“La corrupción y la escala de Richter”
Durante un terremoto, y aunque nos avisen sobre su posibilidad, sentimos temor, desconcierto y bronca por el desastre que estos eventos causan a su paso, devastando ciudades enteras y produciendo pérdidas irreparables de vidas humanas. Existen en la actualidad muchas y variadas tecnologías para poder predecir un terremoto, lo único que no existe es la forma de evitar que el mismo suceda, por ello desde hace años y como métodos de prevención se hacen bases antisísmicas en las viviendas y edificios. Todo lo que sucede durante el evento (el poder del terremoto) es medido en una escala denominada la escala de Richter. No sé si al lector le sucede lo mismo, pero cada vez que se habla de corrupción o salen estos hechos a la luz, casi siempre devenidos de funcionarios estatales y empresas que se prestan a estas maniobras, me surgen broncas y un grado de impotencia similar a cuando uno enfrenta un terremoto y sabe que el resultado del mismo será tan destructivo que alcanzará a casi toda la población, salvo aquellos amigos del poder que casi siempre están a salvo. Parece que nos hemos acostumbrado a que la corrupción y los terremotos son inevitables, y por lo tanto sólo tenemos que aguardar que el efecto sea lo menos devastador posible. Sin embargo la corrupción tiene algunas barreras, que de ser aplicadas podrían bajar su intensidad, como lo son los controles y la intervención de la Justicia. Claro está que todo tiene íntimas vinculaciones, un terremoto necesita que muchos eventos se den para que pueda producirse, y un acto de corrupción también necesita de eventos y personas que se pongan de acuerdo. Un solo evento no produce un terremoto, y una sola persona no puede producir un acto de corrupción. Esta última genera deudas externas impagables e ilegitimas, y esto a su vez la dependencia de un país que entrega el fruto de sus ganancias todos los años a los servicios (pagos) de estas deudas, y por lo tanto lo único que crece es la pobreza. La corrupción mata a los niños por falta de asistencia social, y son atrapados por la droga y la delincuencia. La corrupción mata ancianos porque no atiende sus dolencias. La corrupción produce disgregación social al someter a las familias a una insoportable presión por falta de trabajo. Los efectos devastadores de la corrupción y de un terremoto no son tan diferentes, sólo que uno de ellos es visualmente mucho más impactante. Hoy hablan de corrupción de los anteriores y llegan al poder con causas penales a sus espaldas… Si hubiera una escala de Richter para medir hechos de corrupción y los efectos que producen seguramente muchos se llamarían a silencio. Debatir si el anterior fue más corrupto no va a terminar con la corrupción, debemos tomar la decisión de conformar las bases antisísmicas/anticorrupción, debemos tener diagnósticos tempranos que nos permitan adelantarnos a estos hechos y minimizar su impacto, y para esto necesitamos funcionarios comprometidos con un “mani pulite” argentino, ya que hemos llegado a niveles de corrupción que comprometen seriamente el tejido social y nuestro futuro como sociedad. Jorge L. Fernández Avello DNI 12.862.056 Bariloche
Jorge L. Fernández Avello DNI 12.862.056 Bariloche
Durante un terremoto, y aunque nos avisen sobre su posibilidad, sentimos temor, desconcierto y bronca por el desastre que estos eventos causan a su paso, devastando ciudades enteras y produciendo pérdidas irreparables de vidas humanas. Existen en la actualidad muchas y variadas tecnologías para poder predecir un terremoto, lo único que no existe es la forma de evitar que el mismo suceda, por ello desde hace años y como métodos de prevención se hacen bases antisísmicas en las viviendas y edificios. Todo lo que sucede durante el evento (el poder del terremoto) es medido en una escala denominada la escala de Richter. No sé si al lector le sucede lo mismo, pero cada vez que se habla de corrupción o salen estos hechos a la luz, casi siempre devenidos de funcionarios estatales y empresas que se prestan a estas maniobras, me surgen broncas y un grado de impotencia similar a cuando uno enfrenta un terremoto y sabe que el resultado del mismo será tan destructivo que alcanzará a casi toda la población, salvo aquellos amigos del poder que casi siempre están a salvo. Parece que nos hemos acostumbrado a que la corrupción y los terremotos son inevitables, y por lo tanto sólo tenemos que aguardar que el efecto sea lo menos devastador posible. Sin embargo la corrupción tiene algunas barreras, que de ser aplicadas podrían bajar su intensidad, como lo son los controles y la intervención de la Justicia. Claro está que todo tiene íntimas vinculaciones, un terremoto necesita que muchos eventos se den para que pueda producirse, y un acto de corrupción también necesita de eventos y personas que se pongan de acuerdo. Un solo evento no produce un terremoto, y una sola persona no puede producir un acto de corrupción. Esta última genera deudas externas impagables e ilegitimas, y esto a su vez la dependencia de un país que entrega el fruto de sus ganancias todos los años a los servicios (pagos) de estas deudas, y por lo tanto lo único que crece es la pobreza. La corrupción mata a los niños por falta de asistencia social, y son atrapados por la droga y la delincuencia. La corrupción mata ancianos porque no atiende sus dolencias. La corrupción produce disgregación social al someter a las familias a una insoportable presión por falta de trabajo. Los efectos devastadores de la corrupción y de un terremoto no son tan diferentes, sólo que uno de ellos es visualmente mucho más impactante. Hoy hablan de corrupción de los anteriores y llegan al poder con causas penales a sus espaldas... Si hubiera una escala de Richter para medir hechos de corrupción y los efectos que producen seguramente muchos se llamarían a silencio. Debatir si el anterior fue más corrupto no va a terminar con la corrupción, debemos tomar la decisión de conformar las bases antisísmicas/anticorrupción, debemos tener diagnósticos tempranos que nos permitan adelantarnos a estos hechos y minimizar su impacto, y para esto necesitamos funcionarios comprometidos con un “mani pulite” argentino, ya que hemos llegado a niveles de corrupción que comprometen seriamente el tejido social y nuestro futuro como sociedad. Jorge L. Fernández Avello DNI 12.862.056 Bariloche
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