El tierno guardián del monte patagónico que posó como un modelo y se durmió a mi lado
El relato en primera persona de un fotógrafo que encontró en el monte de la Patagonia mucho más que la Luna llena: un instante mágico de convivencia y respeto con la fauna local.
Una mirada curiosa, el zorro se quedó sin moverse del lugar. Foto Alejandro Carnevale
Cada mes, si puedo, busco un lugar especial para fotografiar la luna llena. En junio, elegí las bardas en General Roca con una idea clara: quería capturar la luna apoyada sobre la barda, ese instante mágico en que el cielo y la tierra parecen encontrarse. Sabía exactamente la hora y el lugar por donde saldría la luna, así que solo me quedaba esperar.
Mientras aguardaba, escuché un ruido detrás mío, como si alguien se moviera entre los arbustos. Me giré y ahí estaba, un pequeño zorrito que me observaba curioso, caminando de un lado a otro sin apartar la mirada. Pronto me di cuenta de que su curiosidad era tan grande como mi paciencia; él me seguía a unos diez metros, como un silencioso guardián del monte patagónico.


Decidí entonces aprovechar ese regalo inesperado: empecé a tomarle fotos y videos. El zorrito se movía tranquilo, posando casi como un modelo natural, atento a cada uno de mis movimientos y esperando mis pasos, como si fuéramos cómplices de ese momento.

Pasamos más de una hora juntos en esa fría tarde, compartiendo un silencio respetuoso y una compañía sincera. Cuando la luna comenzó a asomarse, me concentré en la foto que había imaginado, dejando de lado al pequeño amigo que me había acompañado. Al terminar, miré hacia donde él había estado, y lo encontré dormido, acurrucado bajo una planta que lo protegía del frío.

Bajé de la barda con cuidado y me fui con el corazón lleno de alegría. No solo había logrado la imagen que buscaba de la luna, sino que también viví un instante único de unión con la naturaleza. Momentos así, les recomiendo a todos, no solo por el encuentro con el zorrito, sino por la belleza de detenerse a contemplar y cuidar nuestros lugares. Somos parte de un todo: animales, plantas y humanos compartimos este mundo. El zorrito me demostró que, con respeto, podemos convivir en paz y armonía.


Luna llena de junio, la Luna de Fresa
La luna llena del 29 de junio , popularmente bautizada como la Luna de Fresa, cerró el mes regalando un espectáculo imponente en todo el cielo. Este plenilunio tuvo la particularidad de ser el primero tras el solsticio, lo que provocó que describiera una trayectoria más alta y prolongada en el firmamento del hemisferio sur. Aunque su nombre evoca las tradiciones nativas norteamericanas vinculadas a la cosecha de frutos silvestres, el satélite no se tiñó de rosa, sino que brilló con un hipnotizante tono ámbar y dorado al emerger sobre el horizonte. Además, se trató técnicamente de una «microluna», al encontrarse en su punto orbital más lejano a la Tierra.

El ciclo de la naturaleza no se detiene y el firmamento ya prepara su próximo gran despliegue: la próxima luna llena ocurrirá el miércoles 29 de julio.
Cada mes, si puedo, busco un lugar especial para fotografiar la luna llena. En junio, elegí las bardas en General Roca con una idea clara: quería capturar la luna apoyada sobre la barda, ese instante mágico en que el cielo y la tierra parecen encontrarse. Sabía exactamente la hora y el lugar por donde saldría la luna, así que solo me quedaba esperar.
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