“La corrupción y la obediencia indebida”
“Quien asume un cargo público debe tener un perfil básico, constituido por al menos tres elementos: capacidad para el cargo; lealtad a la Constitución y a su comunidad, no al partido ni a sus intereses particulares; y tercero, virtud y sentido de justicia. Es el perfil mínimo. Cuando estos criterios no están presentes llegan los improvisados, se practica el nepotismo, la injusticia y la corrupción”. ( Oscar Diego Bautista, doctor en Administración Pública por la Universidad Complutense de Madrid e investigador de la Universidad Autónoma del Estado de México, en Infobae on-line del 6/7/14). Así las cosas, el reciente tratamiento del caso Boudou por la comisión de juicio político en el Congreso de la Nación muestra que ninguno de los políticos que integran el departamento que representa al pueblo soberano reúne alguno de los tres elementos para ejercer su cargo en el Estado. Oficialismo y oposición hicieron gala de obediencia debida, desprecio por la democracia republicana y un manifiesto afán de mostrarse, ya sea como buenos súbditos del amo o en su defecto sin aptitudes ni espacios para investigar si los actos delictivos, corruptos, que se le imputan al señor vicepresidente existieron, y en caso afirmativo proceder a su destitución por violación de las cláusulas de mandato celebrado entre el elector y el elegido al tiempo del voto. El caso Campagnoli es también un supuesto emblemático donde se destaca que el funcionario idóneo, leal a las mandas de la Constitución Nacional y con fuerte sentido de justicia, es un individuo peligroso para el “modelo” sustentado en la obediencia debida y la corrupción. Justo es reconocer que este sistema corrupto no se da sólo en el “modelo” impuesto por el partido gobernante a nivel nacional sino que está presente en todos y cada uno de los Estados provinciales donde los gobernadores ejercen, como en la nación, la suma del poder público, y así jueces y legisladores no son otra cosa más que sumisos dependientes del titular del Poder Ejecutivo. La lealtad de los funcionarios respecto del amo de turno es absoluta, obediencia debida inclaudicable, con total olvido de las inmensas necesidades insatisfechas del pueblo. Si para muestra vale un botón, sirve a ello la ostensible corrupción del régimen vigente en Santiago del Estero difundida por el periodista Jorge Lanata en su programa PPT: desde homicidios brutales por denunciar anomalías hasta seguimiento con autos sin patentes y sufragio, en la mayoría de las ciudades y parajes, con una sola boleta en el cuarto oscuro correspondiente al Frente para la Victoria, lo que posibilitó que pese a la impúdica miseria vigente en cada rincón provincial la señora presidenta obtuviera casi el 100% de los votos. Lo expuesto, si bien sucinto, es indicio cierto de que en Argentina no hay ni habrá funcionarios idóneos, leales a la Constitución y con vocación de justicia que realicen con rigor la democracia republicana hasta tanto la corrupción no sea abatida de una vez y para siempre. Héctor Luis Manchini, DNI 7.779.947 San Martín de los Andes
Héctor Luis Manchini, DNI 7.779.947 San Martín de los Andes
“Quien asume un cargo público debe tener un perfil básico, constituido por al menos tres elementos: capacidad para el cargo; lealtad a la Constitución y a su comunidad, no al partido ni a sus intereses particulares; y tercero, virtud y sentido de justicia. Es el perfil mínimo. Cuando estos criterios no están presentes llegan los improvisados, se practica el nepotismo, la injusticia y la corrupción”. ( Oscar Diego Bautista, doctor en Administración Pública por la Universidad Complutense de Madrid e investigador de la Universidad Autónoma del Estado de México, en Infobae on-line del 6/7/14). Así las cosas, el reciente tratamiento del caso Boudou por la comisión de juicio político en el Congreso de la Nación muestra que ninguno de los políticos que integran el departamento que representa al pueblo soberano reúne alguno de los tres elementos para ejercer su cargo en el Estado. Oficialismo y oposición hicieron gala de obediencia debida, desprecio por la democracia republicana y un manifiesto afán de mostrarse, ya sea como buenos súbditos del amo o en su defecto sin aptitudes ni espacios para investigar si los actos delictivos, corruptos, que se le imputan al señor vicepresidente existieron, y en caso afirmativo proceder a su destitución por violación de las cláusulas de mandato celebrado entre el elector y el elegido al tiempo del voto. El caso Campagnoli es también un supuesto emblemático donde se destaca que el funcionario idóneo, leal a las mandas de la Constitución Nacional y con fuerte sentido de justicia, es un individuo peligroso para el “modelo” sustentado en la obediencia debida y la corrupción. Justo es reconocer que este sistema corrupto no se da sólo en el “modelo” impuesto por el partido gobernante a nivel nacional sino que está presente en todos y cada uno de los Estados provinciales donde los gobernadores ejercen, como en la nación, la suma del poder público, y así jueces y legisladores no son otra cosa más que sumisos dependientes del titular del Poder Ejecutivo. La lealtad de los funcionarios respecto del amo de turno es absoluta, obediencia debida inclaudicable, con total olvido de las inmensas necesidades insatisfechas del pueblo. Si para muestra vale un botón, sirve a ello la ostensible corrupción del régimen vigente en Santiago del Estero difundida por el periodista Jorge Lanata en su programa PPT: desde homicidios brutales por denunciar anomalías hasta seguimiento con autos sin patentes y sufragio, en la mayoría de las ciudades y parajes, con una sola boleta en el cuarto oscuro correspondiente al Frente para la Victoria, lo que posibilitó que pese a la impúdica miseria vigente en cada rincón provincial la señora presidenta obtuviera casi el 100% de los votos. Lo expuesto, si bien sucinto, es indicio cierto de que en Argentina no hay ni habrá funcionarios idóneos, leales a la Constitución y con vocación de justicia que realicen con rigor la democracia republicana hasta tanto la corrupción no sea abatida de una vez y para siempre. Héctor Luis Manchini, DNI 7.779.947 San Martín de los Andes
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