Venezuela son bastante fuertes con estas personas que se rebelan en contra del gobierno, por eso hay mucha gente que está escondida y que no puede expresarse libremente”, dice Russo.

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“Maduro no gobierna Venezuela. Venezuela es gobernada por Cuba, con los intereses que ellos tienen dentro del territorio, seguidamente el poder lo tiene también el gobierno de Rusia y el imperio chino”, dice Hernández, quien sostiene que esos países (Rusia y China) “compraron todo en Venezuela”.

“Dentro de las Fuerzas Armadas de Venezuela y del gobierno hay una fuerza de inteligencia que tiene mucha experiencia: el G2 cubano. Ellos tienen 50 años de experiencia en inteligencia y han bombardeado a las Fuerzas Armadas como si fuéramos subalternos o subordinados a ellos. El G2 ha frustrado varios intentos de golpe de Estado, como el que queríamos llevar adelante nosotros, el de Óscar Pérez, el de la brigada de Paramacay, el del Golpe Azul; podríamos hablar horas de cuántos intentos de golpe de Estado han sido frustrados por culpa de ellos”, enfatiza Hernández con una visible incomodidad.

“Tenemos un presidente ilegítimo que es Nicolás Maduro y también tenemos a una gran cúpula militar de mandos superiores que son realmente los que están gobernando Venezuela. Las Fuerzas Armadas forman parte importante de un país, pero en Venezuela tenemos un monigote que está siendo manipulado por altos mandos en la Fuerza Armada, esa es la verdad a mi parecer”, enfatiza Russo.

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El especialista en Defensa y exprofesor de la Escuela de Inteligencia del Perú Andrés Gómez de la Torre respalda las declaraciones de los militares.

“Tienen mucha razón. Muchas instituciones cubanas han sido replicadas en Venezuela”, asegura.

Según Gómez de la Torre, el gobierno de Venezuela estaría usando los círculos bolivarianos –creados con finalidad ideológica– como una suerte de espionaje para recibir información de lo que ocurre en cada cuadra del país, algo que es parecido a lo que se usa en Cuba y es conocido como los “comités de defensa de la revolución cubana”.

No son pocos los analistas que aseguran que sin una fractura dentro de las Fuerzas Armadas, difícilmente una democracia republicana pueda gobernar Venezuela.

Datos

Freire fue uno de los fundadores de la pedagogía crítica. Los conservadores dicen que con este el método los alumnos desafían valores como la familia y la Iglesia.
Tras la toma de posesión el ministro de Educación desmanteló el departamento de diversidad y eliminó referencias a la violencia de género y el sexismo.

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